viernes, 29 de agosto de 2008

Totalitarismo, caos y autogolpe

Animalito rojo que pretende convertirnos en sus súbditos por su real gana



Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, narra la increíble historia de un mundo en el que todos se quedan ciegos, produciendo un verdadero infierno dada la imposibilidad absoluta del ser humano de bastarse a sí mismo. El caos se apodera de todo, desaparecen los servicios, escasea la comida y tanto la putrefacción como la insalubridad son los únicos elementos sobresalientes de una sociedad perdida. El totalitarismo es una especie de ceguera política que conduce a un estado de decadencia muy similar al de la magnífica novela.

El afán por ahogar cualquier espacio de desarrollo individual ha sido la única política coherente -aunque abiertamente errada y antidemocrática- que ha producido esta barahúnda gobiernera en los diez años de oprobio a los que hemos estado sometidos los venezolanos. Las confiscaciones de tierras, las estatizaciones de compañías eficientes, la proliferación de bancos del Estado -y las compras de bancos que vienen-, las invasiones de propiedad urbana y rural, han sido apuntaladas por un paquete de leyes estatistas y monopolizadoras de los bienes de producción y hasta de la distribución.

Las consecuencias de esta política son diversas, y se han visto principalmente reflejadas en una administración pública con más de dos millones de empleados y gastos mil millonarios en dólares para satisfacer el ego capitalista-voraz de un pretendido comunista. Pero eso no es todo. La eficiencia de los servicios asumidos por el Estado ha caído a estados que no se conocían desde hace años. Las comunicaciones se van encaminando a aquella trágica Cantv en la que había que esperar horas para obtener el tono. Internet es simplemente intermitente. Inclusive la telefonía celular se ha visto afectada. Los apagones -una especie desconocida en las principales urbes del país desde hace décadas- forman parte de la cotidianidad, al punto de que varios estados corren el riesgo de quedarse sin luz definitivamente, dada la falta de inversión y de mantenimiento, alimentados por una incompetencia absoluta de quienes manejan las compañías. De Pdvsa sólo queda el nombre y un grupo de aprovechadores que han saqueado el país en nombre del pueblo burlado. A esto ha de sumarse el Estado distribuidor de gasolina, de maíz y arroz, que ha sido el capricho de esta semana.

Este panorama no es casual. Obedece a una ambición de control total. Puede ser que ella tenga orígenes psiquiátricos, pero más allá de eso, lo importante es que el sometimiento del individuo a los deseos de quienes gobiernan es una fórmula segura de fracaso. La tendencia totalizadora es el germen que acabará con el régimen.

El Estado se ha vuelto productor de petróleo, hierro, cemento, carne, queso, leche, soya, maíz, arroz, así como banquero, prestamista, inversor internacional y ente de caridad para otros países. Esto, sencillamente, es inoperante. El Estado se paralizará tarde o temprano, entonces no tendremos acceso a ninguno de los bienes y servicios que se dan por sentado en una comunidad organizada del siglo XXI. El caos sobrevendrá. El gobierno juega a producirlo antes de las elecciones para evitarlas. Juega a la anarquía para reprimir y dar un autogolpe. Hay que estar alertas a esta estrategia y reiterar el uso de nuestra mejor arma: Las reglas democráticas y la defensa de la constitución. Este es el camino que no resisten lo totalitarios. Así, como en la novela de Saramago, la ignominia quedará atrás y, al final, todos podremos volver a la normalidad.

Marcos R. Carrillo P.

El Universal

http://opinion.eluniversal.com/2008/08/29/opi_art_totalitarismo,-caos_29A1948281.shtml