domingo, 6 de enero de 2008

El bando republicano sigue abierto y Clinton, viva


Las posibilidades de ambos están en el aire


La verdadera importancia de Iowa

Sea cual sea el resultado final, de lo que cada vez son más conscientes los norteamericanos es de que la cita electoral de noviembre es crucial para la posición de los EE UU en el mundo y la salida que necesitan para su maltrecha economía, por otra parte, dinámica y capaz de salir bien parada de los peores momentos.

Los resultados del “caucus” de Iowa despistan sobremanera a los medios europeos, por desconocimiento del sistema norteamericano de selección de candidatos tanto como por prejuicios ideológicos acerca de los EE UU. Ni la victoria de Barack Obama ni la de Huckabee serán, probablemente, las que se acabarán produciendo finalmente. Al menos la lectura que ha de hacerse de lo sucedido en Iowa no puede ser, en ninguno de los dos partidos, la de una premonición.

Los citados medios alzan, más o menos veladamente, sus campanas al vuelo ante la posibilidad de que los EE UU lleguen a tener un presidente afroamericano. Tal excitación es interpretada en Europa como un signo de cambio en la que se presenta como una sociedad multiétnica donde la derecha pretende un poder que declina. Si es la Clinton la que acabe siendo la preferida de los demócratas, el discurso no cambiará, en su caso, por ser mujer.

La imagen negativa de los republicanos seguirá siendo abonada por los medios europeos entorno a la victoria en Iowa del representante de la derecha evangélica Mike Hackabee como síntoma del arcaísmo conservador. Lo cierto es que ni en una cosa ni la otra aciertan los antiamericanos. En cuanto a los demócratas porque lo que no sería más que la expresión de que el sueño americano sigue vivo es visto como un síntoma de la decadencia del modelo tradicional. En cuanto a los republicanos, el fenómeno Huckabee no pasará, previsiblemente, de ser un fugaz espejismo y no es suficente para unir a los conservadores.

Lo cierto es que Iwoa y New Hampshire, la primaria más próxima, son, como se dice en EE UU, dos citas cuyo rédito no es tanto adelantar al ganador como servir para posicionarse ventajosamente en los medios de comunicación durante unas semanas. Es por eso que el yerro europeo se da tanto en la interpretación de las candidaturas como en el peso de los primeros caucus y primarias.

Calibrar las posibilidades de los diversos candidatos es, no obstante, un ejercicio arriesgado en un país donde la democracia establece una competitividad desusada en Europa y una imprevisibilidad que sorprende al muy controlado sistema del Viejo Continente. No obstante es posible prever, por ejemplo, que Hillary Clinton y sus partidarios reaccionarán y colocarán las cosas donde estaban. Esto, teniendo en cuenta la pésima imagen que tiene en el electorado republicano de todas sus tendencias, servirá para unir a éste en torno a quien salga nominado.

En cuanto al partido del elefante, Huckabee es, como indicamos, alguien que sirve para poner de relieve la importancia del voto evangélico en la compleja alianza en que se basa el mundo conservador, pero en absoluto suficiente para aglutinar a este. Para ello existen otros candidatos con posibilidades. A pesar de los malos resultados de Rudolph Giuliani en Iowa, no hay que minusvalorarle como futuro ganador en su campo. Ni tampoco es descartable Fred Thompson a pesar de su derrota y de la reciente fama de poco adicto al trabajo que se le ha adjudicado. Pero si hubiera que extrapolar Iowa, es preciso señalar a McCain como beneficiario, de rebote, de los resultados. Está llamado a ser el aglutinante conservador y listo para triunfar en New Hampshire. Todo este baile de nombres revela, empero, que si nada está decidido, menos aún en el bando republicano.


Sea cual sea el resultado final, de lo que cada vez son más conscientes los norteamericanos es de que la cita electoral de noviembre es crucial para la posición de los EE UU en el mundo y la salida que necesitan para su maltrecha economía, por otra parte, dinámica y capaz de salir bien parada de los peores momentos.

Por Diario de América

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