miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Sería posible un golpe en EE.UU.?


Hasta los tradicionales partidarios de Obama criticaron su descarado apaciguamiento del régimen chino. ¿Tendrá temor de que le dejen de financiar sus monstruosos déficits?


“Un pacifista es alguien que alimenta un cocodrilo esperando que se lo coma al final”.
–-Winston Churchill

A su currículo carente de principios e inundado de traiciones, Barack Obama añadió otro defensor de la libertad con quien no le interesa continuar la tradicional amistad norteamericana. Se trata del Dalai Lama. La más vulnerable víctima de los tiranos socialistas. Los otros que fueron distanciados del estrecho círculo de amigos son los demócratas latinoamericanos e Israel.

Obama prefiere fortalecer sus relaciones con la dictadura China, antes que perpetuarse moralmente del lado del Tibet y la justicia. Por primera vez en 18 años, el presidente de Estados Unidos no se reunió con el Dalai Lama mientras éste visitaba Washington.

Los gestos políticos de BO son contundentes. Como buen socialista está del lado de las mayorías, así sea que éstas estén conformadas por asesinos totalitaristas, intolerantes opresores, terroristas y guerrilleros narcotraficantes, violadores de las leyes y los derechos humanos, criminales fanáticos religiosos, y otros sociópatas que conforman las izquierdas extremistas.

BO se considera el líder mundial de la progresía y desea contar con la venia de ellos para ostentar el rango del hombre más poderoso que jamás existió.

Al otorgarle el premio Nobel de la Paz, los noruegos están dándole un escudo de protección que aprueba ese comportamiento, en desmedro de la libertad, la seguridad y los valores occidentales.

Las contradicciones son irreconciliables. Aceptar el premio, implica asumir un compromiso. Obama no puede ser Comandante en Jefe del ejército más poderoso del mundo y al mismo tiempo jugar al pacifismo, cuando tiene desplazados más de 200.000 soldados en el frente.

O renuncia al premio, o a la presidencia. Obviamente no hará ninguna. Vergüenza y aceptación de incompetencia no son atributos progresistas. La dicotomía entre ambos títulos, será causa de indecisiones y conflictos que provocarán un mayor debilitamiento de la superpotencia.

Su jactancioso populismo apaciguador está poniendo en duda su lealtad hacia su país. Está arriesgando la seguridad de los Estados Unidos y la vida de sus tropas. Ese proceder puede llevar a algo que nunca se dio en Norteamérica: Un golpe de estado.

El columnista John L. Perry publicó en Newsmax un artículo que fue censurado y quitado del sitio, en el que hace referencia a esa remota, pero no descartable posibilidad para destituir al presidente. Perry aclara que si se da un golpe en Estados Unidos, no será como en el Tercer Mundo. Será un golpe civilizado.

Desde el punto de vista legal y militar, los oficiales norteamericanos juran “defender la Constitución de los Estados Unidos contra todo enemigo foráneo o doméstico”. No juran “obedecer las órdenes del presidente”.

BO está luchando una guerra no declarada contra sus propios servicios de inteligencia y sus Fuerzas Armadas, a quienes no les está brindando el soporte que precisan. Los militares ven la posibilidad de que se abran nuevos frentes de batalla en distintos lugares, sin que se encuentren prestos para reaccionar a tiempo.

Las tropas en Medio Oriente se sienten casi abandonadas a su suerte, ya que Obama se resiste a enviar los refuerzos necesarios, mientras se incrementan el número de bajas norteamericanas. BO dijo: “No estoy interesado en la victoria”.

¿Qué ocurrirá si pierde la guerra en Afganistán y el arsenal nuclear pakistaní cae en manos del islam radical?

Los oficiales norteamericanos no obedecen a consignas políticas. Muchos estarán pensando en alternativas inusuales de acción, para devolverle a Estados Unidos su preponderancia económica y militar, frente a la imprudencia y megalomanía del presidente.


Por José Brechner

Diario de América