viernes, 7 de diciembre de 2007

Chávez ante el rechazo popular a su iniciativa constitucional


CARACAS, 7 Dic 2007 (AFP) - El presidente Hugo Chávez sufrió una derrota personal en el referendo del domingo pasado, la más dura de digerir de las que ya experimentó, porque se la inflingió el pueblo venezolano.

El mismo pueblo que lo eligió tres veces a la presidencia, que salió a la calle el 13 de abril de 2002 para defenderlo del Golpe de Estado, que escuchó esperanzado el discurso de su rendición en febrero de 1992, por primera vez le dio la espalda. Chávez incluso les dijo que votar contra su propuesta constitucional personalísima, elaborada de su "puño y letra", que aumentaba su poder y permitía su reelección indefinida, además de instaurar el socialismo, equivalía a votar contra él, a votar por su peor enemigo: George W. Bush.

En estos últimos años, ese pueblo con una gran mayoría de pobres que viven en barrios precarios, se politizó, participó en el debate público, creyó en las organizaciones de base de la sociedad civil que les resolvían los problemas de agua corriente, de titulación de la propiedad de sus casas, se benefició de las misiones sociales del gobieno. Leyeron su reforma y la discutieron en familia, con sus amigos, con desconocidos en el metro y los carritos (transporte público), y decidieron que 'No'.

Demasiado poder para un solo hombre, demasiado poder sin control, demasiados enemigos en boca del presidente, demasiados riesgos para que todo dependiera sólo de él. Chávez no lo entiende así, porque para él es evidente que sin él no hay revolución. Por lo tanto el jueves recriminó al pueblo, sobre todo al de Caracas, al pueblo de los barrios pobres que votaron 'No'.

Pero cometió el error de subestimarlos, de decirles que se dejaron "chantajear por el imperialismo y sus lacayos", con ese lenguaje de los desvanes del siglo XX. Dijo que no quería "revolucionarios de pacotilla" y que no le importa quedarse "con cuatro o cinco revolucionarios"..., porque sabe que no todos los que lo rodean comparten su ideal de revolución, inspirado por su entrañable amigo y mentor, Fidel Castro.

Ahí radica el problema. Chávez, que llegó al gobierno en 1999 como bolivariano, es decir seguidor del libertador Simón Bolívar (1783-1830), un aristócrata criollo, republicano y nacionalista, constructor de una unión sudamericana que no perduró, se fue forjando en su fuero íntimo una idea de revolución socialista. En febrero de 2005 lo asumió públicamente por primera vez, entusiasmando a los marxistas de su entorno, que no eran muchos. En 2006, sin mayor elaboración, dijo que si era reelecto llevaría al país hacia el socialismo.

Después de triunfar con 63% de los votos, les anunció a los venezolanos que habían optado por el socialismo. Entonces, a marcha forzada, procesó su propuesta constitucional socialista, fusionó desde el Estado a los grupos que lo apoyan en un Partido Socialista Unificado (PSUV), absorbió las organizaciones de base de la sociedad civil en los consejos comunales controlados por el Estado y obtuvo poderes para legislar por decreto para implantar el nuevo régimen.

El rechazo a la reforma congeló el montaje del socialismo y el refuerzo de su poder personal, lo que no le facilitará sus ambiciosos planes de unión regional. El va a utilizar su carisma, aunque sin el aura de invencibilidad que hasta ahora tenía, al PSUV y a los consejos comunales, así como a las arcas pletóricas de petrodólares, para intentar convencer al pueblo de su proyecto.

Pero eso ya no alcanza, porque después de nueve años el gobierno sigue arrastrando problemas endémicos de ineficiencia, corrupción, inseguridad e inflación, y si el presidente no se dedica a gobernar la insatisfacción aumentará. Por lo tanto, el rechazo a la reforma le plantea a Chávez, por primera vez, un grave dilema, entre su proyecto de revolución y la democracia venezolana.

"El mensaje más importante fue dado por las bases del chavismo, en el sentido de que si bien su liderazgo no está en cuestión, tampoco tiene un cheque en blanco", opinó la historiadora

Margarita López Maya /AFP.


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Un terremoto político sacudió el liderazgo de Chávez en Venezuela

CARACAS (AFP) - El rechazo a la constitución impulsada por el presidente Hugo Chávez, que le negó un cheque en blanco a su ambiciosa reforma socialista, desató un sismo político que conmocionó a Venezuela y plantea un desafío al liderazgo que el mandatario busca en el continente.

Con un poco más de 50% de votos, los venezolanos rechazaron el domingo en un referéndum un proyecto que le habría permitido a Chávez acumular nuevos poderes en sus manos, y sobre todo la reelección continua cada siete años, con la amenaza de llegar hasta 2030.En Venezuela se gestó "una disidencia que atravesó en forma vertical toda la sociedad, desde la cúpula hasta las bases chavistas", explicó Ismael García, el diputado que encabezó en el Congreso la disidencia del partido socialdemócrata Podemos, que en 2006 había entregado más del 10% a Chávez para su reelección.

En un año exacto, Chávez vio derrumbarse su votación de los 7,2 con los cuales fue reelecto en 2006 a los casi 4,3 millones de sufragios que logró el domingo su proyecto de reforma. La oposición vio incrementar su caudal en unos 300.000 sufragios, de 4,2 a 4,5 millones, justo la minúscula diferencia 1,4% que permitió frenar una cadena de triunfos electorales chavistas que se prolongó por nueve años.

El desinterés en el proyecto de reforma fue patente en los barrios populares chavistas, según observaron periodistas de la AFP, y el mismo mandatario argumentó esta madrugada que el 44% de abstención afectó más al oficialismo que sus adversarios. La erosión provino de todos los campos, desde los académicos, como el alemán Heinz Dieterich, creador del concepto de socialismo bolivariano del siglo XXI, que cuestionó la reelección, o de los militares como el ex ministro de Defensa, Raúl Baduel, que llamó a votar en contra de la propuesta.

Con su conocida tozudez Chávez dijo en su discurso de la derrota: "No retiro ni una sola coma de esta propuesta", levantando una copia de la constitución de color rojo con la que pretendió reemplazar el librito azul de la Constitución Bolivariana que él mismo enarboló en 1999. Leopoldo López, el joven alcalde del municipio de clase media de Chacao, afirma que la reforma para establecer un estado socialista "fue la batalla de la ciudadanía contra un proyecto estatista, que desplegó todos el poder del Estado y la riqueza petrolera al servicio de un proyecto político".

En cuanto a la oposición, el dramático resultado es una lección para "los sectores que no creían en la que salida en Venezuela era la vía electoral y democrática, que el pueblo quiere la reconciliación nacional", dijo el dirigente estudiantil Ricardo Sánchez. "Esta en manos de Chávez si se sigue con la confrontación" dijo. Y agregó que con el movimiento estudiantil que encabezó el rechazo a la reforma "llegó el relevo generacional asumiremos nuestro papel de darle un nuevo rostro" al liderazgo nacional acotó.

El temperamento combativo de Chávez fue llevado al extremo en su discurso de cierre de campaña, donde amenazó con nacionalizar a las empresas españolas si se agravaba su diatriba con el rey de España, o cortar los suministros de petróleo a Estados Unidos si se desata la violencia tras el referendo. "Su furia verbal es una táctica militar basada en la provocación constante" afirma Alberto Barrera, coautor de la biografía no autorizada 'Chávez sin uniforme', quien admite que "sea su espíritu mesiánico o su populismo fervoroso, nadie puede negar su carisma".

Chávez transformó el referendo en una opción entre el apoyo a su liderazgo y el voto por el gobierno de Estados Unidos, precedido de una gira que lo llevó a pedir a la OPEP utilizar el petróleo como arma geopolítica y defender el programa nuclear del iraní Mahmud Ahmadinejad. "Su proyecto de convertirse en heredero radical en la escena mundial ha sufrido un revés crucial", dijo a la AFP Edmundo González Urrutia, ex diplomático de carrera que sirvió a Chávez en su primer gobierno y director del Centro de Estudios Diplomáticos y Estratégicos.

La derrota de Chávez provocó reacciones de alivio en Colombia, particularmente entre la coalición que apoya al mandatario Alvaro Uribe. El silencio de La Habana reflejaba la dimensión del golpe a su principal aliado; Estados Unidos se adelantaba a calificarlo de "buen augurio" y la oposición en Bolivia celebró como suya la victoria del 'No'.