lunes, 13 de octubre de 2008

Exaltada arenga presidencial




Es posible que política todo sea apto y así, cuando se fragua una lucha electoral, los valores púdicos se vuelven papilla pero esa decadencia a la que ha llegado la actitud del oficialismo –incluido el gobiernoante sus contrincantes en la oposición, es lo más ignominioso visto hace añales en este mingitorio en que se ha convertido el país.

Cuando el argentino Domingo F. Sarmiento escribió Facundo, no pensó en la Venezuela actual ni en su dirigente máximo, pero aún así, la mayoría de aquellas páginas, dedicadas a retratar el ambiente efervescente de La Rioja y Córdoba, pampas donde se movieron las expresiones del llamado "Tigre de los llanos", Juan Facundo Quiroga, serían un retrato al carbón de la desatada barbarie verbal existente en la actualidad.

Cuando ayer un Chávez en campaña, haciendo uso de los canales de radio y televisión propiedad del Estado -no de su partido-, insultó de forma perturbada al postulante a la gobernación del estado Zulia por Un Nuevo Tiempo, Pablo Pérez, nos dimos cuenta de cómo el hilo que débilmente sostenía la poca mesura de la presidencia de la República, se había roto.

El país no se merecía ese proceder tan poco hidalgo hacia un contrincante y menos viniendo del representante mayor de la nación de Bolívar.

na que no vote por Chávez no es aborigen sino un infiltrado", el Presidente se hizo acreedor, a motu propio, del extenso repertorio de injurias, improperios, insolencias y demás expresiones ofensivas inventariadas por Pancracio Celdrán.

A cuenta de su proceder, a Hugo le queda grande la majestad de la presidencia. Se olvida de que es el jefe del Estado de una nación y no el matón de un barrio. Ante ello bien vale la expresión germinada en el Cantar de Mío Cid, cuando Rodrigo Díaz de Vivar se enfrentó al rey Alfonso: "¡Oh, Dios, qué buen vasallo si tuviera buen señor!".

Chávez quiere esclavos a sus pies, no hombres libajo el título Se abrirán las grandes alamedas, editados por Monte Ávila, allí no hay ni una frase malsonante contra una oposición chilena más furibunda que la venezolana.

Llegado a este punto, uno diría parafraseando a Eugenio de Nora: "Yo no canto la historia que bosteza en los libros, ni la gloria que arrastran las sombras de la muerte. ¡Venezuela está en nosotros...!".

Rafael del Naranco
ND/El Mundo
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=444610