domingo, 6 de julio de 2008

Contrastes militares


Entre desfile y desfile de las Fuerzas Armadas bolivarianas, las colombianas preparaban y ejecutaban una operación de rescate espectacular. Mal parada queda esta FAN ante sus pares colombianos. Lo analiza Carlos Blanco en El Universal.

Contrastes militares

Carlos Blanco

El contraste entre las fuerzas militares de Colombia y las de Venezuela es abrumador. Se puede apreciar la capacidad de destrucción institucional que se genera cuando se impone a los militares una misión diferente a la que les es propia en un Estado democrático. Al mismo tiempo, se observa el orgullo que poseen y el aprecio que las rodea cuando se dedican a su misión de manera profesional, en el marco del respeto a las leyes.

El Rescate. El éxito político y militar de Uribe ha sido ampliamente documentado esta semana. A lo largo de los años y pese a un carácter muy conflictivo, Álvaro Uribe se ha revelado como un formidable estadista. Algunos han tratado de ver al colombiano como un Chávez de derecha, para identificar el mal genio de aquél con las bravatas del venezolano. Es una equivocación. Ambos pueden tener agruras de carácter; pero el de allá actúa en el marco democrático y el de acá en el del autoritarismo. Los problemas del autoritarismo en Venezuela no son producto de un trastorno de personalidad de Chávez -que bien pudiera existir- sino de un proyecto político autocrático y hegemónico que ha producido una masiva destrucción del Estado, ahora controlado bajo un comando unipersonal fascistoide y militarista.

La rueda de prensa de Uribe fue impecable. Con el alto mando colombiano a su lado, con los rescatados del otro, con una audiencia conformada por familiares de éstos, entre los que destacaba Yolanda Pulecio, madre de Ingrid Betancourt y severa crítica del Presidente colombiano. Allí sobresalió el orgullo de los militares de tener a Uribe como comandante en jefe, se hizo evidente el respeto que los mandos le guardan y, sobre todo, el que éste tiene a sus subordinados. Uribe no solicita a los militares que lo apoyen en sus diferencias con los políticos opositores, no les requiere su solidaridad con su específica manera de entender el mundo, no los obliga a compartir una postura ideológica. Sólo los impulsa a cumplir con sus deberes constitucionales y legales.

Otro elemento fundamental es la transparencia. Uribe asumió su responsabilidad por la incursión en territorio ecuatoriano en marzo; igual ocurrió ahora, con una operación que tenía riesgos muy elevados; luego fueron él y sus colaboradores a discutir de cara a Colombia, en un país que los aplaude.

Si a todo esto faltara algo, allí están los rescatados, con Ingrid Betancourt a la cabeza, con emoción, reconociendo a su Presidente, no como jefe de un bando sino como representante de la Nación; a los militares, no como el brazo armado de una secta sino como herramienta del Estado y de la sociedad.

Mientras Tanto… El contraste con la FAN en Venezuela no puede ser más abrumador. Hace pocos días tuvo lugar el grotesco desfile militar con motivo del 24 de Junio. No sólo dejó un sabor a payasada sino que lleva a cavilar sobre lo que se destila en los sesos de unos oficiales generales que creen estar haciendo una gracia con ese teatro de mala muerte. A los pocos días un general que se querella por el uso de un eslogan anticonstitucional, es detenido por haber hecho una denuncia a la que como ciudadano tiene completo derecho; en vez de ser llamado a su comando, es capturado como si fuera un delincuente en las vecindades de su barrio. Poco tiempo antes, el ministro de la Defensa llamó “burros” a los militares institucionalistas, mientras que los oficiales de confianza del régimen saltan de Fuerte Tiuna a los ministerios, de la condición de activos a las candidaturas; y le hacen más caso a un teniente, como Diosdado Cabello, que a sus mandos regulares. Este circo se complementa con la ridícula obligación de recitar el eslogan negado en el referendo del 2D, mientras un oficial que hasta hace poco ostentó la más alta jerarquía después del Presidente es insultado por aquéllos que dócilmente se colocaban bajo su mando. ¡Los cuentos que tendrá Baduel sobre la vocación de oruga de varios de sus colegas!

Las Misiones. La misión de las Fuerzas Militares colombianas es derrotar a la guerrilla, a los narcotraficantes y al paramilitarismo. No siempre lo han hecho bien; no siempre lo hicieron con respeto a los DDHH y dentro de la ley; no siempre tuvieron la frontera clara con el paramilitarismo. Sin embargo, Uribe y sus mandos han logrado colocar el combate contra esos tres demonios en el terreno de la democracia. Seguro que sigue habiendo excesos; pero, sin duda, no es la política del Gobierno y del Estado colombianos.

En el caso de la FAN de Venezuela el contraste es mayúsculo. Las misiones están distorsionadas e indefinidas. Se propone el combate al imperio por una invasión fantasiosa que no ocurrirá; la política de EEUU hacia América Latina cambió hace mucho rato y Chávez no se ha dado cuenta. Todavía el izquierdismo nostálgico se levanta de madrugada y baja a La Guaira con potentes bi-nóculos, a la espera de ver la IV Flota desembarcando en esa especie de Normandía que pudieran ser Oricao o Chuspa. Todo el mundo sabe que no hay invasión en el horizonte, sino que Chávez quiere que la FAN se prepare para arremeter contra los venezolanos opuestos al régimen. Sin embargo, como los institucionalistas se oponen a confrontarse con sus compatriotas, Chávez inventa de cuando en cuando lamentables necedades como esa de enviar unos tanques a una guerra con Colombia, porque este país liquidó la colonia vacacional de Raúl Reyes en Ecuador, en una operación que forzó la barra ante el reiterado cobijo que Correa le ha dado a las FARC.

Como la misión de la FAN no está definida, Chávez la envía a vender pollo, a ocuparse de administrar el país en ministerios, institutos y fundaciones, a que los vivarachos se llenen las alforjas y a que entonen el patriótico e inútil canto del cisne, que invoca al socialismo, una patria ajena y la muerte. El contraste es fuerte: los militares colombianos aman a Colombia, los militares chavistas aman a Cuba.

Mientras tanto, el país se desgaja físicamente. El Estado no ejerce control sobre el territorio ni defiende la seguridad de su población, asediada por los mismos demonios de al lado, a los cuales se unen los múltiples grupos ilegales armados que pululan al amparo del delirio bolivariano. Venezuela es un país en el que a menos de un kilómetro del palacio de Miraflores, grupos armados se enfrentan y desalojan a la Policía Metropolitana; es un país en el que las fronteras les pertenecen a las FARC, el ELN, el FBL o alguna otra sigla, sobre la base de la teoría chavista según la cual Venezuela no limita con Colombia sino con la guerrilla.

La Reconstrucción. Reconstruir a la FAN es tarea del porvenir. La definición de sus misiones, su entrenamiento profesional y dotación indispensable, su puesta al día con la más moderna tecnología, su cooperación con la paz internacional, son los desafíos que la esperan.

Vía El Universal