martes, 23 de junio de 2009

Hermanados en la ciberguerra


Caspian Makan, novio de Neda Agha Soltan- convertida en símbolo de la «ola verde»-, facilitó ayer fotos de su supuesta tumba



Lo que está pasando en Irán, ¿es la primera revolución hecha de cabo a rabo por internet, o es la primera ciberguerra? Porque los rebeldes tienen sus armas virtuales pero el gobierno también tiene las suyas para cazar a los internautas con su propia red, gracias al apoyo de gigantes occidentales de las telecomunicaciones.
Hace poco el prestigioso diario estadounidense «The Wall Street Journal» afirmaba que las empresas Nokia y Siemens, en tanto que ciberproveedoras de Irán, habían provisto también a su Gobierno de mecanismos de restricción y vigilancia de las comunicaciones. Algo que las compañías no han negado exactamente pero sí matizado mucho.

Las empresas vienen a decir que del mismo modo que cuando compras un aparato con enchufe compras también la capacidad de desenchufarlo, quien te vende un sistema de comunicaciones también te vende cómo controlarlo.
Sólo en 2008 el Estado iraní bloqueó unos cinco millones de sitios. Desde 2006 la velocidad de conexión está limitada a 128 kilobits por segundo. Todo ello ha favorecido la aparición de una juventud de alta beligerancia tecnológica y acostumbrada a apoyarse en colegas del exilio o incluso en disidentes chinos, entre ellos el grupo espiritual Falun Gong, para burlar la represión.
Estado de excepción virtualLa relación entre las multinacionales y los gobiernos es algo que pasa en las mejores familias y en casi todos los países. A veces con excusas más presentables: controlar el acceso a la pornografía infantil, perseguir terroristas. A veces las excusas no son tan presentables o directamente no hay excusa.
En un reciente y alarmante informe, la organización Reporteros sin Fronteras cita hasta una docena de países que en la práctica han transformado sus redes de internet en una gigantesca intranet que bloquea el acceso a informaciones «subversivas». Esta sería la práctica habitual en Arabia Saudita, Birmania, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Uzbekistán, Siria, Túnez, Turkmenistán, Vietnam, la susodicha Irán y China.
China es un caso particularmente extremo, que se puso de manifiesto con los Juegos Olímpicos de Pekín y más aún con el reciente aniversario de la matanza de Tiananmen. En tan señalada fecha los internautas chinos se quedaron sin acceso a Bing —el buscador de Microsoft—, sin Hotmail y sin Twitter.
Sí podían acceder en cambio a Google. Pero, ojo, porque esta compañía tiene una larga —y criticada— tradición de cooperación con el Gobierno chino para ayudarles a controlar a sus propios usuarios («Don't be evil!», «no seas malvado», en inglés, fue el eslogan originario de Google que fue reemplazado cuando la compañía accedió al mercado chino).
Las compañías que entran en estos juegos lo tienen claro, o colaboran o se quedan sin cuota de mercado, que en el caso de China es enorme. Hablamos de unos 300 millones de usuarios de Internet. En Irán se calcula que hay unos 20 millones de Internautas que escriben unos 700.000 blogs.
Muchos de ellos están en el extranjero o conectados a él: cuando las autoridades bloquean el acceso a un sitio, los iraníes de fuera mandan a los de dentro mensajes encriptados ofreciéndoles sus propios proxy para acceder «de tapadillo» a lo prohibido.
Y es que la policía no es tonta. Toda prudencia encriptando los mensajes y borrando el propio rastro es poca: por mucho que corra la tecnología rebelde, la de los gobiernos corre más. Lo que te hace sentir más libre es lo que puede hacerte acabar dando con tus huesos en la siniestra cárcel de Evin.

ABC.es