martes, 23 de diciembre de 2008

Una economía ineficaz y dependiente

La producción tabacalera cubana se ha reducido considerablemente.

¿Cómo se compara la situación económico-social de Cuba en vísperas de la revolución y la actual? La respuesta es muy difícil porque después de medio siglo han ocurrido mejoras en virtualmente todos los países latinoamericanos. Por ejemplo, Chile y Costa Rica estaban por debajo de Cuba en los indicadores de 1958 pero hoy los empatan o mejoran; por ello para ciertos indicadores es más razonable contrastar el cambio del ordenamiento cubano dentro de la región entre 1958 y el 2007-08.

El Producto Interno Bruto (PIB) por habitante en dólares se colocaba en el tercer o cuarto lugar en 1957 pero es imposible estimarlo hoy con seriedad. Para el 2005 el Indice de Desarrollo Humano 2007/2008 da un "estimado preliminar'' del PIB por habitante cubano en dólares internacionales, advirtiendo en una nota de pie repetida por cinco años, que hace "esfuerzos por producir un estimado más confiable''. Aún si usamos esa cifra controversial, Cuba se colocaría en el lugar 21 entre 31 países de América Latina y el Caribe, superando sólo a los menos desarrollados. La tasa de mortalidad infantil era la más baja de la región en 1957 y 2007, mientras que la esperanza de vida era la segunda más alta en ambos años; por otra parte, la tasa de alfabetización era la cuarta más alta en 1953 y según la UNESCO había ascendido a la mayor en el 2006. En indicadores de autos por 1,000 habitantes, porcentaje de familias con televisores y de la población con teléfonos, Cuba en 1957-58 estaba entre los primeros tres países de la región y ahora está entre los últimos.

Otros indicadores son comparables en Cuba entre 1958 y el 2007. Por ejemplo, la tasa de inversión cayó de 18 por ciento del PIB al 13 por ciento; la deuda externa saltó de $100 a $15,385 millones; el déficit en la balanza comercial aumentó de $39 a $10,372 millones en el 2008; la producción azucarera se redujo de 5.9 a 1.2 millones; el número de cabezas de ganado vacuno descendió de 5.7 a 3.8 millones, la producción de tabacos habanos disminuyó de 628 a 427 millones, la de leche de vaca de 765,000 a 485,000 toneladas, la de fertilizantes de 438,000 a 18,200 toneladas y la de textiles de 116,000 a 24,000 miles de metros cuadrados. Ténganse en cuenta que la población se duplicó en dicho período de forma que esas cifras por habitante serían mucho menores.

Las producciones de petróleo, gas, níquel, cemento, acero, electricidad, cítricos, huevos y la captura de pescado y mariscos, así como el número de turistas aumentaron notablemente; se universalizaron los servicios educativos y sanitarios, así como las pensiones; disminuyó el desempleo abierto, y ocurrió una reducción considerable en las desigualdades entre las ciudades y el campo, tanto en ingreso como en acceso a servicios sociales.

En realidad, hubo un aumento en la mayoría de los productos y servicios hasta 1989, en gran medida por la enorme ayuda virtualmente gratuita de la URSS, pero el colapso del bloque socialista provocó una severa crisis económica acompañada de un deterioro económico-social (el Período Especial). A pesar de la recuperación a partir de 1995, la mayoría de los indicadores aún se encuentra por debajo del nivel anterior a la crisis.

El PIB por habitante promedió -1.4 por ciento anual en el período 1991-2000, la tasa más baja en América Latina y el Caribe, y a fines deL 2004 era aún 7 por ciento inferior al nivel de 1989. Desde entonces las estadísticas oficiales no son comparables con el resto del mundo porque Cuba ha inventado una nueva metodología que sobreestima el PIB y su crecimiento. Entre 1989 y el 2007 la tasa de inversión cayó de 25 por ciento a 13 por ciento del PIB; la liquidez monetaria (un índice substitutivo de la inflación cuya cifra oficial no es confiable) aumentó al doble; la producción de azúcar se derrumbó de 8 a 1.2 millones de toneladas (la zafra de 2007 fue la peor desde 1903); la industria manufacturera no azucarera se derrumbó en 85 por ciento; la fabricación de cemento, acero, textiles, fertilizantes, zapatos y jabón estaba entre 50 por ciento y 96 por ciento por debajo del nivel de 1989, mientras que la producción de carne vacuna, leche, huevos, arroz, cítricos y tabaco en rama, así como la captura de pescados y mariscos, se encontraba entre 12 por ciento y 71 por ciento por debajo.

Los éxitos han sido en la minería y el turismo. La producción de gas natural saltó 35 veces (era minúscula en 1989), la de petróleo cuatro veces (satisface sólo 35 por ciento de las necesidades cubanas y el resto se importa) y la de níquel aumentó 62 por ciento, pero desde el 2003 la de petróleo declinó y la de níquel se estancó mientras la de gas natural ascendió pero aporta sólo 22 por ciento a la producción total de combustible. El número de turistas creció ocho veces y en cuatro veces sus ingresos brutos; el número de habitaciones hoteleras se duplicó pero sólo 46 por ciento están ocupadas y el promedio de gastos diarios por turista cayó 42 por ciento.

Los resultados positivos se han debido a la inversión extranjera pero el número de empresas mixtas con capital foráneo disminuyó 22 por ciento entre el 2002 y el 2007, porque el gobierno cerró varias de ellas y ha declarado que sólo está interesado en grandes inversiones en los sectores estratégicos. Además el turismo depende excesivamente de las importaciones de insumos para atender a los visitantes, lo cual reduce el ingreso neto de la industria y no genera un efecto multiplicador fuerte.

Excepto el turismo y la exportación de servicios, la situación del sector externo es negativa. La deuda externa en divisas se duplicó entre 1989 y el 2007 (sin contar la no pagada a la URSS) estableciendo un récord. Las exportaciones en el 2007 aún estaban 37 por ciento por debajo del nivel de 1989 pero las importaciones eran 24 por ciento superiores, por ello el déficit en la balanza comercial alcanzó $6,381 millones. El valor de las exportaciones de níquel aumentó enormemente, generando 56 por ciento del total de las exportaciones en el 2007 por el incremento del precio mundial de ese metal, pero cayó 81 por ciento en el 2008. Debido al desplome de la producción agropecuaria, Cuba importa el 80 por ciento de los alimentos de la canasta básica a un costo de $2,500 millones en el 2008.

Las remesas del exterior probablemente son la cuarta fuente de divisas pero disminuyeron debido a las restricciones impuestas por el presidente George Bush, unidas al gravamen cargado por Cuba al dólar y la revalorización artificial del peso "convertible'' que reduce en 20 por ciento el valor de dichas remesas.

Entre 1989 y el 2003-2005 la pobreza en la capital aumentó de 6 por ciento a 20 por ciento; un 23 por ciento se autocalificaba como pobre y otro 23 por ciento casi pobre, y la desigualdad en el ingreso se duplicó. La tasa oficial de desempleo declinó de 8 por ciento a 1.8 por ciento, pero es amañada porque incluye como ocupados a trabajadores despedidos en reentrenamiento, estudiantes que desempeñan algunas labores, y cultivadores a tiempo parcial de alimentos para autoconsumo en traspatios y jardines urbanos.

El salario promedio ajustado por la inflación disminuyó 76 por ciento entre 1989 y el 2007 a pesar de los aumentos nominales de los últimos años; Raúl Castro ha reconocido la insuficiencia del salario para cubrir las necesidades mínimas. El racionamiento ahora sólo cubre una semana al mes y el resto tiene que comprarse en los mercados agropecuarios y las tiendas de divisas a precios entre 90 y 300 veces superiores a los del racionamiento.

La alfabetización y la matrícula primaria es casi total y el porcentaje de estudiantes en la secundaria uno de los mayores de la región. La matrícula universitaria aumentó notablemente entre 1989 y 2008 en las humanidades y ciencias sociales pero disminuyó en carreras técnicas especialmente en agronomía donde ahora se reporta un grave déficit, y a pesar de una notable graduación de maestros también hay un déficit. Cuba tiene una de las poblaciones más educadas de la región pero la substancial inversión en recursos humanos se pierde debido al éxodo, las bajas remuneraciones y falta de incentivos que fuerza a los profesionales a abandonar sus trabajos estatales en busca de otros que les permita sobrevivir.

La crisis afectó también los niveles sanitarios, salvo la mortalidad infantil que continuó su descenso a 5.3 por 1,000 y la relación de médicos por 10,000 habitantes que siguió creciendo; ambos están aún a la cabeza en América Latina, pero cerca de la mitad de los médicos trabaja en el exterior, principalmente en Venezuela, lo que ha provocado un déficit de atención médica en la Isla; las farmacias estatales carecen de medicinas las que hay que comprar en las tiendas de divisas. La tasa de mortalidad materna aumentó de 29 a 49 por 100,000 y la población desnutrida de 5 por ciento a 15 por ciento. Han ocurrido severos brotes de dengue y otras enfermedades contagiosas, parte de ellas como la hepatitis y la diarrea aguda causadas por el severo deterioro de la infraestructura de agua potable y alcantarillado.

La población cubana es la segunda más envejecida en la región y las pensiones para 1.5 millones de personas toman 6.3 por ciento del PIB; las cotizaciones que pagan las empresas son insuficientes para cubrir el referido gasto y el Estado financia el déficit que toma 2.5 por ciento del PIB. Para contener dicho costo un proyecto de ley que se espera apruebe la Asamblea Nacional a fines de diciembre aumenta en cinco años las edades de retiro de ambos sexos y establece una cotización del 5% del salario a los trabajadores.

Pero el proyecto no enfrenta la disminución en 61 por ciento de la pensión promedio ajustada a la inflación entre 1989 y 2007; una encuesta reciente muestra que los ancianos están entre los grupos más pobres de la población. Aunque se ha aumentado el número de personas que recibe asistencia social ésta cubre 5 por ciento de la población, contratada con el 20 por ciento que es pobre en La Habana y probablemente mayor en el resto del país. La construcción de viviendas por 1,000 habitantes promedió 6.1 anual en 1981-1989 pero cayó a 4,6 en el 2007 y los tres huracanes del 2008 destruyeron 250,000 viviendas y dañaron otro tanto por lo que el déficit habitacional sobrepasa un millón de unidades.

El embargo norteamericano es el chivo expiatorio por los problemas citados pero, desde el 2002 el grueso de la importación de alimentos viene de los Estados Unidos que era el quinto socio comercial de Cuba en el 2007. La causa fundamental de los problemas ha sido la desastrosa política económica de los últimos 50 años: colectivización y centralización de virtualmente toda la economía, siete cambios de organización económica y cuatro en estrategias de desarrollo, y destrucción del incentivo individual. Cuba recibió de la URSS $65,000 millones en 1960-1990, de los cuales sólo 39 por ciento eran préstamos y pagó únicamente 0.6 por ciento de ellos por lo que aún debe unos $24,000 millones a Rusia. A pesar de la ayuda soviética y ahora venezolana, Cuba no ha logrado transformar su estructura productiva, lograr la autosuficiencia alimentaría y generar suficientes exportaciones para pagar por sus importaciones crecientes.

Desde el 2001 Hugo Chávez suministra a la isla el 57 por ciento de sus necesidades de combustible a precios preferenciales que implicaron un subsidio entre $2,500 y $3,000 millones en el 2008, superior al mayor subsidio de precios concedido por la URSS. Además, Venezuela pagó en el 2007 alrededor de $5,000 millones por profesionales cubanos que trabajan en el país como médicos, enfermeras y maestros, y entre el 2004 y el 2008 invirtió $3,676 millones en 629 proyectos con Cuba, incluyendo la terminación de la refinería de Cienfuegos que produce 65,000 barriles diarios. Pero la caída del precio del barril de petróleo en 72 por ciento en el 2008 y el enorme déficit presupuestario que se proyecta en Venezuela para el 2009 crearán presiones fuertes para reducir la ayuda y subsidios a Cuba. A pesar de los esfuerzos para diversificar sus socios comerciales (con China, Rusia, Brasil, Irán) la dependencia con Venezuela es muy fuerte y Cuba podría enfrentar un segundo Período Especial si se termina o reduce considerablemente la ayuda de Chávez.

Las tímidas reformas económicas introducidas en 1993-1996 promovieron cierta descentralización, expandieron algo el pequeño pero dinámico sector privado y originaron una recuperación parcial. Pero a pesar de sus efectos beneficiosos, las reformas fueron virtualmente paralizadas en 1996 y en el 2003 Fidel Castro inició una reversión de las mismas que aceleró en el 2004-2005 con medidas de recentralización económica y reducción del sector privado. El apoyo de Chávez permitió a Fidel rechazar las reformas que había aceptado a regañadientes para detener la crisis de los 90.

Después de la transferencia del mando a Raúl Castro en el 2006 éste prometió reformas estructurales y estimuló el debate sobre cambios económico-sociales más amplio y profundo bajo la revolución. Los economistas propusieron reformas que van desde una transformación de la propiedad a una mayor apertura a la inversión extranjera. Por el contrario, las medidas tomadas por Raúl son positivas pero pocas, de menor cuantía y orientadas al grupo de mayor ingreso: compra de móviles, computadoras, electrodomésticos y aperos de labranza en pesos convertibles, apertura de los hoteles de turismo a los cubanos, y estímulos a la producción agrícola por los campesinos privados.

Sólo la entrega de tierras estatales ociosas en usufructo se aproxima a una reforma estructural pero se ha demorado y está lastrada por numerosas restricciones que reducen el incentivo para producir. El pago del salario por resultados se ha pospuesto por más de cuatro meses y algunas medidas anunciadas o esperadas no se han implementado como la eliminación de la dualidad monetaria; la legalización de la compraventa de viviendas; el aumento del trabajo por cuenta propia y autorización de pequeños negocios privados; la expansión de la inversión extranjera incluyendo la agricultura; la autonomía a los miembros de las cooperativas (UBPC) para decidir libremente que sembrar, a quien vender y fijar los precios de sus productos; la eliminación o transformación radical del acopio estatal; la terminación del racionamiento, y una mayor flexibilidad en la salida al extranjero. De hecho, después de los huracanes ha ocurrido una paralización o desaceleración del ritmo de las reformas, precisamente cuando estas son más urgentes y necesarias.

Fidel Castro ejerce un freno a los cambios a través de sus Reflexiones o boicoteándolas directamente. La posibilidad de seguir reformas al estilo chino o vietnamita que han generado un alto crecimiento económico y mantenido el control del partido comunista está descartada. Después de 50 años y a pesar de su deterioro físico obvio, Fidel Castro sigue controlando las decisiones clave en la economía y bloqueando el cambio fundamental necesario para la prosperidad de su pueblo.


El Nuevo Herald

http://www.elnuevoherald.com/167/story/345229.html