lunes, 24 de noviembre de 2008

Hartos de la anarquía y el crimen, los caraqueños castigaron las gestiones del chavismo en Sucre y en la Alcaldía Metropolitana.




De los seis cargos disputados en Caracas, la oposición se alzó con cinco. El desencanto del chavismo que asomó su rostro el 2 de diciembre del año pasado con la pérdida de la reforma constitucional se consolidó en la capital.

Una participación histórica para unos comicios regionales (65%), devolvió el mando en Caracas a la oposición, luego de casi una década de triunfos chavistas (Alfredo Peña y Juan Barreto).

Antonio Ledezma (ABP), en la Alcaldía Mayor, Carlos Ocariz (Primero Justicia), en el municipio Sucre, Emilio Graterón, en la alcaldía de Chacao, Gerardo Blyde (Un Nuevo Tiempo) en la alcaldía de Baruta. Miriam Do Nascimento (AD), en El Hatillo, hacen un cuadro mayoritariamente opositor para el Área Metropolitana. En la alcaldía Libertador, Jorge Rodríguez conserva el fuero del chavismo, demostrando que éste sigue siendo un bastión rojo.

"Vendrá la revisión", dijo Aristóbulo Istúriz, candidato del Psuv derrotado por Ledezma, al preguntársele si las fallas en la gestión de Juan Barreto influyeron.

Especial importancia tuvo la victoria de Carlos Ocariz, para impulsar el voto para la Alcaldía Mayor. Un municipio Sucre que lidera en homicidios a la agobiada por el crimen capital venezolana, votó por la esperanza y hastiada de la inacción.

"Asumo esta victoria con muchísimo respeto y con el reto de demostrar que se puede vivir mejor. Les aseguró a los seguidores del Psuv que no vendremos con ventajismos ni revanchas", prometió Ocariz.

La ingobernable Caracas premió a las gerencias que han mostrado soluciones para los caraqueños, el pico y placa en Baruta y Chacao, la recuperación de espacios peatonales y la recolección de la basura.

Asimismo, respaldó la cercanía con la gente, avalando los liderazgos de Emilio Graterón, aunque no contó con el respaldo de la unidad opositora, y Miriam do Nascimiento, quien logró el cargo pese a su cariz de independiente.

María Lourdes Sandoval
El Mundo