viernes, 15 de febrero de 2008

De fiesta con Exxon


La propaganda, decía Goebbels, debe estar al nivel del más estúpido de los oyentes



Fiel a su práctica consuetudinaria de endilgarles a otros lo que ellos hacen, el régimen no podía menos que inventar que hay por ahí opositores celebrando las acciones intentadas contra PDVSA, cuando es todo lo contrario. Que mal disimulan los representantes del gobierno la satisfacción que les produce encontrarse, por fin, en el rol tan acariciado de contendores del imperio.

Tanto, que su primer argumento es destacar los supuestos vínculos de EXXON con el gobierno americano, como si fuera una PDVSA gringa, de manera que rápidamente se pasó de una controversia arbitral entre antiguos socios corporativos a una confrontación entre estados, mejor dicho, entre el bravo pueblo venezolano y la insolente planta del extranjero que ha hoyado el suelo de la patria.

Sería extraordinariamente arduo explicar que no es equiparable la relación de EXXON con los EEUU a la de PDVSA con el estado venezolano; como explicar que Venezuela no le vende petróleo directamente a EEUU, de estado a estado, sino que existe todo un enjambre de proveedores e intermediarios para llevar los productos a ese mercado, no pocos de los cuales son, precisamente, filiales y concesionarios de PDVSA.

De manera que esta suerte de embargo al revés, de suministros de Venezuela contra EEUU, en realidad resulta en un embargo de PDVSA contra sí misma, que generará incumplimientos de contratos y previsibles nuevas demandas.

La propaganda, decía Goebbels, debe estar al nivel del más estúpido de los oyentes. Desmontar la propaganda mendaz, en cambio, requiere de una sutileza que está completamente fuera del alcance de "las masas". Propaganda que debe dirigirse al sentimiento, no al intelecto, de manera que su eficacia no es racional, ni razonable. ¡Bingo!, para nazis y comunistas, por igual.

Para los teóricos, lo que produce perplejidad de la propaganda totalitaria no es su mendacidad, que es más o menos común a toda propaganda política, sino la indeclinable propensión a convertir sus mentiras en realidad.

De manera que es completamente inútil preguntarse si el dictador totalitario y sus seguidores creen realmente en sus mentiras, porque lo más grave es la convicción que tienen de que la verdad puede fabricarse ex post. La verdad sería un subproducto de la voluntad (política) o, para decirlo con palabras del docto capitán Ramón Rodríguez Chacín: cuando la política entra en un asunto, la verdad sale despavorida.

Por supuesto que es mentira que todo opositor a la dictadura sea "un cipayo del imperio"; pero esto es completamente irrelevante, una vez que se genera un conflicto internacional en que se ponen en juego los intereses nacionales. Esto convertiría a los opositores al régimen "objetivamente" en enemigos de la patria. La premisa es que el régimen represente realmente los intereses del país lo que, por supuesto, no es el caso. Pero eso también sería demasiado arduo de explicar. Otro bingo para los comunistas.
Pero como quiera que más allá de la propaganda y el problema de la verdad en política, existe una controversia real en tribunales internacionales, que no son especialmente sensibles a la vocinglería oficialista, entonces algo tienen que decir los cerebros jurídicos de la revolución y ¿qué dicen?

Bueno, que los constituyentes de 1999, por ignorancia, falta de patriotismo o ambas cosas, dejaron pasar en el contenido del actual artículo 151 de la Constitución una excepción que permite que los contratos de interés público puedan ser sometidos a la jurisdicción de tribunales o árbitros internacionales.

Esto no es poco decir, sobre todo considerando que todos eran chavistas, salvo las pocas excepciones que confirman la regla y en su mayoría todavía están en el gobierno, salvo también honrosas excepciones. Pero lo realmente sustancial es que el problema se concentra en la "inmunidad de jurisdicción", o sea, que Venezuela nunca debería someter sus asuntos a ningunos tribunales que no sean los propios.

Lo único que hace inteligible este argumento es que lo expone Luis Britto García, que todo el mundo sabe que es humorista, por lo que fácilmente cede a la mayor tentación que los anima, que es precipitar las carcajadas del público.

De manera que para LBG los intereses de la EXXON bien pueden ponerse con toda confianza en manos de ilustres magistrados como Luisa Estela Morales o del mismo Carrasquero (ex presidente del CNE), que han declarado que la justicia tiene que ser revolucionaria, la una, y que no puede ser neutral y alejada de la política, el otro.

Pero yendo al fondo del argumento, ¿por qué serán tan malos los tribunales y árbitros internacionales? ¿Será que no existe justicia en el mundo, salvo en Venezuela? ¿O será más bien que saben, en el fondo, que nadie, en ninguna parte, les dará la razón?

En toda su encendida proclama patriótica LBG, presentado por el semanario La Razón como "constitucionalista y experto en temas internacionales", olvida lo que realmente es, profesor de Historia de las Ideas, por lo que debió repetir muchas veces la máxima clásica "pacta sunt servanda", que los pactos deben cumplirse y no dice, por ningún lado, si este régimen cumplió o no los contratos celebrados con la EXXON y otras empresas transnacionales, que parece que es el meollo del asunto en cuestión.

La EXXON sólo a recurrido a un arbitraje y a tomar medidas cautelares para asegurar un resultado, como lo haría cualquier persona prudente, ante alguien indigno de confianza. En derecho, eso no debería empeorar su situación en otros asuntos no controvertidos, lo que sí sería tomarse la justicia por propia mano, cosa que ellos no han hecho.

De muy poco sirve rasgarse las vestiduras por la patria, si en el fondo se sabe que no se ha cumplido con lo originalmente pactado y mucho más al fondo, que se está buscando la confrontación por motivos políticos y de manipulación ideológica: presentarse ante la izquierda mundial como anti imperialistas.

Una vez más, sería extraordinariamente arduo explicar que si fueran realmente anti imperialistas, entonces deberían oponerse al imperio persa, chino, ruso e incluso brasileño, que se encuentran en fase expansiva y no al americano y menos al británico, que ya no puede llamarse ni imperio sino commonwealth.

¿Quiénes pueden celebrar con toda propiedad el pleito con la EXXON? En primer lugar, los bufetes de abogados, por cierto, norteamericanos, que cobran honorarios escalofriantes por sus servicios, sin garantizar ningún resultado satisfactorio para el cliente, en este caso PDVSA o, más exactamente, la República de Venezuela.

¿Que el precio va a subir a 200 US$ p/b? ¡Fiesta para las transnacionales! Que todo el mundo ya sabe que se llevan la parte del león y los productores las migajas, que tampoco es que sea poco. Pero ¿qué dirán nuestros hermanos de Centroamérica al Uruguay con un barril de petróleo a ese precio astronómico?

¿Qué no le vamos a mandar crudo a EEUU? Si Venezuela hace años que no sabe a dónde va a parar lo que produce, ni cuánto es lo que produce. Cualquier turista puede acercarse a la playa de Amuaycito y los señores de la cooperativa que maneja las fritangas y los botes le señalarán la fila de buques que salen de allí mar afuera, con destino desconocido, como si fuera parte de los atractivos para visitantes.

Como Cuba no puede faltar en ninguna fiesta bolivariana, no puede dejar de recordarse que de exportador de azúcar y tabaco cambió su estructura de ingresos externos, apoyándose en cuatro patas: las remesas de "gusanos" u otros cubanos en el exterior, el turismo sexual animado por las jineteras, el narcotráfico y ¡las exportaciones petroleras!

Como nadie sabe de dónde saldrían las inmensas inversiones que harían falta para producir lo que dicen, ni dónde están esos yacimientos e instalaciones que se encubren bajo el rubro de "producción minera", entonces, no puede menos que pensarse que están haciendo fiesta, con lo que nada les cuesta.

La tesis de los daños económicos recíprocos, de Bernard Mommer, cuya asesoría le cuesta a Venezuela más que los bufetes norteamericanos, es inconsistente, no sólo porque responde a una lógica de guerra fría, aquella "destrucción mutuamente asegurada" o al llamado "equilibrio del terror", que es tan caro a los árabes musulmanes, sino por la mucho más sencilla razón de que EEUU no vive de comprarle petróleo a Venezuela y nosotros sí vivimos de vendérselo a ellos.

Una lista de invitados no podría estar completa sin gente como Wilmer Ruperti, que ya debe tener su plan de contingencia para movilizar sus buques, en caso de que haya que llevar crudo a Irán o Rusia, que como producen más que aquí, también tienen mucho que celebrar con este pleito.

El Caribe siempre ha sido un mar de piratas implacables; pero, de los cofres de oro brillante han pasado al oro turbio, que además, apesta.

Por Luis Marín
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=3339