lunes, 6 de abril de 2009

Los Juristas del Comunismo


Pistolero a sueldo del régimen chavista disparando contra los manifestantes opositores el 11ABR2002




Con la oprobiosa sentencia, emanada de un tribunal de la República este 3 de abril de 2009, que condena a los comisarios Iván Simonovis, Henry Vivas, Lázaro Forero y a otros seis efectivos de la Policía Metropolitana, a penas de 30 y 17 años de presidio, por los sucesos de abril del 2002, el régimen militarista y comunistoide que sojuzga a Venezuela, se ha quitado definitivamente toda vestimenta democrática y enseña sus partes más íntimas.

Un proceso plagado de innumerables irregularidades, ahíto de transgresiones al ordenamiento jurídico vigente, alejado de los más elementales principios del derecho penal, e imbuido de una grotesca carga política, produce la sinrazón judicial pero cumple su propósito. ¿Cuál? Pués, entregarle al tirano, el trofeo requerido para afirmar su ánimo de perpetuación en el poder, para amedrentar a la disidencia democrática, y para anunciar que esta justicia comunista -en sintonía con las restantes ramas del poder público- impondrán todo lo que haga falta, para consolidar el desarrollo dictatorial, totalitario y hegemónico del régimen.

Todos los afeites y perfumes que servían de ariete al celestinaje de la izquierda internacional, para justificar la tiranía, ya no logran disimular los hedores que se desprenden de tan profundas y tenebrosas interioridades. Lo que algunos se negaban a aceptar, y otros simulaban desconocer, ya es un cuerpo entero –expuesto en pelotas- para que lo miremos en sus reales y putrefactas dimensiones. Chávez y su patota militar-cívica se han desvestido por completo, para que sepamos que han decidido quedarse por siempre en el poder, y que no serán débiles escrúpulos institucionales, los que detendrán su objetivo y abyecta El fin de la parranda petrolera ha aligerado los tiempos de la revolución, y esa minúscula “pantaletica” que hacía las veces de argumento democrático para los amigos, y de justificación acobardada para los adversarios, había que quitársela ya, para que todo el mundo sepa a que atenerse.

Ocurre no obstante, que ante tanto embate criminal y totalitario, el elemento ideológico sigue retrasando y condicionando la necesaria unidad que reclama esta hora aciaga venezolana. La carga ideológica continúa matizando las indubitables verrugas pestilentes de este socialismo del siglo XXI. Ante la inverosimilitud y las deleznables sentencias de un poder judicial acoplado a los dictados del comunismo en el poder, se sigue hablando de “Los Juristas del Horror Nazista”, y no como debe ser, de “Los Juristas del Comunismo”.

Se hace alusión al desaparecido “totalitarismo nazi” de la Europa de los años 30 y 40 del siglo pasado, pero se obvia el aún presente “totalitarismo comunista” que se regodea implacablemente en muchas naciones del mundo actual. En nuestro caso particular, es altamente censurable esta desmemoria y dejadez, cuando todos los venezolanos sabemos, que es el “totalitarismo comunista cubano”, el que diseña, planifica y -muchas veces- ejecuta, las acciones “horrorosas” del régimen chavista.

Ya lo decía Jean Francois-Revel en su obra “El Conocimiento Inútil”: “...tratar lo pasado como actual y lo actual como pasado, es una mala manera de preparar el futuro.”. “Nuestra vigilancia con respecto al pasado nazi tiene diversas funciones. Una, indispensable, consiste en no dejar borrar su recuerdo ni que se pierda la lección. Otra es la contraria: consiste en ahogar ciertos aspectos, por no poder confesarlos o asumirlos. Una tercera función, en fin, y que en la práctica es la más importante, consiste en actualizar de un modo imaginario y artificialmente heroico, en mantener para el nazismo un estatuto de peligro actual, en relacionar con él toda clase de fenómenos del mundo contemporáneo, con objeto de conservar el mito de que existe aún en la humanidad de fines del siglo XX y, verosímilmente, durante largo tiempo, no un solo totalitarismo, sino dos, de peso sensiblemente igual.” “Esta equivalencia artificial tiene por función, también, minimizar las fechorías del comunismo, de presentarlo como menos temible y menos condenable, del mismo modo que el miedo, en sí mismo legítimo al comunismo, sirvió absurdamente de justificación a los que ayudaron o justificaron al nazismo antes de 1945. Razonar así era ya un error cuando existían realmente dos totalitarismos y no uno solo, pero absolver o tolerar uno cuando el otro ha desaparecido, es una aberración abismal, que no tiene siquiera la excusa de ser un mal cálculo.” “La evocación de los crímenes hitlerianos debiera tener por efecto incitarnos a prevenir el retorno de nuevos crímenes parecidos o, si no pudiéramos impedirlo, hacernos ser mucho más severos que antes con sus autores. Sin embargo, lo que sucede es lo contrario. Los genocidios nazis y fascistas del pasado sirven de circunstancias atenuantes a los genocidios comunistas del presente o a los exterminios tercermundistas “revolucionarios”.

Ciertamente –digo yo- hay que desenmascarar y enfrentar toda complacencia con el castro-chavismo comunista que sojuzga a Venezuela. El casi monopolio que tiene la intelectualidad izquierdista en los medios de opinión nacional, no debe amilanarnos. Estar alerta, poner las cosas en su lugar, y no temer que su alta visibilidad mediática, ahogue las voces de quienes intentamos poner de relieve la sinrazón comunista, es una tarea indelegable.

La señora Maryori Calderón no cumplió su indecoroso papel de “Jurista del Horror”, para contribuir con un lejano y abominable totalitarismo nazista. Esa “Jurista del Oprobio”, sentenció a favor de –y en aras de consolidar- un muy cercano totalitarismo comunista. Ese que el izquierdismo castro-chavista intenta implantar en Venezuela. De manera, que esa “izquierda buena” venezolana e internacional, no debería ir tan lejos -ni en el tiempo, ni en el espacio- a buscar ejemplos para contrastar la trágica realidad de nuestro país.

Allí, a escasas millas en el Mar Caribe y en este preciso momento, está la mejor expresión y el más acabado modelo que se intenta construir definitivamente en Venezuela: El criminal, oprobioso y asqueante “totalitarismo comunista cubano”, que aún hoy –algunas almas buenas de esa izquierda internacional- justifican y convalidan de manera abyecta y deleznable.


Luis V. Márquez
Analítica.com
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/6808379.asp