lunes, 28 de abril de 2008

El general tomó su fusil


El ministro de la Defensa, general Gustavo Rangel Briceño, en el acto del 198 aniversario de su ministerio, pronunció un discurso revolucionario, cuyas palabras son de una gravedad espeluznante. Ayer mismo, el presidente Chávez avaló su tesis, con lo cual se manifiesta que el alto militar recibió el encargo-orden del propio Jefe del Estado, de lo contrario, debiera haber sido destituido ipso facto. Un pronunciamiento tan resbaladizo y fuera de la Constitución, es un paso inequívoco hacia un gobierno de corte personalista y autoritario.

En el libro "Guerrilla y conspiración militar en Venezuela", escrito por el recordado Alberto Garrido con los testimonios de Douglas Bravo, William Izarra y Francisco Prada, hay este concepto del vicealmirante (r) Elías Daniel Hernández: "Las Fuerzas Armadas son garantes de la independencia y la soberanía de la nación. Se les confía la custodia de las armas y deben por tanto sustentar y preservar el orden jurídico y las instituciones democráticas". Tras las palabras inflamadas del general Briceño, eso ya no es así. Las tropas a su mando pasan al servicio de una ideología marxista a la que más de la mitad de los venezolanos no está adherido y la rechaza.

El ministro lo dijo con dureza: La Fuerza Armada ha perdido su carácter institucional, mientras catalogaba de cobarde a todo militar "institucionalista" e invitándoles de forma destemplada a irse del cuerpo castrense. "Debemos estar satisfechos quienes vivimos en esta época, porque llevamos la bandera con mucho orgullo hacia el socialismo, donde sólo hay muestras de amor y de felicidad", enfatizó.

Hay felicidades y amores que destruyen. El gobierno de Hitler amenazó a los militares que no estuvieran con el nazismo con sacarlos a puntapiés de los cuarteles. Hacia 1934, las únicas fuerzas no controladas por el ex cabo, eran el ejército y las "Camisas pardas", la SA, un cuerpo de dos millones de hombres dirigido por el coronel Ernst Röhm.

En la noche del 30 de junio del mismo año, fueron asesinados los jefes de las SA, y su líder, Röhm. La coartada favoreció el ascenso de la "Camisas negras", la antigua guardia personal de Hitler. Al mismo tiempo, el Ejército realizó un juramento de fidelidad personal al Führer reconociéndole como conductor del pueblo germano.

Aquí, con su postura, el general Briceño prendió fuego y lanzó gasolina a las llamas. Ante tal acción pirómana, el contexto nacional está tomando un peligroso sendero de difícil retorno.

Por Rafael del Naranco
El Mundo, Venezuela
http://www.megaresistencia.com/portada/content/view/2005/1/