martes, 17 de junio de 2008

El partido de la derrota

Esperan tan ansiosamente un fracaso en Irak que hasta serían capaces de provocarlo


Durante cinco años, los líderes del Partido Demócrata han estado contando a los norteamericanos, a los aliados de los Estados Unidos y a los enemigos de los Estados Unidos que su país era una nación agresora que había violado el derecho internacional y que en la práctica era "el malo" en la guerra contra el régimen de Saddam Hussein.

La mayor parte de las conversaciones acerca de las próximas elecciones se centran en una cuestión de qué candidato es el más apropiado para liderar a la nación mientras se enfrenta a los desafíos y las amenazas que se avecinan. Una cuestión más apropiada sería plantear si hay un partido -- el Partido Demócrata -- que ha manifestado a través de sus palabras y sus obras que no es apropiado para liderar a la nación en tiempos de guerra en absoluto. La crítica a la política del gobierno es esencial para una democracia. Pero en los cinco últimos años el Partido Demócrata cruzado la línea entre crítica de una política de guerra y el sabotaje fundamental de la propia guerra, una postura que ningún partido americano había adoptado hasta la fecha.

Empezando en julio de 2003, apenas tres meses de iniciada la guerra en Irak, el Comité Nacional Demócrata difundía un anuncio en la televisión nacional cuyo mensaje era "lea entre líneas: El Presidente Bush engaña al pueblo americano. Fue el comienzo de una campaña implacable de cinco años de duración encaminada a persuadir a los americanos y sus aliados de que “Bush mintió, gente murió," que la guerra era "innecesaria" y que Irak no era "ninguna amenaza." En otras palabras, durante cinco años, los líderes del Partido Demócrata han estado contando a los norteamericanos, a los aliados de los Estados Unidos y a los enemigos de los Estados Unidos que su país era una nación agresora que había violado el derecho internacional y que en la práctica era "el malo" en la guerra contra el régimen de Saddam Hussein.

El primer principio de la guerra psicológica es destruir la moral del comandante en jefe contrario y desacreditar la causa de su nación, pero este es el perfecto resumen de la campaña que ha sido emprendida a lo largo de la duración de esta guerra por toda la dirección del Partido Demócrata, siendo Joe Lieberman la honorable excepción que como resultado fue expulsada del partido.

La única tabla de salvación de los Demócratas sería que sus acusaciones fueran ciertas -- que hubieran sido engañados para apoyar la guerra, y que si hubieran vuelto en su contra solamente a causa de haberse dado cuenta de su error, pero esta acusación es patentemente falsa.

En la práctica, la afirmación de que Bush mintió para engañar a los demócratas para que apoyasen la guerra es la mayor mentira de toda la guerra. Cada Senador Demócrata que votó a favor de la guerra tuvo encima de su despacho antes de la votación un informe de 100 páginas llamado “National Intelligence Estimate,” que resumía toda la información de Inteligencia de América sobre Irak y que fue utilizado para justificar la guerra. Vivimos en una democracia; en consecuencia, el partido de la oposición tiene acceso a todos los secretos. Hay Demócratas que ocupan puestos en el Comité de Inteligencia del Senado, que supervisa todas las agencias de Inteligencia de los Estados Unidos. Si cualquier Demócrata de ese Comité, incluyendo al Senador John Kerry, hubiera solicitado cualquier información de Inteligencia, habría dispuesto de esa información sobre su escritorio en cuestión de 24 horas. La afirmación de autojustificación de que Bush mintió para engañar a los Demócratas es una acusación fraudulenta sin base en la realidad.

Los Demócratas cambiaron sus opiniones sobre la guerra por un motivo y solamente uno: en junio de 2003, un Demócrata de extrema izquierda llamado Howard Dean iba camino de ganar la nominación presidencial del Partido compitiendo con la acusación de que América era el malo en la guerra de Irak y que él nos sacaría de ella.

La acusación de que Irak no suponía ninguna amenaza es otra afirmación falsa del ataque Demócrata en la guerra de América por defenderse. Rasgo característico de los líderes del Partido Demócrata, el ex vicepresidente Al Gore dice ahora que "Irak no suponía ninguna amenaza" porque era una nación "frágil e inestable". Pero si esto fuera cierto, el mismo argumento se aplicaba a Afganistán el 10 de septiembre de 2001. Afganistán tiene la mitad de tamaño que Irak y es un país mucho más pobre y mucho más inestable; no tiene petróleo y su gobierno no invadió dos países ni utilizó armas químicas contra su propia población como hizo Sadam. Pero al proporcionar asilo a terroristas, Afganistán hizo posible el asesinato de 3.000 americanos en media hora y permitió hacer a Osama bin Laden lo que alemanes y japoneses no lograron en seis años de Segunda Guerra Mundial: matar americanos en suelo americano. Ese es el motivo de que en febrero del 2002, un año antes de la guerra en Irak, Al Gore dijera que "Irak es una amenaza virulenta en su propia especie" y que el Presidente Bush debía "tomas medidas excepcionales" para hacer lo que fuera necesario para confrontar a Saddam Hussein.

Pero la más interesada y engañosa de las mentiras contadas por la dirección Demócrata es esta: se puede apoyar a las tropas y no apoyar la guerra. No se puede. No se puede decir a un chico de 19 años que está arriesgando su joven vida en Faluya y que está rodeado de terroristas que quieren matarlo que para empezar, él no debería estar ahí; que está "con los malos" -- con los agresores, con los ocupantes, aquellos que no tienen ningún derecho moral a estar en Irak. No se puede hacer eso y no socavar su ánimo, animar a sus enemigos, privarle de aliados y ponerle en peligro. Y eso es exactamente lo que han hecho los Demócratas -- y lo han hecho todos los Demócratas -- en seis años de guerra de América por negar la victoria a los terroristas en Irak. Tal partido no es apropiado para liderar a esta nación en tiempos de guerra. Colocarlo en posición de hacerlo sería invitar a una tragedia de proporciones épicas.

Por David Horowitz
Diario de América
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=4182

1 comentario:

Martín G. Ramis dijo...

Cuando yo tenía cuatro añitos me embarqué con mi madre hacia Caracas, pero sólo estuvimos un año; a mi madre no le gustó y volvimos a Mallorca.
Me encantaría hacer teatro en Caracas.
En estos momentos estoy de gira con una de mis obras de teatro: ESTA NOCHE HAY QUE MATAR A FRANCO, un éxito donde los haya, aunque sólo en las Baleares.
Quizá el año que viene vaya a Madrid, Dios dirá.
Te recomiendo estos dos blogs: martin-garrido.bolgspot.com y Las cosas de Martín G. Ramis.
somos dos personas diferentes.
Suerte.