domingo, 11 de noviembre de 2007

“Actitudes como las de Chávez, Evo y Ortega desprestigian a todo el continente”


El diario chileno “El Mercurio” critica hoy, en su editorial, las actitudes de Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales en el curso de la Cumbre Iberoamericana. Para el diario, que pone en duda que se vuelva a celebrar una Cumbre, eso desprestigia a todos los países por igual.


Marcas de la Cumbre Iberoamericana

Hasta su sesión final, la XVII Cumbre Iberoamericana, segunda que se celebra en Santiago, se había desarrollado con normalidad, congregando a una veintena de presidentes, al Rey de España y al Primer Ministro de Portugal, altos funcionarios de organismos multilaterales y centenares de empresarios y personalidades internacionales. La labor de una secretaría permanente fue una valiosa contribución a la preparación de este encuentro, que permitió hacerlo coincidir con reuniones ministeriales, foros parlamentarios, empresariales y de gobiernos locales de Iberoamérica. Ella fue, asimismo, determinante para concretar el Convenio de Seguridad Social Iberoamericano, que, de ser ratificado por los gobiernos y congresos, beneficiará a unos seis millones de trabajadores. Estos progresos se deben profundizar y atribuir, en lo que corresponde, al interés de España en fortalecer sus vínculos con América. Igualmente, tiene valor la oportunidad de diversos encuentros bilaterales.

El factor negativo -que, incluso, abre un serio interrogante sobre el futuro de estas cumbres- fue el Presidente Chávez: arribó cantando, descalificando la reunión -pese a que la izquierdista “Cumbre paralela” que él mismo promovió tuvo alcances modestos, si acaso- y, peor aún, formulando declaraciones sobre acceso de Bolivia al mar, constitutivas de injerencia en asuntos que conciernen al país anfitrión, para culminar con bochornosos exabruptos que indignaron con plena razón a la delegación española y que representan un irrespeto para todos los participantes. Algo sintomático fue que el Presidente boliviano priorizara jugar fútbol a concurrir a una recepción oficial en La Moneda. Y no menor es el desafío de Daniel Ortega cuando no acepta la moderación del debate que hacía la Presidenta Bachelet como anfitriona del encuentro. Esas actitudes desprestigian a todo el continente. Incómodo fue también el momento que eligió el Presidente de Uruguay para agudizar su conflicto con Argentina.

En el balance, la declaración de clausura reafirma el escepticismo que despiertan estas reuniones. Ella muestra insuficiente sustancia, ambigüedades, ausencia de un objetivo preciso -como el crucial de una observancia democrática real- y reticencia a exigir el cumplimiento de los compromisos alcanzados en esta cita y en las anteriores. Estas debilidades expresan las divisiones y regresiones que experimenta Iberoamérica en materias tan trascendentales como las libertades políticas y económicas. Es frustrante que tantos esfuerzos y recursos culminen en eventos con exceso de retórica, en vez de acuerdos y orientaciones que iluminen el futuro, incrementen la integración y respondan a las aspiraciones de bienestar para los latinoamericanos.

La próxima cumbre iberoamericana -de haberla, tras la inexcusable conducta de Chávez- debería centrarse en una reflexión más pragmática sobre su funcionamiento, su coordinación con la profusión de otras cumbres regionales y, especialmente, en la manera de alcanzar acuerdos que permitan capitalizar el crecimiento económico que experimenta Latinoamérica.


Editorial - El Mercurio
http://www.noticias24.com/actualidad/?p=9664