sábado, 18 de octubre de 2008

¿Quién está jugando la baza racial?


A ver si nos entendemos. Un par de tarados exaltados entre una concentración de miles de personas berrean algo ofensivo e incendiario, y John McCain y Sarah Palin no son solo culpables por proximidad -- con desconocidos integrales, para más inri -- sino peor: culpables de “incitación racial y xenofobia” según el New York Times.

Pero saque usted a colación las verdaderas amistades de Barack Obama -- 20 años con Jeremiah Wright, un empleo en dos fundaciones y distribución de fondos con William Ayers, citar al delirante Michael Pfleger como alguien que le ayuda a orientar su brújula moral (Chicago Sun-times, abril de 2004) o la veterana relación con la entidad especialista en fraudes electorales de la extrema izquierda ACORN - y usted habrá cruzado la frontera de la culpabilidad por asociación ilegítima. Además, ello tendrá tintes racistas.

El hecho de que, cuando John McCain escuchó realmente una de esas cosas repugnantes acerca de Obama, provocó los abucheos de su propia audiencia al insistir en que Obama es “alguien decente de quien no habría que asustarse como presidente” no supone ninguna diferencia. Ello ciertamente no impidió a John Lewis comparar a McCain con George Wallace.

La búsqueda de ofensas raciales cometidas por McCain es incesante y a menudo demencial. ¿Se acuerda del anuncio Berlín/famoso de medio pelo de McCain que mostraba una foto de París Hilton? Una tentativa espantosa de explotar la hostilidad blanca hacia la idea de varones negros “que se relacionan sexualmente con mujeres blancas,” bramaba el columnista del New York Times Bob Herbert. Él acudía a la televisión a denunciar la exhumación por parte de McCain de ese, el prejuicio más vil, diseccionando la inserción gratuita en el anuncio por parte de McCain de “dos símbolos fálicos,” el Monumento a Washington y la Torre Inclinada de Pisa.

Excepto que Herbert estaba siendo totalmente delirante. No aparecía ningún monumento a Washington. No había ninguna Torre Inclinada. Solo las fotografías aparecidas en cada periódico del mundo de la concentración en Berlín de Barack Obama en el escenario que él mismo había elegido, la Columna de la Victoria de Berlín.

Herbert no es el único que delira. En la noche del martes, Raquel Maddow, de la MSNBC y Jonathan Alter, de Newsweek, sucumbían al convenir que la “prominencia política” del ataque Republicano contra ACORN es, sí, su llamamiento inespecífico al prejuicio racial.

Esto sobre una organización acusada en alrededor de una docena de estados de fraude en el registro electoral. En Nevada, el funcionario que lleva la investigación estatal es Demócrata. ¿También él juega la baza racial?

Lo que hace especialmente reveladoras las acusaciones contra McCain es que él ha sido escrupuloso a la hora de abstenerse de utilizar la baza racial. Ha ido mucho más allá de lo justo y necesario, negándose hasta a tratar la profunda y reconocida conexión de Obama con el fanático racial Jeremiah Wright.

En nombre de la rectitud racial, McCain se ha negado a sí mismo el uso de un asunto perfectamente legítimo. Es simplemente orwelliano en su caso que ahora sea tan ampliamente vilificado como portador de racismo. Lo que lo hace doblemente orwelliano es que estas acusaciones están siendo lanzadas a cuenta del único candidato presidencial que repetidamente, y en la práctica de forma bastante brillante, ha hecho uso de la baza racial.

¿Cómo de brillantemente? El motivo de que Bill Clinton se agolpe mohíno bajo su ala es que piensa que los sucedáneos de Obama tuvieron éxito a la hora de retratarle como racista. Clinton tiene en su haber muchos pecados, pero desde los días de estudiante hasta su post-presidencia, su compromiso y sinceridad en el asunto de impulsar la causa de los afroamericanos han sido innegables. Si el hombre al que Toni Morrison se refería como el primer presidente negro puede ser convertido en un racista apolillado, entonces cualquiera puede serlo.

Y Obama no ha manifestado ninguna vacilación a la hora de hacérselo a McCain. Hace apenas unas semanas, en Springfield, Mo., y por todas partes, advertía sombríamente de que George Bush y John McCain iban a intentar asustarnos diciendo que, entre otras cosas tenebrosas, Obama tiene “un nombre raro” y que “no se parece a los demás presidentes de las efigies sobre la divisa."

McCain nunca ha dicho tal cosa, ni nada que se le parezca. Al pedírsele en el mismo momento que pusiera un ejemplo de uso de la baza racial por parte de McCain, la campaña Obama fue incapaz. Pero aquí estaba Obama disparando una acusación preventiva de racismo contra un hombre que no ha tomado parte en ello nunca. Una hazaña extraordinariamente retórica, y una hazaña vergonzosa.

Lo que hace esto aún más decepcionante es que viene de Barack Obama, quien se ha presentado de manera constante como el sanador, el hombre de una generación más allá de, y por encima de la raza, el hombre que pasaría página de la política de agravios y culpabilización de Jesse Jackson y Al Sharpton.

Una vez le creí.

CORRECCIÓN - La semana pasada escribí que en 1995, Bill Ayers celebró un acto de recaudación de fondos para Barack Obama en su casa, Debería haber dicho en su lugar un acto de campaña.


Por Charles Krauthammer
Diario de América
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=4662