lunes, 22 de junio de 2009

Irán, Venezuela y la “salida electoral”


La sorprendente reacción popular de Irán



La reacción popular al fraude perpetrado en las elecciones presidenciales de Irán ilustra las dificultades para enfrentar por medio del sufragio a un régimen fundamentalista, islámico o bolivariano.

El prematuro respaldo del presidente Chávez a la decisión del ayatolá Alí Jamenei de respaldar la cuestionada victoria del presidente Mahmud Ahmadinejad, calificándola como una “apreciación divina”, demuestra una absoluta identificación con el régimen fundamentalista de Irán. Venezuela fue el único país del mundo en incurrir en este disparate y de ratificarlo después que el propio ayatolá Jamenei se vio obligado a retractarse y solicitar primero una investigación y más tarde un recuento que ha sido rechazado. El movimiento opositor exige nuevas elecciones.

La sorprendente reacción popular de Irán es una lección para aquellos dirigentes venezolanos que por idealismo democrático, conveniencia, complicidad o ingenuidad persisten en la fórmula electoral como la única salida constitucional para enfrentar a un régimen tan fundamentalista como la teocracia iraní que niega sistemáticamente la voluntad de las mayorías y se rige por la voluntad de un hombre que decide por toda una nación.

En el caso de Irán esa autoridad suprema está encarnada por el ayatolá Alí Jamenei y en la Venezuela bolivariana por el comandante-presidente Hugo Chávez. Las diferencias entre uno y otro son formales. En el régimen bolivariano la inspiración proviene de una extravagante interpretación que enhebra el Evangelio con el marxismo. En el teocrático de Irán la inspiración proviene del propio Allah, vía el Corán.

Las semejanzas
Las consecuencias de este prematuro respaldo bolivariano podrían ser serias. Si la rebelión popular arrastra a Ahmadinejad, las ganancias que el líder bolivariano espera de esta apuesta, si bien no desaparecerían del todo, dependiendo del alcance de las reformas que traiga un cambio, podrían disminuirse sustancialmente.

Teóricamente sólo el Consejo Guardián puede remover al ayatolá Jamenei, un escenario extremo. Pero en ningún caso una nueva autoridad suprema desistiría de la alianza venezolana, considerando su enorme aislamiento y los beneficios que les proporciona, incluyendo la creciente influencia que ahora comparte con Cuba en áreas como inteligencia, minería e industria en general.

Visto el cerco que algunos grupos de la oposición venezolana han levantado alrededor de sus propios intereses para evitar que los desprendimientos del chavismo se le unan, es muy probable que los factores que han desencadenado esta revuelta popular en Irán se asemejen a los que eventualmente predominarán en Venezuela sin que necesariamente surjan de una coyuntura electoral.

Del mismo vientre
En efecto, las figuras y personalidades que están detrás de esta enorme movilización popular iraní formaron parte de la Revolución Islámica y de la cual se separaron por disentir de sus desviaciones fanáticas que la han aislado del mundo.

El propio candidato que reclama el triunfo, Mir Hossein Mussavi, ocupó el cargo de primer ministro durante los 8 años de la guerra del régimen islámico con Irak. Mussavi es respaldado por quien fuera presidente de Irán cuando Chávez asumió el poder en Venezuela, el clérigo Mohammad Jatami, en su tiempo un “hermanazo” del líder bolivariano. Jatami renunció a su propia candidatura en aras de la unidad. Igualmente respalda a Mussavi el ex presidente Hashemi Rafsanjani y el ayatolá disidente Hosein Ali Montazeri miembro del Consejo de Guardianes. Todos formados en el vientre de la revolución islámica. Los dos líderes minoritarios que participaron en estas elecciones, que juntos apenas alcanzaron un millón de votos, también se unieron a la protesta y a las denuncias de fraude.

Una amalgama política unitaria como la descrita resulta actualmente impensable en Venezuela. Aún existen opositores que absurdamente recelan de prominentes figuras disidentes del chavismo que por razones semejantes a los líderes iraníes abandonaron la revolución bolivariana, aparte del .

Sin embargo, como el caso iraní, no es descartable, vista la dinámica que ha surgido de las propias filas del chavismo y el vacío dejado por algunos grupos opositores, que una potencial fuerza política conformada por dirigentes que una vez creyeron en la revolución bolivariana, aliados con organizaciones partidistas y grupos más realistas, junto con una disidencia silenciosa oficialista y otra más estridente que emerge cada día, sea la que confronte al presidente Chávez y obligue al cambio que sectores de todo el espectro político del país nacional aspiran.


Por Orlando Ochoa Terán
Diario de América