domingo, 13 de abril de 2008

El museo del horror


"Tal vez Anderson estaba a punto de revelar algo gordo o se le atravesó a alguien"

Chávez ha cerrado filas con Isaías y se ha hundido un poco más en el tremedal. El país presencia estos días una operación de encubrimiento masivo: una capa de mentiras es recubierta por otra y otra y otra. Los autores de las primeras ya no se acuerdan de lo que inventaron y se contradicen y se enmiendan unos a otros, sin pudor. Es una operación que envuelve al Ministerio Público, al Poder Ejecutivo y al Poder Judicial (posada en donde Isaías se guarece, por ahora). Falta el acuerdo parlamentario de solidaridad con el ex fiscal, ante lo que será señalado como una grosera operación de la CIA.

Se hace necesario indagar por qué toda la estructura del Estado se mueve de manera abierta en la defensa de lo indefendible; por qué, sin mucho miramiento, Chávez instruye públicamente a la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, de cómo no se debe investigar a su predecesor. El país, mientras tanto, tiene el derecho a saber por qué no se averigua quién mató a Danilo Anderson; por qué las hipótesis asomadas por quienes dudan de la versión de Isaías Rodríguez no han sido investigadas.

¿Por Qué? Ese oscuro personaje, que da grima antes y ahora, el "testigo estrella", confirma que es partícipe y testigo de varios crímenes, y sale tan campante del país. Pero no hay que equivocarse: no es sólo que éste mintió, como si fuera el autor de sus mentiras, sino que formó parte de un entramado de simulaciones, ocultamiento y crimen, del cual es un fragmento, tal vez de los más grotescos, pero sólo un fragmento.

Ese sujeto fue requerido para cumplir una función dentro de una trama, así como fueron convencidos fiscales del Ministerio Público, jueces, policías, testigos falsos y otros personajes. Es posible que haya sido producto de una maquinación urdida por el ex fiscal, por motivaciones terribles instaladas en los recovecos de su alma, como él se ha encargado de publicitar en sus relatos autobiográficos. No hay que olvidar que Isaías proclama cada abril cómo fue que él rescató a Chávez cuando éste estaba renunciado, aterido entre las sotanas de sus protectores. No hay que olvidar la dimensión heroica que Isaías tiene para... Isaías.

La otra posibilidad es que haya sido producto de un proceso concertado para desviar la investigación con dos motivaciones alternativas o complementarias: acusar a unos inocentes para sacarlos del escenario, lo cual es evidente en el caso de la combativa periodista Patricia Poleo y en el caso del empresario Nelson Mezerhane. Con Patricia Poleo el Gobierno había alcanzado altos grados de exasperación porque la periodista se convirtió, en un momento, en referencia política; en el caso de Nelson Mezerhane, la explicación más plausible es que querían callar u obligar a vender a Globovisión, empresa en la cual participa como socio. No lo conocían.

Es factible que para involucrar a los demás hubiese similares razones (apartarlos del camino, meterlos como relleno en la trama, justificar los delitos cometidos en nombre de la solución del crimen de Anderson).

Los que manejaron la escabrosa conjuración no contaban con el coraje personal de los acusados y con que, desde entonces, éstos dedicarían sus vidas a defender su honor y a sus familias. Su tarea ha sido la de liberarse de imputaciones (lo que ante la opinión pública lograron sin dificultad y hace tiempo) y desmontar la nauseabunda trama que sus actores ahora contribuyen a develar.

Una alternativa puede ser también la de impedir o distorsionar la búsqueda de los asesinos materiales e intelectuales de Danilo Anderson. Ahora las preguntas se vuelven hacia "los enanos", detrás de los cuales siempre suele haber "gigantes"; la curiosidad se orienta a saber quién se beneficiaba o perjudicaba con las investigaciones del fiscal asesinado y de qué circuitos éste formaba parte. Tal vez, como se lee en las novelas policiales, el criminal está en el costado de alguna foto, en la escena del crimen. Tal vez Anderson estaba a punto de revelar algo gordo o se le atravesó a alguien en su camino.

Mientras todos los ocultamientos ocurrían, los López Castillo y otras familias lloran desde entonces a sus hijos muertos, varios perdieron su libertad o fueron arrojados del país; mientras, entre los autores de la patraña, la culpa hace su infatigable trabajo sobre conciencias podridas; porque lo del fiscal que habló, seguido del "testigo" de Isaías, reventó el tubo de aguas negras que baja desde el poder hasta la ciudad. No hay crimen perfecto, ni siquiera los de Estado.

Más Episodios. Este sórdido episodio apenas comienza y es el telón sobre el cual el Gobierno actúa en una de las operaciones más brutales que se haya realizado contra la sociedad, que es la masiva estatificación de los medios de producción privados (dicho en buen marxismo). No es socialismo, como las ánimas del purgatorio bolivariano desearían, es la repetición, a escala monumental, de las peores aristas del modelo económico que imperó en América Latina desde los años 30 hasta los 80.

Para proceder en esta dirección anuncia, simultáneamente, una alianza con la burguesía nacional -que la globalización ha absorbido- y cuyos integrantes en Venezuela han sido destruidos como clase. No, por cierto, para ser sustituidos por la dirección del proletariado y de las clases revolucionarias de enigmática existencia, sino para colocar en su lugar a las voraces pirañas que devastan Pdvsa y a todo lo que se mueva y tenga más de dos ceros a la derecha.

La revolución bolivariana, sumergida en caldo pútrido, es un conservado y rígido cadáver, al cual se le ha dejado la boca medio abierta, para que unos vean una sonrisa y piensen que es amable, en tanto otros divisen unos dientecillos puntiagudos y se aterroricen. Lo que existe es un Estado que se amplifica como tumor contumaz y, en esa medida, se anula como prestador de servicios. A su amparo crece una mafia empresarial bolivariana en la cual como nunca antes en una historia que, por lo demás, ha sido abundante en esos episodios, "los intereses especiales" privados han capturado la renta petrolera en la porción que no es del directo interés político del dueño de la hacienda.

Lo que Chávez no ha logrado entender a plenitud es que su Estado grandote, mío de mí, ese juguete de jeque con el que retoza, no puede manejarse sin que a su vera florezcan como parásitos diversos grupos de burócratas bolivarianos y sus socios de la nueva mafia empresarial.

Mientras esto ocurre, los ciudadanos se abalanzan sobre la gasolina en Táchira, se reparten las escasas provisiones de leche en Caracas, se amargan por el azúcar, se alzan en Sabaneta, y observan, a lo lejos, cómo florece el árbol de la ciencia con miles de candidatos que hoy no se pueden ocupar de los ciudadanos pero que prometen redimirlos tras noviembre.

Mientras, un recuerdo a la inmensa victoria popular del 11 de abril y a los caídos de esa hora.


Por Carlos Blanco

http://opinion.eluniversal.com/2008/04/13/opi_34919_art_tiempo-de-palabra_806191.shtml