domingo, 24 de febrero de 2008

Afilando los cuchillos largos


Se busca tapar los ojos para mandar tuertamente en un país de ciegos

Uno de los más fieles y eficaces colaboradores de Adolfo Hitler fue el capitán Ernst Röhm. Organizador de las tropas de asalto (SA), base de la formación del partido nazi, Hitler lo hizo regresar de su autoexilio boliviano (donde ayudó a crear la aviación de ese país) para acompañarlo en su asalto final al poder. Fueron sus tropas las que en enero de 1933 se echaron delirantes a la calle para celebrar el nombramiento del cabo austriaco como canciller de Alemania; fueron ellas también las que reventaron vidrieras de comercios judíos y quemaron sinagogas en la "Noche de Cristal" antisemita. En todos los desfiles, con el brazo estirado por el saludo a la romana, aparecía siempre al lado del Führer.

Sin embargo, fue el primero en caer bajo las balas nazis en la llamada "Noche de los Cuchillos Largos", cuando Hitler comandó una operación para liquidar la cúpula de las SA que estaba actuando demasiado "por la libre".

Incrustó a garrotazos

Röhm murió gritando ¡Heil Hitler!, saludo que él mismo había incrustado a garrotazos en el vocabulario cotidiano de todos los alemanes. De modo que su muerte no fue llorada por nadie: ni por sus propios compañeros de partido ni por supuesto por los opositores que, en los campos de concentración o en el exilio, pensaron (porque no podían decirlo) que así paga el Diablo.

Es un poco lo que está sucediendo y con todos los mutatis mutandi que se quiera agregar, con los avatares que hoy plenan los días del diputado chavista Luis Tascón. Su propio jefe, con el pulgar mostrando el suelo como en el circo romano, decreta su defenestración; su nonato partido lo expulsa por una "unanimidad" no por fetal menos real; a la llamada "Asamblea Nacional" se le encarga darle el tiro de gracia. No creo que sean muchos los que en la oposición, vayan a derramar siquiera una lágrima por el organizador de ese gigantesco pogrom de la infame "Lis Tascón". Pero todo ese lío demuestra la preocupación central del mandamás en lo relativo a su Gobierno.

¡Que no se note!

La cual puede resumirse en la famosa frase de Cantinflas : "Compatriotas : no hay que ser. Y si se es, ¡que no se note!".
Veamos el asunto en detalle. Tascón denuncia un presunto "guiso" cuyo caldo nada tiene de morado, porque las únicas manos que se mojaron allí son las del hermano de Diosdado Cabello (no vale la pena llamarlo por su propio nombre, pues su único mérito parece ser su parentesco con ese gobernador).

Según dice el denunciante, él no está acusando a nadie, sino pidiendo que se investigue. Pero, dijo el capo de tutti i capi, esa sola y dubitativa denuncia equivale a entregar armas al enemigo. ¿Cuál enemigo? La cosa hubiese quedado a oscuras, y esta pregunta sin respuesta, si el hermano de su hermano no hubiese puesto a trabajar sus meninges a tiempo completo para descubrirlo.

Se trata en verdad de un descubrimiento que ni Rodrigo de Triana : el imperio. Ese mismo imperio del cual Tascón, no contento con ser un peón, se dejó instalar un chip capitalista por Bill Gates en persona.

Pasados de sal o desabridos

Resumiendo: a Diosdado le importa un pito si su hermano sabe o no cocinar, si sus guisos se pasan de sal o son desabridos. Lo que no soporta es que eso se diga. Por su parte, la señora Cilia Flores quiere expulsar de su cargo a uno de sus propios diputados no por haber aceptado una petición para que se discuta el asunto, sino por haber dejado que la prensa lo supiese. Ella preferiría que el asunto quedase envuelto en ese mismo misterio que oculta los méritos que (aparte de los de alcoba) ella puede haber acumulado para llegar a presidir la Asamblea Nacional.
Liguemos esto a la feroz campaña mediática y antimediática contra Globovisión, culpable del peor de los delitos que pueda haber a los ojos del comandante en Jefe: el crimen de informar. A él le importa poco si en su inacabable logorrea se le van múltiples contradicciones, sino que ese canal lo demuestre poniendo a hablar a Chávez contra Chávez. A él no le importa que su Gobierno se caiga a pedazos destrozado por la ineficiencia, la malversación y la corrupción: lo que le importa es que los ojos de la gente vean.

Es urgente una venda

Lo más urgente entonces es ponerle una venda a esos ojos cercando, insultando y, llegado el momento, liquidando a Globovisión. El colmo de los colmos lo acaba de alcanzar Izarrita, que acusa a ese canal de insultar a un presidente que ha dicho que el mejor programa de la TV venezolana es La Hojilla, por su carácter "pedagógico"; y que no desdeña ir personalmente a participar en él, y a amenazar a la oposición con jugarle "al rojo" aunque sin precisar en cuál posición.

Lo de la venda y los ojos no es una metáfora. Es curiosa la obsesión que con ellos tiene este Gobierno. La tiene Chávez, para quien, en un discurso que llegó a hacerse famoso, puso por los cielos a Diosdado Cabello no por sus méritos militares o políticos, sino porque tiene los ojos muy "bonitos". La mostró también Isaías Rodríguez, que parado sobre la raya (bordeline) confesó que su testigo estrella en el cangrejo de la muerte de Danilo Anderson lo había engatusado con sólo una tersa mirada. Y le provoca rabietas a un Roy Chaderton que cree merecida la condena de un político mexicano por haberle torcido los ojos.

Hay que andar pues, ojo avisor: los cuchillos largos que está afilando el chavismo son para clavarlos en los ojos de la gente. Porque el socialismo del siglo XXI impone que en Venezuela hasta el más tuerto de los chafarotes pueda mandar en un país de ciegos.

Manuel Caballero

El Universal

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