martes, 14 de abril de 2009

¿Hasta Cuando?


En Venezuela lo que hubo fue un retroceso, una matanza, corrupción, privación de libertad y negación de justicia.


Bony de Simonovis, Yajaira de Forero, Theresly Malavé fueron a la Fiscalía General de la República a denunciar las amenazas de muerte que han recibido, tanto para ellas como para sus familiares si continúan con la defensa de sus esposos, pero además declarando a través de los medios acerca del juicio seguido y las sentencias dictadas a los comisarios y policías metropolitanos injustamente condenados por el Caso del 11 de Abril.

Al parecer no es suficiente que sin pruebas que los incriminen hayan sido sentenciados a la máxima condena: ¡30 años de prisión!. La única explicación que tiene este ensañamiento es que quienes dieron la orden de buscar chivos expiatorios, tergiversaron testimonios, condenaron no de acuerdo a la esencia y objetivo del cargo que desempeñan, sino a ordenes superiores tienen la conciencia sucia. Definitivamente no hay peor juez que la propia conciencia, esa es una vocecita que habla desde adentro, y, que no puede ser callada. Por más que se grite mandando a callar a quienes hacen ejercicio de un derecho legítimo al denunciar lo que es inmoral e injusto, no logran el silencio deseado.

Quizás el dolor y las lágrimas de los familiares de los comisarios y policías metropolitanos, sean su compañía al acostarse, pero su sueño es tranquilo, no tienen en el alma la certeza de haber cometido un crimen contra seres inocentes. Ellos pueden verse al espejo y no sentir vergüenza, pueden hablar con sus hijos y saber que las palabras que ellos digan y que sus hijos escuchan son verdad, no tienen que mentir con respecto a la vida, y, el trabajo de quienes han sido sentenciados porque solo cumplieron con su deber.

Quienes son culpables del delito de calumnia, de encubrimiento de un hecho punible, quienes dejaron de servir a la justicia para servir otros intereses, no podrán vivir tranquilos, y, no porque alguien los persiga o los amenace, sino porque saben que han anidado a la deshonestidad en su alma. Y, esa imagen es la que ven en cualquier superficie que refleja un yo que es inocultable.

Ellos tendrán que explicar mintiendo el porque actuaron en forma tan canallesca, y, quienes los escuchan sabrán que su palabra no merece crédito alguno.

Ellos tratarán de decir que sus acciones fueron motivadas en pro de la defensa de la revolución, y, la respuesta que obtendrán será ¿Cuál revolución?

En Venezuela lo que hubo fue un retroceso, una matanza, corrupción, privación de libertad y negación de justicia.

La única pregunta que nos formulamos los ciudadanos que vemos con estupor lo que sucede en nuestro país es ¿Hasta cuándo?


Por Mercedes Montero
Diario de América