sábado, 1 de noviembre de 2008

El verdadero Obama


Estas elecciones han dejado claro también que el Partido Demócrata no es el partido de los pobres, ni el de las clases y grupos oprimidos, como tantas veces se ha querido pintar. Obama ha triplicado en fondos a la campaña de McCain porque tiene más dinero, entre otras cosas por haber recibido el apoyo de los grandes hipócritas de la progresía norteamericana y sus oportunistas hollywoodienses.


Mientras Joe Biden se enfadaba otra vez este pasado fin de semana con una periodista en un canal local de Florida porque ésta le hacía preguntas incómodas, este lunes aparecía una nueva cinta de Obama. Se trata de una significativa grabación, breve pero muy reveladora, correspondiente a una entrevista concedida por Obama a una cadena de radio en Chicago en 2001. Por entonces, Obama no podía imaginar que siete años después estaría a un paso de ganar la presidencia de los Estados Unidos. De haberlo sabido, es posible que Obama se habría callado a fin de evitar lo que ahora sabemos ya: su continua obsesión por redistribuir la riqueza.

Por fortuna para quienes votaremos el día 4 de noviembre, el contenido de la cinta -que es plenamente verídica- revela al real Barack Obama, al figurón que amparándose en la cuestión de los derechos civiles no mira a Estados Unidos con admiración o como un ejemplo de libertad a seguir, sino como un error histórico, como una nación injusta que debe ser cambiada a toda costa. De ahí lo del “cambio” de Obama y de ahí también aquellas afirmaciones de su esposa Michelle en cuanto a no haberse sentido nunca antes orgullosa de su país. De aquellos barros, estos lodos… En esta nueva cinta, Obama habla otra vez de la “redistribución de la riqueza”, el mismo tema que lanzó a la cara del fontanero Joe de Ohio hace unos días y que está haciendo abrir los ojos a muchos norteamericanos sobre el verdadero Obama. En su campaña han querido enmendar de mil maneras todo eso de la “redistribución de la riqueza”, pero todas han resultado insuficientes. Tal concepto, pese a todo lo que está lloviendo, aún suena extraño en estas tierras norteamericanas de la libertad, la responsabilidad individual y la iniciativa privada.

La nueva cinta muestra el auténtico pensar de Obama en cuanto a su radical filosofía política. Las palabras de Obama son quejas ante el hecho, por ejemplo, de que el Tribunal Constitucional de los Estados Unidos nunca se metiera en el terreno de la distribución de la riqueza o en otros temas como la justicia política y económica en la sociedad (Según Obama, “the Supreme Court never ventured into the issues of redistribution of wealth, and of more basic issues such as political and economic justice in society”). Para Obama, además, la Constitución de los Estados Unidos de América es una carta fundacional de libertades negativas (en sus propias palabras, “the Constitution is a charter of negative liberties”); una carta plagada de “restricciones esenciales colocadas por los Padres Fundadores de la Constitución” (textualmente, dice Obama, “essential constraints that were placed by the founding fathers in the Constitution”). Este candidato que sueña con jurar y respetar la Constitución de Estados Unidos el próximo enero está más cerca de quienes entonan y repudian la tradición norteamericana que quienes la veneran, como correspondería a todo el que aspire a alcanzar la Casa Blanca. En su condición mesiánica parece que Obama crea estar así por encima del bien y del mal, más alto que aquellos grandes inventores de la democracia norteamericana: los Adams, Washington, Jefferson… Obama asegura en esa cinta, además, que la Constitución falla al no decir lo que el Gobierno Federal o el gobierno de cada estado debe hacer por el ciudadano. Para Obama, pues, el individuo está supeditado al Gran Gobierno y es éste quien debe actuar y no el ciudadano, actitud que revelando, otra vez, una vision puramente intervencionista y alejada de lo que es el espíritu de libertad de los grandes documentos fundacionales de Estados Unidos.

Obama apunta abiertamente también en esa cinta a la necesidad de generar una organización y unas actividades políticas en la comunidad capaces de “formar una coalición real de poderes a través los cuales generar el cambio de redistribución” (textualmente: “to put together the actual coalition of powers through which you bring about redistributive change”). Ese es el cambio que quiere Obama: sustituir la libertad individual por la libertad cedida a manos del Gran Gobierno encargado así de redistribuir la riqueza y de operar cuantos cambios desee en el tejido politico y social de Estados Unidos. Si los Padres Fundadores buscaron limitar el poder del Gobierno y sobre esa base trazaron la Constitución norteamericana, Obama sale ahora para cambiar todo eso y dar un giro a la izquierda a un país mayoritariamente conservador. Tan sintomática cinta resulta coherente con el carácter socializante de Obama y con las amistades peligrosas entabladas por este joven senador con radicales de toda condición, mafiosos especuladores, terroristas de los sesenta y pastores racistas. Conste que existe también una cinta de vídeo con Obama elogiando al terrorista palestino Rashid Khalidi con fecha del año 2003. La cinta está en posesión del diario “Los Angeles Times”, aunque resulta penoso comprobar que dicho medio se niegue a hacer pública esa cinta de vídeo, confirmando así el descarado favoritismo mediático hacia Obama. Todo esto, articulado apropiadamente en esta próxima semana y siempre sobre con la ligazón del fallido plan económico que propone Obama, ofrece a McCain una oportunidad de oro para llevarse el triunfo final.

McCain debe insistir en lo que todo esto significa: la abierta y consistente voluntad de Obama por minar con impuestos a unos para dárselo a los otros violando así la clave de lo que es el excepcionalismo norteamericano y las más hondas creencias que se remontan a la Constitución misma y a los ideales de la Declaración de la Independencia y de la Carta de Derechos con derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad individual. La visión que del Gran Gobierno tiene Obama choca contra esos principios individuales. Sus amistades y alianzas con radicales del antiamericanismo, también. McCain debe ubicar estas palabras grabadas del propio Obama en cuanto a la “redistribución de la riqueza” con lo que Obama ya dijo ante el fontanero Joe en Ohio hace unos días y en el contexto de la farsa que resulta, bien mirado, el plan económico de Obama y el baile de cifras que cambia de un día para otro. Detrás de las engañosas bajadas de impuestos que dice proponer Obama está la idea socializante de redistribuir la riqueza, camino hacia un fatídico e inoperante socialismo a la europea.

La estrategia en esta última semana para McCain debe ser obtener 270 votos electorales y ganar las elecciones. Con mayorías Demócratas en el Congreso, Obama resultará incluso peor aún que los años fatídicos de Lyndon B. Johnson como presidente en los sesenta o aquellos aún peores de de Jimmy Carter en los setenta. Para que McCain obtenga la presidencia tiene que ganar los estados que parecen indecisos ahora mismo y que resultan ya claves y necesarios para el triunfo. Varios son los escenarios que se presentan para McCain, todos mucho más complicados que los de Obama, quien gracias a no haber sido analizado apropiadamente por los medios y aun por la campaña misma de McCain, se ha asegurado ya los estados tradicionalmente Demócratas y juega con más bazas posibles de cara al triunfo final. Con todo, McCain puede ser presidente si gana en los estados de Florida, Carolina del Norte, Virginia, Ohio, Missouri, Colorado y Nevada. Con eso alcanzaría 274 votos electorales. Aun así, los estados de Virginia y Colorado parecen estar decantándose a favor de Obama, en cuyo caso McCain perdería esas dos plazas pero tendría entonces que ganar Pennsylvania, lo que le pondría en un total de 273 votos electorales. McCain podría incluso perder Nevada y sustituir ese estado con el triunfo en New Hampshire (que siempre le ha sido muy favorable, aun siendo un estado Demócrata), lo que le daría todavía la presidencia con 272 votos electorales.

Aunque reconozcamos la dificultad para McCain de ganar en todos estos estados, no neguemos tampoco la posibilidad de que así sea, y más aún conociendo la capacidad de McCain para emerger de las cenizas, como el fénix que bautiza el nombre de la capital de su propio estado, Arizona. “Mac is Back” es el grito que entonaron sus seguidores en las primarias, cuando nadie apostaba por McCain. Datos y cábalas aparte, la campaña de McCain, liderada por Steve Schmidt y Rick Davis, no es tan mala como algunos están queriendo presentar y conforme lleguemos al fin de semana, comprobaremos que las encuestas son más reales y ajustadas. Frente a los rumores sobre Sarah Palin, su presencia ha sido un detonante muy favorable para McCain y su claridad de ideas ha movilizado a la base conservadora, necesitada de algo más que el conocido talante moderado y centrista de McCain.

Estas elecciones han dejado claro también que el Partido Demócrata no es el partido de los pobres, ni el de las clases y grupos oprimidos, como tantas veces se ha querido pintar. Obama ha triplicado en fondos a la campaña de McCain porque tiene más dinero, entre otras cosas por haber recibido el apoyo de los grandes hipócritas de la progresía norteamericana y sus oportunistas hollywoodienses. También tiene más dinero porque Obama mintió descaradamente a la ciudadanía en cuanto a la financiación de su campaña y rompió el pacto hecho con McCain respecto a los fondos federales. Este mismo miércoles por la noche, Obama pagará cientos de miles de dólares por aparecer durante treinta minutos en hora de máxima audiencia en hasta cuatro grandes cadenas de televisión norteamericanas para lanzar sus “closing arguments”, o sea sus declaraciones finales, como si esta campaña fuera un juicio. Y lo es: un juicio de acusación del abogado Obama contra la América tradicional, la América por la que McCain dio cinco años de su vida pudriéndose en una cárcel de Vietnam para proteger la libertad de Obama y sus amigos en el mundo libre.

Quienes nos definimos ideológicamente como “conservadores” en el sentido norteamericano del término, hemos tenido y seguimos teniendo nuestras grandes diferencias con McCain. Así lo hemos escrito aquí cuando ha hecho falta. Los conservadores norteamericanos éramos y somos conscientes de que ni McCain ni Obama responden a todo lo que ser auténticamente “conservador” entraña; nos hemos opuesto también al voto de ambos candidatos a favor del fatídico intervencionismo económico. Aun así, y al hilo de la teoría norteamericana del mal menor, los conservadores sabemos también que nuestras diferencias con McCain son mucho menores que las insalvables distancias que nos separan del mesiánico Obama y de su radical agenda ideológica. Sabemos que el triunfo de Obama supondría un giro muy a la izquierda tanto en lo judicial -como bien prueban Steven G. Calabresi en el Wall Street Journal o Thomas Sowell- como en otros ámbitos de la política nacional e internacional de Estados Unidos. Desde luego, los cien primeros días de Obama-Biden-Reid-Pelosi pintan demasiado mal, al menos mucho peor que con McCain en la Casa Blanca. Por eso estamos con McCain y seguimos creyendo que no todo está perdido todavía.

Por Alberto Acereda
Diario de América
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