domingo, 11 de noviembre de 2007

La prensa española carga unanimemente y con gran dureza contra Hugo Chávez









El diario “El Mundo” dedica hoy su editorial al incidente que tuvo lugar en la Cumbre. Para el diario, el Rey le dijo a Chávez “las 5 palabras que hace tiempo merecía que alguien le dijera: ¿Por qué no te callas?”. También “La Razón“, que llama “GORILON” a Chávez, ABC, El Periódico, que destaca que Chávez es cada vez más impresentable, “La Vanguardia” (que usa un tono muy duro”) y “El País” lo abordan. Vea las portadas y editoriales.

El diario La Razón ataca con enorme dureza a Hugo Chávez, no sólo en su editorial, sino también en una nota que publica el Director del periódico.

Por su parte, su Director José Alejandro Vara incluye el siguiente comentario:

La justa ira del Rey

Como Jefe del Estado, el Rey ha representado tradicionalmente la imagen exterior de España. Ha sido nuestro mejor embajador, el muñidor de acuerdos, el enmendador de errores, el gran procurador de las empresas españolas en los mercados internacionales. Con habilidad, con prudencia y con inteligencia.

Ayer, el Rey, salvó la dignidad de España en la sicalíptica cumbre de países latinoamericanos. El gorilón Chávez, dictadorzuelo con falsas credenciales democráticas, había llamado golpistas a los empresarios españoles y había insultado al ex presidente del Gobierno español. Esto último, en la misma línea que Zapatero, su Gobierno y sus terminales mediáticas.

El Rey blandió su ira, ordenó callar a Chávez y a otros caudillitos, se levantó y se fue. Lo que no hizo Zapatero.

El diario ABC, que destaca además lo inédito de este gesto en la figura del Rey de España, respalda en su editorial al Monarca español:

El Rey se planta

SU Majestad el Rey acreditó ayer, en la clausura de la Cumbre Iberoamericana, su condición de hombre de Estado. Con su espontánea exhortación al presidente de Venezuela -«¿por qué no te callas?», espetó a Hugo Chávez en réplica a sus reiterados ataques a José María Aznar y a los empresarios españoles-, Don Juan Carlos demostró una vez más, y con inusitada contundencia, que es el principal garante de los intereses de España y el mejor valedor del prestigio internacional de nuestro país y de la credibilidad de nuestras instituciones.

El innegable acto de afirmación nacional y de lealtad a la Monarquía que ha representado la histórica visita de los Reyes a Ceuta y Melilla ha sido una prueba más de la madurez de nuestra primera institución. En este contexto, la respuesta del Rey, plantándose ante los irritantes insultos y ofensas de Chávez a España, no viene sino a rubricar la autoridad moral de Don Juan Carlos, su generosidad y su firme compromiso con los intereses de nuestro país y de su Gobierno, independientemente de quién lo haya presidido desde la instauración de la democracia. Y todo ello, dejando además en evidencia, si no en ridículo, tanto a quienes hoy queman públicamente fotos del Rey como a los que reclaman su abdicación o le achacan gratuitamente, y sin rigor, desapego por el anterior Gobierno.

La justificada intervención del Rey en este incidente lamentable demuestra, de otra parte, que las Cumbres ya no pueden seguir siendo una simple celebración repetitiva de un hecho histórico que nos une a todos los iberoamericanos, porque eso ya no aporta mayores consecuencias sobre el progreso de nuestras sociedades. Cuando un foro como éste no puede tomar partido entre las naciones democráticas y las que no lo son, sencillamente se torna inútil para todos o, en el peor de los casos, se convierte en un pretexto para la exhibición indecente de las dictaduras.

Hugo Chávez se ha sentido más a gusto en la cumbre paralela con los movimientos llamados alternativos, a los que él mismo financia con el dinero de los petrodólares. Sin duda, Venezuela habría estado mejor representada en Chile por los estudiantes de la Universidad de Caracas que se juegan la vida ante matones del régimen chavista para exigir pacíficamente el retorno de la democracia para su país. A Chávez le han defendido los representantes de Cuba -con casi medio siglo de dictadura- y de Nicaragua, en la persona de Daniel Ortega, que ya fracasó una vez en su propósito de instaurar un régimen totalitario en su país y ahora ha vuelto a ser presidente, también financiado por Chávez.

Al margen de la injustificable conducta de éste, y al margen también de que pocos dudarán a estas alturas de que el episodio de ayer es en cierta medida una consecuencia de la errática política exterior del Gobierno en la legislatura que concluye, las ideas que ha defendido España en esta Cumbre han sido las correctas: el respeto, la libertad y la seguridad jurídica como bases para el progreso. Lógicamente, la gran mayoría de los representantes de otros países apoyaron a Don Juan Carlos, porque son conscientes de que el camino por el que Chávez quiere llevar a sus compatriotas venezolanos -y a los ciudadanos de otros países en los que interviene descaradamente- es un suicidio.

Las empresas españolas y las de otros países con grandes inversiones en Venezuela saben ya cuál es el destino de sus esfuerzos. De hecho, la queja del presidente de la CEOE no fue sólo una defensa franca del empresariado español, sino una seria advertencia sobre las nefastas consecuencias que para la economía de todo el continente encierra la deriva populista y bolivariana, caracterizada por los tics caudillistas y la nefasta gestión de los recursos públicos. Las instituciones españolas, así como el empresariado y los ciudadanos saben también hoy, como lo han sabido siempre, que velar por los intereses de nuestro país, por nuestra estabilidad y por nuestro prestigio en el mundo no es un mero ejercicio de retórica. Es un deber que el Rey asume de modo ejemplar y acorde a su responsabilidad.

También Ignacio Camacho escribe un artículo sobre el tema, titulado “El Rey en su sitio”, donde destaca que “si un golpista bananero insulta a una personalidad española, o si un grupito de dictadorzuelos mal reciclados descargan su matonismo chantajista sobre los intereses de las empresas españolas en América, o si un racimo de demagogos populistas se ciscan en el nombre de España para granjearse las simpatías de una chusma exaltada, el que tiene que poner pie en pared es el Gobierno de España”. Y añade que, si el Gobierno no lo hace, como no lo hizo ayer Zapatero, “pues queda el Rey. Para levantar el dedo y decir «tú te callas». Para irse de una mesa en la que un puñado de fantoches con guerrera, a los que nuestra diplomacia acostumbra a tratar con una humillante deferencia, ofende la honorabilidad de una nación democrática, de sus empresarios y de sus dirigentes públicos. Para erigirse en referencia de respeto. Para poner al país, con un par, en el sitio en el que no lo sabe situar su Gobierno“.

El editorial de El País, titulado “Cumbre borrascosa” se muestra más cauto:

La Cumbre Iberoamericana de Santiago comenzó con esperanzas después de varios años durante los que arreció la crítica a estas citas. Una de las razones que explican las expectativas fue la elección del tema principal de la agenda, la cohesión social, un asunto que permite trazar con precisión la frontera entre las políticas populistas y los modelos socialdemócratas que están enfrentándose en el continente. Por este motivo, no son de extrañar los desplantes y provocaciones que han protagonizado varios de los dirigentes, con Hugo Chávez al frente. Su estrategia de estos años ha consistido en presentarse como los únicos gobernantes preocupados por la desigualdad y la exclusión, y los resultados alcanzados durante esta cumbre han supuesto para ellos un categórico desmentido. Sería un grave error minusvalorar estos resultados frente a los histrionismos que han salpicado los dos días de reunión.

Pero la cumbre no sólo ha puesto en evidencia la pugna entre dos modelos políticos en América Latina. Ha mostrado, además, las dificultades a las que se enfrenta cualquier política exterior cuando el grado de ruptura entre las principales fuerzas llega a los extremos que se han alcanzado en España. Rodríguez Zapatero salió en defensa del ex presidente del Gobierno José María Aznar ante los extemporáneos e inaceptables ataques de Chávez. Cumplió con su deber con la corrección y contundencia que exigía el foro de Santiago, algo que el propio Aznar reconoció y agradeció anoche al Rey y a Zapatero. También don Juan Carlos estuvo en su papel, puesto que el presidente venezolano cruzó con sus descalificaciones la línea de lo tolerable en una relación entre países soberanos. La reflexión no estaría completa si no se subrayase que el contenido de las declaraciones en las que se ha instalado Aznar desde su salida de la presidencia del Gobierno no ha estado a la altura de las responsabilidades que cabría suponerle, contribuyendo a deteriorar la convivencia interna y creando graves e innecesarias dificultades para España en el plano internacional.

La Monarquía está adquiriendo en los últimos tiempos, y por razones diversas, un protagonismo que no facilita la imprescindible labor de moderación que tiene asignada en el sistema constitucional, y que a la vista del grado de crispación que ha alcanzado la vida política en España es más necesaria que nunca. A los partidos les corresponde la mayor responsabilidad para facilitar el regreso del sosiego a las instituciones, incluida la jefatura del Estado. La proximidad de las elecciones exige en determinados ámbitos mayores dosis de sentido institucional y no de confrontación. Es una ensoñación creer que los resultados de marzo serán capaces de reparar por sí solos el insensato deterioro que se está produciendo en los órganos decisivos para el funcionamiento del Estado. La figura del Rey no debería estar por más tiempo en el primer plano político.

El diario catalán “El Periódico” de Barcelona titula su editorial: “Los excesos de Chávez y los errores del PP”:
La actitud del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en la cumbre iberoamericana que ayer se clausuró en Santiago de Chile se situó en la más pura línea demagógica y populista que ha hecho de su régimen una mezcla de democracia formal y procedimientos bananeros respaldados con una inconsistente retórica bolivariana, cada vez más impresentable en el marco internacional.

Chávez nos tiene acostumbrados a sus diatribas radiofónicas al estilo de los predicadores de ultraderecha. Pero llevar esas poco rigurosas maneras a una reunión internacional de máximo nivel hasta el punto de llamar reiteradamente “fascista” al expresidente del Gobierno español José María Aznar es intolerable y crea un conflicto que jamás debió llegar a producirse.

Si lo que perseguía Chávez era ocultar la grave crisis que vive su país para presentarse en la escena internacional como un nuevo Fidel Castro que marca el rumbo de los desfavorecidos de la comunidad iberoamericana, se ha vuelto a equivocar. Las relaciones de Venezuela con España son muy importantes para ambos países y no deben ponerse en peligro por los coyunturales aprietos de un presidente que no es precisamente un modelo de defensor del Estado de derecho.

Dicho esto, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo bien en recriminar con contundencia la actitud de Chávez. La representación española no podía de ninguna manera tolerar que un expresidente democrático fuera tachado de fascista. Ante semejante manifestación, el Rey de España, presente en la reunión, acabó de perder los nervios y pidió al presidente venezolano que se callara.

Tal vez no era lo más adecuado. Pero el calentón del Monarca refleja hasta qué punto era incómoda para la delegación española la diatriba del venezolano. Fue una buena decisión que el Rey volviera a la reunión tras el incidente. Como lo fue la protesta de Rodríguez Zapatero, quien hizo bien en actuar como representante de España y no de un partido político que mantiene fuertes discrepancias con Aznar.

El propio expresidente tuvo que salir a rectificar al PP agradeciendo la defensa de Zapatero y el Rey, enmendando de paso la plana a otros portavoces populares que demuestran que el partido que más habla de patriotismo es, a menudo, el que no lo demuestra. Gabriel Elorriaga culpó al Ministerio de Exteriores de esta crisis. Otra espléndida ocasión para callarse, como debieron hacer Chávez y también Daniel Ortega, que le secundó de forma intolerable. Si Rajoy quiere convencer a la sociedad de que puede ser presidente de todos debe reconvenir a Elorriaga e imponer la sensatez, que pasa por apoyar la política exterior del Gobierno frente a demagogos y oportunistas.


También el diario catalán La Vanguardia aborda el tema en su editorial titulado “Una cumbre por tierra“:


Las reiteradas provocaciones del presidente venezolano, Hugo Chávez, a las que siguieron las de su homólogo nicaragüense, Daniel Ortega, echaron por tierra los positivos resultados de la XVII Cumbre Iberoamericana, que se clausuró ayer en Santiago de Chile. Las diatribas contra los empresarios españoles y los insultos al ex presidente español José María Aznar, por parte del dirigente venezolano, obligaron al presidente Rodríguez Zapatero a exigir “respeto democrático” para su antecesor y terminaron por exacerbar hasta tal punto el clima de la reunión que llevaron al Rey a abandonar momentáneamente la sala, un gesto sin precedente.

De hecho, el populista Hugo Chávez ya venía dando señales de que pretendía dinamitar la cumbre iberoamericana. Lo hizo manteniendo el interrogante de su asistencia, retrasando su llegada por hallarse dialogando con la guerrilla colombiana y provocando a los dirigentes españoles con sus insultos a los empresarios, a la CEOE y, de forma reiterada, al ex presidente Aznar.

Tratar de buscar una justificación política racional a la actitud del presidente de Venezuela, un militar bolivariano golpista, se hace difícil. Aunque no hay que perder de vista que tiene convocado un referéndum para la reforma constitucional el próximo 2 de diciembre. Una reforma que pretende instituir para el país un pretendido modelo socialista y que ha de permitir la reelección indefinida del presidente, que ahora está limitada a dos mandatos. Una reforma que aboca a Venezuela al autoritarismo y que le otorgará la presidencia perpetua a Chávez. Es decir, un golpe de Estado.

Con seguridad, Hugo Chávez pretende ir más allá al tensar la cumbre con ayuda de su socio, el ex sandinista Daniel Ortega, que fue quien encendió la mecha al acusar de mafiosos a los empresarios españoles en su país, palabras que provocaron el gesto real de abandonar la sala. Con anterioridad, don Juan Carlos había conminado a Chávez a callar cuando éste trataba de interrumpir la defensa que el presidente Zapatero hacía de José María Aznar.

Chávez es un salvapatrias que, con los beneficios del petróleo, antes que destinarlos a sus compatriotas, pretende influir y dominar la región. Hasta ahora, Bolivia, Cuba y Nicaragua son los principales socios del venezolano, aunque el primero da señales de un cierto distanciamiento. Por tanto, a Chávez no le interesa estar en un foro multilateral como la Cumbre Iberoamericana, que, aunque modesta en sus aspiraciones, precisamente en Santiago de Chile había empezado a dar pasos concretos y positivos para fortalecer la cohesión social y la lucha contra las enormes desigualdades, y donde se llegó a un importante acuerdo para extender el derecho a prestaciones sociales a todos los inmigrantes iberoamericanos en cualquiera de los 22 países.

En todo caso, el incidente tendrá sin duda consecuencias para las relaciones de España con Venezuela y deja en el aire la presencia de este país caribeño en las próximas cumbres iberoamericanas.

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