martes, 14 de abril de 2009

Siento nauseas por la “jueza”, que manera tan fría de recordarnos que la naturaleza humana puede ser más repugnante que masticar un gusano venenoso.


Es contigo


No pretendo siquiera imaginar las emociones que han de estar chupándole la vida a los familiares de los dignos oficiales vejados de la forma más brutal que puede haber: el robo de su libertad.

Esos policías lejos de cárcel, merecen honores y agradecimiento, porque gracias a ellos se evitaron más muertos, gracias a ellos hoy muchas familias tenemos hijos vivos, conyugues, amigos, personas que no existirían si estos nobles venezolanos se hubiesen abstenido de cumplir con el deber que tenían de proteger a la población civil de unos desalmados que, sintiéndose guapos y apoyados (y lo estaban), dispararon a mansalva ese oprobioso 11 de abril.

Siento nauseas por la “jueza”, que manera tan fría de recordarnos que la naturaleza humana puede ser más repugnante que masticar un gusano venenoso.

Y esto me lleva a preguntarte a ti amigo lector:
¿qué vas a ser tú al respecto? ¿Acaso sientes que la cosa no es contigo?
Luis Ugalde nos recordaba hace días que el peor de los bellacos fue Pilatos, porque en el momento decisivo decidió lavarse las manos cuando pudo evitar una abominación.

No sé que estás haciendo, eso es problema tuyo y de tu conciencia. Pero Venezuela está siendo violada salvajemente, ya somos muchos los testigos de esta desgracia.

Frente a tus ojos y los míos nuestros compatriotas han perdido la vida, la libertad, la propiedad…

¿Crees que a ti no te pasará?

Me atrevo a afirmar que ya te está pasando, estamos todos a un paso de perder la dignidad, el respeto por uno mismo.

En tus narices y las mías se han perpetrado todos los crímenes, hasta el extremo de invitar a nuestra tierra, como huésped de honor, a uno de los peores asesinos que hoy sufre el planeta.

No tenemos tanques de guerra, y tampoco somos asesinos.

Pero a ti y a mi aún nos queda nuestra dignidad, que debemos defender hasta la muerte.
No guardes silencio.

Si no haces nada, lo pierdes todo, así de simple.


Por Juan Carlos Sosa Azpúrua
Diario de América