miércoles, 12 de diciembre de 2007

Los Castro y Guevara. Represión y muerte


Guevara dijo que había que fomentar el odio entre los guerrilleros para convertirlos en eficaces maquinas de matar.



La disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México a Cuba a bordo del Granma es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar, publicada en su libro Ernesto: Una Biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: “Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre”.

Los hermanos Castro, Guevara y Cienfuegos, al principio de la Revolución cubana, no se cansaron de anunciar tanto en Cuba como en el exterior, en Naciones Unidas y otras instituciones que iban a llevar a cabo la democratización del país, una reforma agraria profunda y una política basada en la justicia social.

Los Castro y Guevara, los sanguinarios lideres de la Revolución Comunista Cubana, en la ideología proclamada tanto nacional como internacionalmente declararon reiteradamente, siguiendo maquiavélicamente el manual de propaganda leninista (y que tanto influyo en Hitler como cuenta este en su libro Mi Lucha y como se puede apreciar en guías para la propaganda nacionalsocialista), que nunca impondrían un sistema comunista y que en el menor tiempo posible convocarían elecciones democráticas libres en Cuba.

Sin embargo, y desde el primer momento, en la practica real situaron en los puestos claves a marxistas-leninistas de su confianza y de forma implacable, con ellos dirigiéndolo, controlándolo todo e interviniendo personalmente en las mazmorras habaneras de La Cabaña (una especie de checa soviética y en la que el argentino Guevara figuraba oficialmente como Jefe de la Fortaleza Militar La Cabaña) para los presos políticos y en otros muchos lugares represivos (lo cual esta claramente documentado por múltiples y diversas fuentes, y que se han enriquecido mucho con la Caída del Muro de Berlín, el acceso a los archivos comunistas de Rusia, RDA, a numerosos testimonios, documentos, libros, escritos de dirigentes guerrilleros compañeros-camaradas de los hermanos Castro y Guevara, a rigurosos archivos creados en el exilio y que trataremos en próximos artículos, etc.; en mi página web: miguelcancio.com se da cuenta de una parte de dichas fuentes sobre las torturas, fusilamientos, desapariciones, etc. en las que participaron Guevara y los hermanos Castro), no solo torturaron, fusilaron, lincharon, hicieron desaparecer a miles de cubanos sino que, al poco tiempo, comenzaron a deshacerse de aquellos que, como Camilo Cienfuegos y otros muchos y muy importantes dirigentes de la Revolución cubana, se mostraron completamente en contra de la imposición del modelo soviético marxista-leninista-estalinista. Lo que se oponía totalmente a sus promesas de lucha contra la corrupción (y que ahora es generalizada en la Cuba comunista, castrista-guevarista), de libertad y democratización para Cuba.

Guevara al desnudo: máquina de matar, viva la guerra nuclear

El argentino Guevara, del que ahora se cumple el 40 aniversario de su muerte, en sus diarios, intervenciones y otros documentos, junto a sus compañeros-camaradas, etc. se definió como una fría y selectiva maquina de matar y se recreaba cuando iba a liquidar, a ejecutar a alguien (de lo que también hay testimonios).

Guevara dijo, también, que había que fomentar el odio entre los guerrilleros para convertirlos en eficaces maquinas de matar.

Tanto él como los hermanos Castro, y como ponen de manifiesto los papeles que se han desclasificado y otros documentos, criticaron a la Unión Soviética y a Kruchev en la Crisis de los Misiles en 1962 por no hacer frente nuclearmente a los Estados Unidos. Esto es lo que decía el apocalíptico de Guevara a favor de la guerra nuclear en un articulo suyo que no se hizo público: “Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a sociedades nuevas y que cuando se hace, sin consultarlo, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua; salta a la palestra para dar su voz propia y única, su posición combatiente, propia y única, y más lejos, su decisión de lucha aunque fuera solo”.

Argumentaciones como la que acabamos de establecer, en la misma línea y clave de onda han servido para llevar a cabo, promover y legitimar la tortura, el asesinato, las matanzas, las desapariciones, las hambrunas, las liquidaciones en masa, la muerte de del orden cien millones de personas en la URSS, China, Corea del Norte, Etiopía, Camboya, Zimbawe, Cuba y otros países comunistas.

En un excelente trabajo de Alvaro Vargas Llosa “The Killing Machine: Che Guevara, from Communist Firebrand to Capitalist Brand” publicado en la revista The New Republic (11-18 julio 2005) y traducido al español (se puede consultar en Internet) por Gabriel Gasave “La máquina de matar: El Che Guevara, de agitador comunista a marca capitalista”, a propósito del argentino Guevara como maquina de matar y de su gusto por la sangre, por la muerte, por el aventurerismo armado, linchador, terrorista, se dice lo siguiente:

Guevara puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su “Mensaje a la Tricontinental”: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Sus primeros escritos se encuentran también sazonados con esta violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de “siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo olor de la pólvora y de la sangre del enemigo”, Guevara compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación: “¿Revolución sin disparar un tiro? Estás loco”. En otras ocasiones el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo y la tragedia de las víctimas de una revolución. En una carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacóbo Arbenz, escribió: “Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía”.

La disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México a Cuba a bordo del Granma es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar, publicada en su libro Ernesto: Una Biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: “Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre”. Esta mentalidad había sido reforzada por su convicción de que Arbenz había perdido el poder debido a que había fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior a su ex novia Tita Infante había observado que “Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes”. No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personas‹enemigos probados, meros sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.

En enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra, Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que aquel se encontraba pasando información: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho...sus pertenencias pasaron a mi poder”. Más tarde mató a tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si esta víctima en particular “era en verdad lo suficientemente culpable como para merecer la muerte”, no vaciló en ordenar la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas, en razón de crímenes no especificados: “Tenía que pagar el precio”. En otros momentos simularía ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura psicológica.


Por Miguel Cancio

http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=2561