miércoles, 20 de mayo de 2009

Defender la libertad de todos

"La libertad no puede suprimirla nadie a su capricho, es condición intrínseca de la raza humana, estirpe esta que dispone de soberano albedrío y conciencia de sus actos", escribe el columnista.



Observar a la Defensoría del Pueblo colocarse al servicio del régimen, demuestra la decadencia a la que hemos llegado. La señora Gabriela Ramírez, igual a la mujer del César, no solamente debería ser honrada, sino parecerlo.

Requerir desde su alta investidura, cuando está llamada a ser garante de los derechos de cada ciudadano, sanciones para los medios "que crean zozobra", y que son a su entender los no oficialistas, es la demostración más lamentable de un magro papel y su poca o nula coherencia.
Ignoramos si la Defensora lee poco o mucho, pero aún así le recomendamos "Nueva visita a un mundo feliz", libro escrito muchos años después de su famosísimo "Un mundo feliz" por Aldous Huxley. Allí pide que se inicie sin demora la educación para la libertad. Y aunque no está seguro de su triunfo, estima que luchar por ella es el deber de todo ciudadano consciente.

Las páginas no tienen desperdicio, pero si la señora Ramírez no puede o no desea abordarlo completo, puede limitarse a dos capítulos dedicados a la propaganda en una sociedad democrática y bajo dictadura.

Cuando la autonomía informativa falla o sus reglas de juego, al decir del periodista español Pablo Sebastián, "son tan ambiguas que permiten la existencia de un solo poder sin control", es por la radio, prensa y televisión, cauce del debate informativo e intelectual, el lugar por donde se escapa un hilo de libertad capaz de atar los pies a un poderoso caudillo.

Thomas Jefferson dijo: "Si una nación espera ser ignorante y libre, espera ser algo que nunca fue y nunca será… La gente no puede sentirse segura sin información. Donde la prensa es libre y todos pueden leer, hay seguridad".

El tercer presidente de los Estados Unidos sabía también por experiencia que se "podía abusar vergonzosamente de la libertad de prensa", aunque prefería eso, antes que el mandamás de turno fuera el que atropellara.

Albert Speer, el ministro de Armamento de Hitler, nos legó la siguiente confesión: "La dictadura del Führer difirió en un punto fundamental de todas sus predecesoras. Hizo un uso completo de los medios técnicos para la dominación de su propio país. Mediante elementos como la radio y el altoparlante, 80 millones de personas fueron privadas del pensamiento independiente y sometidas a la voluntad de un hombre".

No se olvide: la libertad no puede suprimirla nadie a su capricho, es condición intrínseca de la raza humana, estirpe esta que dispone de soberano albedrío y conciencia de sus actos.
Nuestros pueblos posiblemente necesiten médicos y maestros, pero aún más la libertad. Sin ella, ciertamente, se puede curar el cuerpo herido, pero el espíritu queda gangrenado.

Cadena Global