lunes, 19 de noviembre de 2007

El último rey de Escocia en Venezuela


Asumiendo que va a ser difícil que el Presidente venezolano cese en sus infamias a España, el gobierno español tendrá que enfrentarse a su encrucijada lo más pronto posible para no deteriorar el proceso.

Parece ser que el conflicto diplomático creado en la Cumbre Iberoamericana de este año escala hacia el inicio de una crisis diplomática. El Presidente venezolano prosigue en su afán de insultar a España, a sus instituciones, a sus empresas y a sus ciudadanos. Ahora utiliza radios y televisiones venezolanas afines a su régimen (las no afines dejaron de existir hace algún tiempo).

Hablando de televisión, esta situación me recuerda a la película “El ultimo rey de Escocia”. Una película más que recomendable, donde se desgaja exquisitamente la actuación del dictador de Uganda. En realidad, el país es irrelevante. Uganda, Cuba, Venezuela…Todos los totalitarismos son iguales. Todos tienen las mismas cualidades. En todos ellos reside una capacidad especial para atraer a los medios y ofrecerles grandes titulares. La prensa acude porque sabe que tiene asegurada la noticia y estos “personajillos” se sienten así poderosos. Su liderazgo carece absolutamente de rigor y se sustenta en sus propias infamias. Las que manipulan a su pueblo para convertirlo en un rebaño obtuso y cerril. Con la palabra corrompida, con la que hieren como un puñal de filo japonés.

El Presidente de Venezuela, como el dictador de “El ultimo rey de Escocia”, hablar es lo único que puede hacer para mantener su poder. Con un país cargado de problemas internos y de relaciones internacionales apagadas, lo que queda por hacer es utilizar los medios a diario para demostrar al pueblo el gran peso político que recae sobre ellos. Hablar es lo único que pueden hacer para ganar tiempo y excusas. Por eso no se pueden callar, Majestad, ni lo va a hacer nunca. El día que eso ocurra y no exista el circo ambulante que les rodea, el pueblo verá la dura verdad desnuda y eso no conviene.

Bajo mi punto de vista, el comportamiento de la comitiva española no fue malo, no hubo nada lamentable en la respuesta al Presidente venezolano. Atrás dejo los debates secundarios de protocolo y me centraré en lo que toca: ¿y ahora, qué?

Asumiendo que va a ser difícil que el Presidente venezolano cese en sus infamias a España, el gobierno español tendrá que enfrentarse a su encrucijada lo más pronto posible para no deteriorar el proceso. Una opción podría ser manifestar la desaprobación a la actitud del gobierno venezolano cesando las relaciones diplomáticas mediante la retirada del embajador español en Venezuela y expulsando al embajador venezolano en España. Si eso ocurre, habrá que pensar muy bien y por anticipado cómo garantizar la seguridad de los ciudadanos españoles que residen en Venezuela y de las corporaciones españolas con sede allí. Esta opción sigue la doctrina de mi querido bostoniano Benjamín Franklin: “El amor a la libertad hace a los hombres indomables y a las naciones invencibles”.

La siguiente pregunta engancha a la de arriba. Los españoles y las empresas españolas en el país caribeño, tendrían garantizada la seguridad si el gobierno de España no toma represalias? Rotundamente no. De hecho, si fuese yo el responsable de exteriores español, ya habría ordenado a la embajada la corroboración del censo de residentes en caso de una posible evacuación. El presidente venezolano es un dictador, seguro que arremeterá contra los intereses españoles en su territorio. Habrá que estar prevenidos.

La otra opción sería intentar la negociación. Eso podría calmar la crisis si se le piden excusas al presidente venezolano. En cualquier caso, pida quien pida disculpas, el transcurso de la Historia nos ha enseñado la negociación con regímenes totalitarios es estéril y refuerza a los dictadores. Sin embargo, siempre existe una tendencia a pensar que el disimulo y los oídos sordos harán que todo pase más rápido. Esta opción sigue la sabiduría del Talmud, que reza: “Dichoso aquel que oye un insulto y simula ignorarlo, pues evita un centenar de males”.

¿De verdad evitaremos los males ignorando los insultos del Presidente venezolano? No lo creo. Y a buen seguro que, si las cosas siguen sin abordarse, Venezuela retirará el embajador de España dentro de poco. A mi me convence más empezar a presionar diplomáticamente con la retirada del embajador, pero creo que para sonrojo de España, todo se arreglará con una tercera y secreta opción. Una buena aportación económica a las arcas privadas del Presidente acabarán rápido y seguro con toda la polémica. Esa es la opción más vergonzante para España, pero la más eficaz. Con la cercanía de las elecciones, el partido del Gobierno no querrá que esto transcienda más de lo que ya lo ha hecho y seguro que optará por esta vía. Todos volveremos a ser tan amigos como antes, y el sol volverá a lucir y los pajaritos a cantar. Y ustedes que lo vean.

Por Daniel López-Serrano
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=2650