viernes, 12 de junio de 2009

Obama, flotando en la alturas

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Presidente despistado (¿trastornado?): afirma en televisión que EE.UU. es uno de los mayores países musulmanes del mundo (cuando no lo es ni por casualidad)





No es que Obama no se considere divino. (Se percibe simplemente mesiánico, o, en el peor de los casos, apostólico.) Pero sí se coloca por encima de los simples mortales, simples países, para mirar benignamente sobre la lóbrega planicie que se extiende debajo suyo en donde ejércitos ignorantes se enfrentan en la oscuridad, ciegos a la humanidad común que solamente él puede ver.

"Y el espíritu de Dios, se iba y venía sobre la superficie de las aguas".

-- Génesis 1:2


Cuando el Presidente Obama volvió de su primer viaje europeo, observé que mientras había estado allí, había "actuado como el juez-filósofo Platónico que flota sobre la refriega mediando” entre América y el mundo. Ahora que Obama ha vuelto de su peregrinaje al “mundo musulmán”, hasta la izquierda conviene. “La posición de Obama sobre el país, por encima -- por encima del mundo. Es una especie de Dios”, decía Evan Thomas en Newsweek a un coincidente Chris Matthews, plasmando la elevada opinión que tiene Obama de sí mismo como el que todo lo trasciende.

No es que Obama no se considere divino. (Se percibe simplemente mesiánico, o, en el peor de los casos, apostólico.) Pero sí se coloca por encima de los simples mortales, simples países, para mirar benignamente sobre la lóbrega planicie que se extiende debajo suyo en donde ejércitos ignorantes se enfrentan en la oscuridad, ciegos a la humanidad común que solamente él puede ver. Recorriendo el mundo, lleva el evangelio del entendimiento y la divina paciencia. Todos hemos pecado contra los demás. Ahora debemos mirar más allá y caminar juntos a las altiplanicies soleadas del entendimiento y las relaciones fraternales entre naciones. Él le dirigirá. De esta manera:

(a) Dijo a Irán que, por una parte, América ayudó hace tiempo a derrocar a un gobierno iraní, mientras por la otra "Irán ha jugado un papel en actos de secuestro y violencia contra tropas y civiles estadounidenses”. (¡¿Jugado un papel?!) Ambos hemos pecado; enterremos el pasado y comencemos de cero.

(b) Sobre la tolerancia religiosa, hizo referencia cortésmente a los cristianos del Líbano y Egipto, y a continuación se lamentó de que "las diferencias entre sunitas y chiítas hayan conducido a la violencia trágica" (observe el uso de la forma verbal pasiva). A continuación criticaba (en voz activa) la intolerancia religiosa occidental por regular el uso del hijab -- tras citar por su nombre a América por dificultar que los musulmanes donen a la caridad.

(c) Obama ofreció a los musulmanes una estudiada advertencia en torno a los derechos de la mujer, observando cómo negar a las mujeres una educación empobrece a un país -- advertencia equilibrada, por supuesto, con "mientras tanto, la lucha de las mujeres por la igualdad continúa en muchas facetas de la vida estadounidense”.

Bueno, sí. Por una parte, ciertamente existe alguna universidad estadounidense en la que el equipo de béisbol femenino ha recibido fondos insuficientes dentro de los programas deportivos escolares -- mientras, por la otra, las mujeres saudíes que enseñan el tobillo son apaleadas en plena calle, se arroja ácido a la cara de las escolares afganas, y las mujeres iraníes son lapidadas públicamente por adulterio. (También los homosexuales -- pero por contra nosotros tenemos la Propuesta 8.) Todos tenemos nuestros defectos, nuestros puntos flacos nacionales. ¿Quién puede juzgar?

Ese es el problema de la neutralidad transcultural de Obama. Da aspecto de sofisticación académica hasta a la observación más ingenua: por supuesto, hay aciertos y males en todos los asuntos humanos. Nuestra especie está lejos de ser perfecta. Pero eso no significa que estos aciertos y males tengan igual peso.

Una operación de desestabilización montada por la CIA en un golpe de estado hace 56 años no equilibra los secuestros, las decapitaciones, los atentados terroristas y las masacres indiscriminadas perpetradas durante 30 años por un régimen criminal en Teherán (y sus tentáculos) al que nuestro Departamento de Estado considera "el estado patrocinador del terrorismo más activo" del mundo.

Cierto, Francia prohíbe el uso del hijab en determinados espacios públicos, en parte para permitir que el peso de la ley proteja a las mujeres musulmanas que pudieran ser obligadas por cuadrillas fundamentalistas a llevarlo. Pero roza lo obsceno comparar este privilegio clemente de la secularización (que también está presente en la musulmana Turquía) con la violencia que ha caído sobre los coptos, los maronitas, los baha'i, los drusos y las demás minorías en países musulmanes, y con las crueldades inenarrables perpetradas por sunitas y chiítas entre sí.

Ni siquiera al hablar de la libertad religiosa Obama se pudo resistir a la compulsión de encontrar defectos en su propio país: “Por ejemplo, en los Estados Unidos, las leyes que regulan la donación caritativa han dificultado que los musulmanes cumplan su obligación religiosa" -- dando vergonzosamente la impresión a una audiencia extranjera no versada en nuestras leyes que existe una discriminación activa contra los musulmanes, cuando la única restricción, que se aplica a todos los donantes con total independencia de la religión, se refiere a la financiación de entidades de caridad que sirven de fachada del terrorismo.

Obama piensa indudablemente estar manifestando una magnanimidad histórica con todas estas equivalencias morales y peticiones de perdón auto-flagelantes. Todo lo contrario. Está mostrando una condescendencia barata, un apetito de aplausos impropio y cierta disposición a distorsionar la historia en aras del impacto político.

Distorsionar la historia no guarda relación con decir la verdad claramente, sino con contar mentiras piadosas. Engendrar falsas equivalencias no es liderazgo moral, sino abdicación moral. Y estar por encima de todo, del país y de la historia, no es una muestra de trascendencia sino de una preocupante ambivalencia hacia el país de uno.


Por Charles Krauthammer

Diario de América