miércoles, 13 de febrero de 2008

Ante las ruinas del socialismo chavista


Costará mucho precisar en un futuro próximo si fue la terquedad, la ingenuidad o la irresponsabilidad, la causa eficiente del fracaso del experimento político que Hugo Chávez llamó “socialismo del siglo XXI”, y algunos de sus críticos “capitalismo de estado” puro y simple.

Etiquetas que de todas maneras no expresan la enormidad del absurdo de un esfuerzo, que no tenía un átomo de probabilidad de salir exitoso, que se demostró inviable desde el primer día, y sin embargo, fue sostenido porque, Chávez, pensaba que triunfaría donde fracasaron Lenin, Stalin, Mao, Kim Il Sung y Castro.

O sea, que frente a Chávez espantaban las ruinas aun humeantes de la URSS, China, Cuba, Corea del Norte y del resto de los países comunistas, y a pesar de, insistió en imponerles a los venezolanos un viaje hacia el mismo paisaje árido, pútrido, retorcido, e infestado de basura mohosa y repelente.

El colmo de colmos, sin embargo, es que enfrentado al desastre del socialismo del siglo XXI, a la catástrofe de su propio socialismo, al colapso de la nueva utopía con la cual pretendió corregir la vieja y lo que hizo fue replicarla y aumentarla, Chávez se niega otra vez a aterrizar en la realidad, a escuchar la voz de los hombres y mujeres que le hablan en venezolano e insiste en reinstrumentar una mentira que de, tan conocida y sufrida, no cursa sino entre muecas, picadas de ojo y mal disimulas burlas.

Buena prueba de ello es el incidente ocurrido el viernes de la semana pasada en Santa Bárbara de Barinas, cuando en una reunión con miembros de una cooperativa, hubo de escuchar a un grupo de campesinos que lo interrumpieron para decirle que lo planes emprendidos para crear un pequeño fundo productor de leche “no estaban operativos, ni tenían rendimiento productivo alguno”.

En cristiano, que se había perdido un año, una cantidad que pasaba de los 500 millones de bolívares, tierras laborables, alguna maquinaria y cuando Chávez presentaba el fundo como ejemplo de empresa socialista, viene un campesino de nombre, José Maldonado, y le dice:

-Presidente, yo no se de que cooperativa, de que fundo, ni de que leche habla, porque aquí llevamos un año y lo que se ordeña es medio litro de leche por vaca.

-Yo creía que teníamos un tremendo centro de producción aquí-responde atónito-y resulta que cada vaca da una gota de leche.

Sí, presidente, “una gota de leche”, que es la frase que se le puede aplicar al conjunto de la producción de las cooperativas, de las empresas de producción social y de las ahora llamadas empresas socialistas, y no es por incompetencia del ministro Jaua, ni de los medianos y pequeños productores, ni de los obreros, ni de los campesinos, sino de la inviabilidad del modelo socialista, sea el viejo o el nuevo, el del siglo XX y el del siglo XXI, pues su única eficacia es la de promover la ruina, la miseria y la desigualdad entre los pueblos y países que cometen el error de creer en las buenas intenciones de irremediables como usted.

De modo que lo que tiene que hacer presidente es desmontar tamañas antiguallas, deshacerse de tan aborrecibles anacrónicas, renunciar a un sistema chatarra que conducirá a los venezolanos a hambrunas crecientes y recurrentes, como las que en su tiempo vivieron la URSS, China, los países del Este y aún viven Cuba cada vez que se derrumba un país socialista amigo o Corea del Norte cada vez que se retrasa la ayuda humanitaria internacional.

Desandar lo andado y llamar de nuevo al sector privado de la economía, darle las garantías jurídicas para producir, respetar la propiedad privada, estimular el crédito y el financiamiento, y entender que sin producción capitalista, no hay distribución, ni justicia social posible-

Creo que la España de Felipe González y sus sucesores, el Chile post Pinochet, y las Rusia, China, países del Este, y el Vietnam postcomunistas, tienen algunas ideas que compartir sobre el tema.

Manuel Malaver

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