miércoles, 15 de abril de 2009

11 de abril de 2002: Leyenda negra









Aquel 11 de abril los venezolanos respiramos libertad, heroísmo y democracia

Han transcurrido siete años de la masacre de Miraflores y el régimen, con una política sistemática de descalificación, pretende borrar de nuestra memoria histórica la noble batalla que dieron aquellos venezolanos, ignorando intencionalmente la contundencia de sus actos. Es indispensable para ellos mostrarse como un poderoso ente monolítico inmune a cualquier "amenaza", sin embargo deben recurrir a las más grotescas trampas para intentar callar la voz del pueblo venezolano.

Alrededor del 11 de abril, con lo que esa fecha significa, se ha construido toda una realidad virtual, usando una campaña sucia cuyo único fin es transformar el pasado de una manera favorable para el régimen, ello significa, entre otras cosas, que las víctimas aparezcan como victimarios. Esta expresión de crueldad, injusticia e impunidad implica el desprecio por la idiosincrasia y la cultura democrática de nuestro pueblo.

El 11 de abril de 2002 ocurrió una de las manifestaciones más bellas, pacíficas, llena de ideales como nunca antes habíamos visto en nuestro país. Un pueblo noble salió a luchar por lo que siempre se nos ha querido arrebatar, el derecho supremo a sentirnos orgullosamente venezolanos. Más allá de las diferencias, movidos por la impotencia de ver cómo la patria se derrumba ante nuestros ojos, la ciudadanía se unió en un solo grito de paz. Quienes participaron en aquella heroica experiencia pueden dar fe de ello.

En la búsqueda de los culpables de la "conspiración de abril" se ha recurrido a la persecución indiscriminada, todo el que convenga está bajo sospecha. Amañar un juicio, haciendo gala de un cinismo sin precedentes, sentar en el banquillo a venezolanos inocentes no es más que un insulto a nuestro país y una canallada para los familiares de los presos. No se puede dejar de mencionar al "tiburón sin careta", quien pretendió usar a un grupo de nobles oficiales para que masacraran al pueblo, cosa a la que obviamente se negaron.

Hoy reivindico aquella protesta, creo que esa desobediencia cívica y democrática mostró qué tienen por dentro los venezolanos de bien. Lo que ocurrió después es objeto de otro análisis, la realidad es que ese día respiramos libertad, heroísmo y democracia. Paz a los muertos y solidaridad con nuestros presos.

Ernesto Alvarenga
El Universal