lunes, 11 de agosto de 2008

El emperador de Venezuela


¿Auto golpe?


La selección de la organización castrense como primer objetivo del asalto constitucional del presidente Chávez podría significar, tal como lo señala la doctrina militar, que en su estrategia general la FAN sea percibida como la línea de menor resistencia de las instituciones venezolanas.

No deja de ser curioso que en vísperas de unas elecciones, el presidente Chávez decida, de facto, sancionar 26 leyes-decretos para reformar la Constitución, designar a un mozalbete ministro de la Presidencia, adquirir empresas como si comprara verduras, ascenderse a generalísimo y convertir a la FAN en un partido más del Frente Patriótico.

A pesar de que el desenfreno político es parte del paisaje surrealista de Venezuela no deja de llamar la atención. Lo peor es que no se puede decir que estos atropellos se imponen acudiendo a actos represivos o a pesar de una heroica resistencia como la que ofrecen los bolivianos. Existen innumerables antecedentes históricos en nuestra región que se asemejan a esta pasividad.

En nuestro caso es probable que dirigentes partidistas no quieran ver que ellos son un factor de la ecuación que provoca este deslave institucional. ¿Se han preguntado por qué el presidente Chávez no le preocupa el efecto de sus desafueros en la víspera de una elección que la oposición ve como “crucial”? El predicamento en el cual el presidente Chávez ha colocado a la oposición partidista no puede ser más tramposo, agravado con su decisión de ratificar las inhabilitaciones políticas.

Los partidos exhortaron a votar el pasado 2-D para detener la propuesta socialista que en efecto se rechazó por un número de votos que aún se desconoce, pero nunca se detuvo. Temerosos de que una resistencia frustre las aspiraciones electorales, se convoca de nuevo a votar por alcaldes y gobernadores de la oposición, porque de esta manera se rechaza la misma reforma constitucional que ya fue rechazada por el referendo.

De acuerdo a una extraña argumentación, la elección de un gran número de gobernadores y alcaldes, que deberán pasar por ser reconocidos por el mismo CNE que no da resultados ni es de confiar, obligará a Chávez, ahora sí, a retroceder despavorido ante tanta democracia.

¿Auto golpe?

Si alguien piensa que estas son desmesuras inaceptables y sin precedentes, que lo piense de nuevo. Por medio de artilugios legales y en medio de la confusión que se derivó de la independencia, el criollo general Agustín de Iturbide se hizo coronar Emperador de Méjico, desintegrando más tarde el Congreso. ¿Para qué le servía? Luis Napoleón Bonaparte, triunfante líder de las elecciones de 1848 es electo presidente de la Segunda República Francesa. Limitado por la Constitución para su reelección y apoyado por incondicionales, con un referendo que tuvo lugar el 2 de diciembre de 1851, termina con la Segunda República para abrir paso al Segundo Imperio Francés con él como emperador. Luis Napoleón Bonaparte, le petit, como lo llamó Víctor Hugo, fue el primer y último presidente de la Segunda República y el primer y último emperador del Segundo Imperio.

Por una vía semejante se impone el Nazi-Fascismo de Mussolini y Hitler que a la postre serían dos sistemas caracterizados por el totalitarismo, anticapitalismo, anticomunismo, antiliberalismo y nacionalismo.

No parece casualidad que los poderes absolutos que le otorgó el Parlamento alemán a Hitler fueron por medio de una Ley Habilitante presentada al Reichstag. Esta Ley Habilitante constituyó el fundamento ideológico del Tercer Reich.

El autogolpe, como expresión del autoritarismo, no podía dejar de tener lugar en nuestro hemisferio. En 1933 el presidente Gabriel Terra de Uruguay disolvió el Congreso y en su lugar creó un órgano subalterno que asumiría sus funciones de “control”. Más tarde decreta la abolición de la Constitución y redacta una nueva para asegurarse de su permanencia en el poder.

Antecedentes

Inspirado por el fascismo de Mussolini y el “Estado Novo” del dictador de Portugal, Antonio de Oliveira Salazar, el presidente Getulio Vargas de Brasil reforma la Constitución para seguir en el poder y convertirse en uno de los precursores del desbocado populismo del general Domingo Perón de Argentina y del comandante Chávez.

A Getulio Vargas lo sucede una interminable lista de autogolpistas que demuestran que el presidente Hugo Chávez no está tan equivocado cuando, con una temeridad más común de lo que se piensa, pone a prueba las instituciones del país. Por ahora, los resultados parecen jugar a su favor.

Si sirve de consuelo he aquí una lista de autogolpistas que en nuestra región se salieron con las suyas sin que los hombres de uniforme, los partidos o el pueblo se opusieran: Bolivia: Presidente, Mayor Germán Busch (Abril 24, 1939); Paraguay: Presidente, Gen. José Félix Estigarribia (Febrero 18, 1940); Uruguay: Presidente Alfredo Baldomir (Febrero 21, 1942); Ecuador: Presidente José María Velasco Ibarra (Marzo 30, 1946); Paraguay: Presidente Higinio Morínigo (Enero, 1947); Ecuador: Presidente José María Velasco Ibarra (Junio 22, 1970); Bolivia: Presidente Hugo Banzer (Noviembre 7, 1974); Perú: Presidente Alberto Fujimori (Abril 6, 1992).

Para desgracia nuestra, ninguno de estos gobiernos alcanzó la monumental incompetencia de la revolución bolivariana.

Por Orlando Ochoa Terán
Diario de América
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=4425