miércoles, 16 de enero de 2008

El rescate más caro de la historia


Si como es altamente probable las FARC entregaron a Clara Rojas y a Consuelo González solo a condición de que Chávez declarara que “las FARC no son terroristas y debe reconocérsele el status de beligerantes”, entonces no hay dudas que el jefe de estado venezolano pagó en términos políticos el rescate más caro de la historia.

Pero eso suponiendo que el “comandante-presidente” no abrigara ninguna simpatía ni identidad con la organización guerrillera y que se vio involucrado, primero en el “canje humanitario” y después en la “Operación Emmanuel”, de puro altruista y consecuente con su proclamado amor por la humanidad.

Un seguimiento imparcial, sin embargo, de sus actuaciones durante los días en que hizo de mediador para el canje nos revelan a un Chávez fascinado con Marulanda y sus comandantes, pidiendo a gritos que los dejaran llegar a Miraflores o que le permitieran viajar al Caguán y jugando duro, tanto a favor de sus “ideales”, como de sus prácticas atroces.

Simpatía, identidad o alianza que quedó fuera de toda duda cuando, una vez finalizada la mediación por decisión del presidente Uribe, Chávez pasó a trabajar directamente con y por las FARC, comportándose como su portavoz, participando en sus odios, y prestándose a protagonizar la “Operación Emmanuel” que más que proponerse liberar a la diputada González y a la señora Rojas y a su hijo, buscaba desacreditar a Uribe porque supuestamente se negaría a suspender las operaciones militares en la zona elegida para la entrega.

Estafa que fue contundentemente abortada cuando el presidente colombiano reveló que las FARC no entregarían al niño porque sencillamente no estaba en manos de las FARC sino de las autoridades colombianas, las cuales lo habían recogido de un orfelinato en San José del Guaviare donde había sido abandonado.

O sea, que Chávez fue engañado o participó en el engaño a sabiendas de que no había posibilidades de que el niño fuera liberado por sus secuestradores, pues se encontraba en Bogotá.

Hipótesis esta última que parece la más probable, pues no obstante el ridículo atroz en que de repente se vio envuelto, Chávez en ningún momento tuvo una palabra o gesto de reproche o reclamo contra quienes eran los causantes de que su política internacional fuera literalmente reducida a añicos.

Todavía más: la “Operación Emmanuel” dejó claro, más que cualquier otro incidente anterior, lo espantosamente crueles, inhumanas y contranatura que podían resultar las FARC, pues no solamente secuestraban inocentes, sino que separaban a los hijos de sus madres, y de paso, los abandonaban sin preocuparse de su destino ulterior.

Horror cuyo conocimiento espantó al mundo, ratificó que las FARC eran una organización terrorista, pero que en sentido alguno afectó a Chávez, quien pasó rápidamente a esperar que Marulanda liberara a Clara Rojas y a Consuelo González para tener la oportunidad de salir a proclamar que “Marulanda y sus comandantes no era terroristas y debía reconocérseles el status de beligerantes”.

De modo que al optar por pagar el costo de pasar por el presidente de “estado forajido” al solidarizarse con las FARC, Chávez realmente le está dando curso a sus preferencias, sus cercanías, alianzas e integración con la única organización política del continente que puede hacer causa con él: un estado selvático e ilegal que le brinda la sensación de estar haciendo la revolución e instaurando el socialismo cuando en Venezuela reina un capitalismo salvaje que se confronta con ventajas con el de Rusia y China.

Por lo que se puede concluir que más que un gasto, Chávez lo que está haciendo es una inversión, ya que serán las FARC la única organización armada que saldrá a defenderlo el día muy próximo en que el pueblo venezolano decida ponerle fin a su contrarrevolución capitalista y salvaje.

Y ya se sabe que las FARC son duchas en este tipo de trabajo, en esta clase de cobertura, y si no que lo cuenten tantos malandros colombianos que se beneficiaron con su protección.

Manuel Malaver
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