martes, 30 de junio de 2009

Honduras ¿Golpe de Estado o sucesión constitucional?


El ex presidente del Congreso Nacional, al asumir la presidencia del país según las leyes hondureñas



¿Acaso es ilegal o ilegítimo hacer uso de las prerrogativas que otorga la ley de leyes para recuperar el estado normal de cosas en un país donde su máximo mandatario rechaza respetar las normas y actúa arbitraria e irregularmente demostrando el mayor de las displicencias para con su pueblo?


La progresía mundial, con el cinismo que caracteriza cualquiera de sus actos, ha vuelto a rasgarse las vestiduras por los recientes e inciertos acontecimientos vividos en Honduras.

Bastaría con observar qué mandatarios internacionales han ofrecido el incondicional apoyo al ya ex Presidente Zelaya para comprender su política, que ha pasado de las posturas liberales propias de los comienzos de su mandato –en el año 2004-, a un inusitado e insultante hostigamiento a los principios democráticos, la libertad, y la convivencia pacífica de un país al que tanto le ha costado alcanzar la estabilidad.

Cuando menos serían sospechosos los constantes, urgentes e histriónicos llamamientos a la rebelión de los hondureños, realizados por los máximos representantes de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), un organismo político caracterizado por ser el juguete predilecto de Chávez para exportar su intransigencia filocomunista al resto de las naciones latinoamericanas.

Que nadie se llame a engaño…..lo que no debe olvidar la ciudadanía, y menos aún las instituciones internacionales que ahora se arrogan el derecho a no reconocer el nuevo statu quo de Honduras, es que Zelaya fue expulsado del país por violar flagrantemente sus leyes, intentando emular los pasos seguidos por esos cancilleres latinoamericanos que instrumentalizan la democracia para más tarde perpetuarse en el poder.

Otro dato que debería ser tomado en consideración es el perfecto funcionamiento, la seguridad y la permanencia del sistema de división de poderes en Honduras, incluso en momentos de crisis institucional, algo que debería servir de ejemplo para muchos países avanzados, donde dicha estructura se ha convertido en una mera expresión semántica vacía de contenido real.

Es el poder judicial, a través de su máximo órgano de representación -la Corte Suprema de Justicia-, el que declara contrario al derecho establecido la arbitraria decisión de Zelaya de convocar la consulta en las urnas para votar la posible creación de una Asamblea Constituyente, y es el Parlamento, con la mayoría de los diputados del partido liberal- el suyo- en contra, el que también rechaza la ignominia política inspirada por sus acólitos bolivarianos.

Finalmente es el ejército nacional - acatando las ordenes surgidas de la Corte Suprema y la Fiscalía-, el que en una acción sin violencia alguna procede a detener y deportar al nuevo iluminado de Honduras respetando escrupulosamente esos derechos humanos que la izquierda más radical tanto desprecia.

Un golpe suave que no ha deparado detenidos, a excepción de Patricia Rodas- canciller hondureña estrechamente vinculada al Presidente- y que además mantiene a buena parte de los ministros vinculados al antiguo régimen en el ejercicio de sus funciones... y que ni siquiera ha previsto el encarcelamiento del hombre que ha roto el orden constitucional.

Es evidente que la acción ha provocado una condena internacional generalizada, incluso el flamante Presidente de los EEUU, Obama en un acto de puro cinismo y autocomplacencia ha llegado a declarar: “El éxito de este golpe sentaría un terrible precedente para la región latinoamericana, que ha registrado tremendos progresos .No queremos regresar a un pasado oscuro en el que las asonadas eran frecuentes. Siempre queremos estar del lado de la democracia” ¿¿¿????

Hasta hoy yo creía que estar del lado de la democracia significaba cumplir y hacer cumplir las leyes que representan la soberanía del pueblo, porque es ese mismo pueblo el que se ha dado dichas normas en un acto de plena libertad.

Cabría entonces preguntarse ¿Acaso es ilegal o ilegítimo hacer uso de las prerrogativas que otorga la ley de leyes para recuperar el estado normal de cosas en un país donde su máximo mandatario rechaza respetar las normas y actúa arbitraria e irregularmente demostrando el mayor de las displicencias para con su pueblo? Para esa gran masa que compone la progresía mundial la respuesta solo tiene una dirección. si fuera Fidel Castro, Hugo Chávez o Rafael Ortega el canciller depuesto se trataría más bien de un execrable crimen contra la libertad, si por el contrario el elegido hubiese sido Álvaro Uribe se trataria de un acto justificado y justificable en la lucha de clases y el fin del capitalismo opresor.

Es de esperar que esas naciones bolivarianas, a las que tanto se les llena la boca de soberanía nacional y de ingerencia en asuntos internos, no lleguen a cometer la torpeza de tratar de influenciar en ya de por sí complicado proceso que está sufriendo Honduras en estos días… que se quede en las más que habituales bravuconadas y amenazas de algunos de sus dirigentes, por el bien de la región y su estabilidad democrática.

En el mes de noviembre de 2009 está prevista la convocatoria de elecciones. Habrá que ser pacientes y aguardar para conocer la respuesta del pueblo hondureño. lo que parece evidente es que Zelaya estaba llevando al país hacia un abismo dictatorial.


Por Gregorio Cristóbal Carle
Diario de América