sábado, 3 de enero de 2009

45 días ininterrumpidos de cadena

Para mantener la hegemonía comunicacional, el Ejecutivo invirtió, sólo en 2008, 209 millones de bolívares fuertes

De acuerdo con las mediciones publicadas por la empresa AGB Nielsen Media Research, el Gobierno ha transmitido desde 1999 hasta noviembre de 2008 un total de 1.751 cadenas de radio y televisión, que han durado 1.091 horas 16 minutos 37 segundos: el equivalente a más de 45 días ininterrumpidos. Y sigue sumando. Pero, además, en la ley de presupuesto de 2008 aparecen apartados 209 millones de bolívares fuertes destinados al sector de las comunicaciones, de los cuales 2,09 millones sirvieron para fortalecer las pautas publicitarias en medios de comunicación oficiales, empresas periodísticas y el desarrollo audiovisual independiente.
El Gobierno controla 6 televisoras de alcance nacional (Telesur, VTV, Ávila TV, ANTV, Vive TV y TVES), 35 emisoras abiertas comunitarias además de la Radio Nacional de Venezuela, la cadena YVKE Mundial y 231 emisoras comunitarias en FM, 73 periódicos comunitarios, más de 110 páginas web y el satélite Simón Bolívar y la principal compañía telefónica del país, Cantv.

Las cifras se corresponden con los informes que maneja Gustavo Hernández Díaz, director del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la UCV, institución fundada en 1974 por Antonio Pasquali.

Para el investigador, la hegemonía comunicacional del gobierno de Chávez se basa en el uso de los medios masivos de comunicación, con un afán doctrinario que refleja un enorme poder de emisión.

Hernández cita a Gramsci, que teorizó sobre el proletariado y su hegemonía del poder en la toma de decisiones del Estado, y agrega: "Existe un enorme poder de emisión gubernamental frente a una precaria hegemonía de las audiencias, mediatizada debido a que las asociaciones de televidentes establecidas por Conatel están también supeditadas a las directrices del Ejecutivo.

Es un gigantesco Goliat que atrofia al receptor y lo deja impotente".

Programación cuestionada. El Ininco hace un seguimiento al contenido de la programación que tienen los medios masivos de comunicación que están en poder del Gobierno. Su conclusión es que la mayoría de los programas tienen un corte doctrinario e ideológico que está muy lejos de lo que reclama el público, que prefiere reforzar valores como la tolerancia, la libertad y la democracia con un pensamiento plural y proclive a la armonía de los contrarios.

En el caso concreto de Venezolana de Televisión, el director de la institución afirma: "Es un canal que distorsiona totalmente la concepción filosófica de lo que deben ser los servicios públicos de comunicación. No es independiente, no respeta la universalidad de las concepciones ni la diversidad cultural y no cumple con el principio de desgubernamentalización de las comunicaciones porque es evidente que está al servicio de PSUV.

Establece vasos comunicantes sólo con la audiencia que está muy ligada con la doctrina que predica el gobierno actual".

Hernández Díaz, también gerente de radiotelevisión y multimedia del vicerrectorado académico de la UCV, asegura que los venezolanos no han podido, en más de 50 años de radiotelevisión, cristalizar lo que se conoce como la hegemonía de las audiencias en el sector comunicacional.

"Esto se debe a que en Venezuela no se cuenta con genuinos servicios públicos de comunicación con talante democrático. El encendido televisivo de los canales oficialistas TVES y VTV, según datos de la AGB, apenas alcanzan el 6% y 8%, respectivamente, y esto se explica, entre otras razones, porque la población observa que VTV es un medio masivo para uso exclusivo del partido PSUV, mientras que en TVES, aun cuando difunde contenidos aceptables para el segmento infantil y juvenil a través de la figura de los productores nacionales independientes, tiene una programación supeditada a una serie de mensajes como las cadenas presidenciales, las propagandas institucionales del Gobierno y los informativos sesgados por una línea editorial oficialista, en los que por omisión no se informa sobre los grandes problemas de nuestra sociedad", dice.

De acuerdo con el Ininco, el oficialismo invirtió otros 176 millones de bolívares fuertes en proyectos como el satélite Simón Bolívar y la renacionalización de la Cantv.

Hernández agrega: "Es posible pensar en una televisión de servicio público siempre y cuando sea fortalecida la diversidad y la pluralidad de opiniones. Ningún gobierno puede utilizar la señal de la televisión pública de manera arbitraria y proselitista, porque, desde ese mismo momento, dejaría de ser pública para responder a intereses parcializados. La autonomía de la televisión pública acata la Constitución y el marco jurídico en materia comunicacional para su funcionamiento democrático, responsable y transparente".

Otra cadena más.
Cuatro horas después de haber abandonado la oficina, la mujer termina de fregar los trastos de la cena, pero antes supervisó las tareas escolares y planchó la ropa que su marido usará al día siguiente para ir al trabajo.

Cuando camina hacia su butaca preferida para encender el televisor y ver su telenovela, siente que los pies le pesan como concreto. Cuando se sienta, un suave pero intenso dolor le sube por las piernas. Es el cansancio de la ama de casa con doble jornada.

La novela empieza pero abruptamente el caballo blanco de Bolívar se apodera de su pantalla con la bandera tricolor como fondo y la voz de Francisco Estrella anuncia que se trata de una nueva transmisión en cadena nacional. Es la tercera y última de ese día, pero no terminará antes de la medianoche. Para entonces la señora habrá rendido su cuerpo a los brazos de Morfeo.

Si McLuhan hubiera conocido a Chávez diría: "Chávez es el mensaje".

"Es un mensaje unidireccional -señala Hernández-. La gente está saturada con las cadenas y Chávez está convencido de que todos piensan igual que él y, cuando se erige como el Mesías, hay que aplicarle la teoría del neoautoritarismo de Umberto Eco, que lo describe como `el culto a la tradición más primitiva que obstaculiza el avance del saber. La combinación de la política con el saber académico ha dado lugar a una especie de neolengua integrada por discursos que sirven para tergiversar la realidad y tratar de convencer ideológicamente. Los gobiernos de tendencia autoritaria actúan de manera impulsiva, emocional e irracional, basados en consignas, sin pensar en las consecuencias sociales. Se vive para luchar, no para vivir, y se guarda culto a la muerte como consigna política y propagandística".

El Nacional
http://www.megaresistencia.com/portada/content/view/4186/1/