domingo, 16 de noviembre de 2008

Chávez ¿parroquiano o aliado de Putin?


Ante el fracaso de cubanos, iraníes y bielorrusos el gobierno bolivariano intenta un nuevo estadio experimental con los servicios de inteligencia rusos coordinados desde La Habana.


El diccionario de la Real Academia de la Lengua ofrece varias acepciones de parroquiano. Una es la “persona que acostumbra ir a una misma tienda”. Otra se refiere a una “persona que está bajo la protección o tutela de otra”. La confusa y misteriosa relación de Venezuela con la Federación Rusa comenzó en el 2002 y desde entonces no es posible separarla de la frustración del presidente Chávez en su viejo afán de reunirse con el presidente Bush. “I want to be your friend” le dijo una vez con un pesado acento en uno de los corredores de la ONU. A este humilde ruego siguieron las febriles gestiones diplomáticas de Alfredo Toro Hardy, Roy Chaderton, Ignacio Arcaya y Bernardo Álvarez. Desesperanzado, decidió dirigir sus requiebros a Vladimir Putin.

Desde entonces la diplomacia bolivariana, sin recato, ha buscado con tanta desesperación pertenecer al área de influencia de Rusia que las relaciones han seguido una trayectoria que va de lo sublime a lo ridículo. El presidente Chávez es probablemente el único jefe de Estado que ha visitado a su homólogo Putin seis veces sin ninguna reciprocidad.

Si a esto se agregan los colosales beneficios que se derivan para la Federación Rusa de esta singular tutela, a cambio únicamente de la complacencia que recibe nuestro líder de incomodar al Departamento de Estado, esta desigual relación no tiene precedente en la historia de la diplomacia.

Las visitas
Mientras Putin no supo que hacer con esta graciosa ofensiva bolivariana, trató al presidente Chávez como un parroquiano de la ferretería bélica rusa. Putin sabía que tenía a un cliente cautivo. A los países donde el líder bolivariano había acudido de compras encontraba las puertas cerradas o un veto de EE UU. Donde el presidente Chávez veía una “alianza estratégica”, Putin sólo veía un buen negocio.

A pesar de que las cosas cambiaron, el desdén de Putin por el líder bolivariano persiste. No honró a Chávez con una visita como Presidente, tampoco como Primer Ministro. La visita del presidente Dimitri Medvedev a Caracas, sólo demuestra el interés de Putin en jorobar a EE UU. “Medvedev es una criatura de Putin”, comentaba recientemente, Nicolai Zlobin, profesor de la Universidad de Moscú, “todo lo que tiene Medvedev le pertenece a Putin. No existe un Medvedev sin Putin”. Enviar pues a Medvedev a Caracas es como si Putin le enviara una fotografía suya.

Esta visita, así como las maniobras navales de la escuadra rusa en el Caribe (sin es que no zozobran antes), serán glorificados por la propaganda bolivariana pese a que no es el resultado de una diplomacia de alto vuelo, sino la consecuencia de la expansión de la OTAN y la influencia de EE UU en los países fronterizos de una Rusia nostálgica de su pasado.

La “alianza”
Para alentar esta apariencia de “alianza estratégica” el gobierno bolivariano ha llegado a extremos insólitos de gimnasia propagandística. En el año 2003 un enviado del gobierno ruso, Vladimir Yakovlev, funcionario de línea del despacho del primer ministro, fue recibido en Caracas como “Vicepresidente de la Federación Rusa” y con este “rango” acudió a diferentes saraos.

Igor Sechin, de visita en Caracas la pasada semana, también fue presentado, inicialmente como “Vicepresidente” y más tarde como “Viceprimer Ministro”. Ninguna de estas categorías existe en la estructura organizativa de la Federación Rusa. De acuerdo al Art. 112 de la Constitución de Rusia, el Primer Ministro cuenta con cinco asistentes que postula la primera semana de su designación para ser aprobados por el Presidente. Igor Sechin es uno de ellos.

La conexión cubana
No por eso se debe subestimar el poder de Igor Sechin, quien es un “siloviki”, hombres duros del círculo íntimo de Putin. Cumpliendo el ritual de siempre, Sechin visitó primero a Cuba para volver a Caracas por segunda vez en menos de dos meses.

Igor Sechin, como el general Nicolai Patruschev, quien visitó a Caracas hace tres semanas, pertenecieron a la KGB. Patruschev, visitó primero Cuba para luego dirigirse a Buenos Aires, Quito y Caracas.

Sechin, domina el portugués, el francés y el español. Fue jefe de estación de la KGB en Angola y desde allí se relacionó con la élite gubernamental de Cuba. Entonces fue acusado de ser el intermediario del tráfico de armas entre la Unión Soviética y los países del tercer mundo.

Toda esta misteriosa movilización pareciera un nuevo estadio experimental bolivariano con los servicios de inteligencia de Rusia, coordinados desde La Habana.

No obstante, los rusos y los gringos deben estar intrigados. Por primera vez el presidente Chávez, tan díscolo con el imperio acepta por primera vez y de buen agrado la decisión del Departamento de Estado de expulsar a 12 funcionaros consulares en Houston y de paso castiga públicamente al cónsul con el despido por incomodar a los gringos.

Muy probablemente una señal de que la crisis que le sobreviene lo está obligando a flirtear con Barack Obama para iniciar un nuevo ciclo con “I want to be your friend”.

¿Y Putin? Bueno, en algún momento Álvaro Uribe también fue un “hermanazo”.

Por Orlando Ochoa Terán
Diario de América
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=4754