martes, 24 de marzo de 2009

Chávez y Zamora


Ezequiel Zamora

"Hoy, el General del Pueblo Soberano, como gustaba llamarlo el Comandante en Jefe, ha sido colocado a un lado o lanzado a los desperdicios de la historia", escribe el columnista este martes.

La decisión del Presidente de la República de revertir al Poder central facultades constitucionales exclusivas de las gobernaciones sobre la administración de puertos, aeropuertos y carreteras, mediante ley violatoria de la Constitución Bolivariana que él mismo refrendó y elogió como la mejor del mundo, constituye también la negación del pensamiento del general Ezequiel Zamora, quien ofrendó su vida en defensa de la Federación.

Tanto un hecho como otro revelan que el comandante Chávez ha utilizado banderas de gran atractivo popular para alcanzar sus fines personales de dominación política, de concentración de poderes, y no para defender principios legales o valores históricos en los cuales ha dicho creer como estandartes para impulsar cambios políticos y sociales en el país. La figura de Zamora le sirvió para engañar a incautos, quienes siempre han profesado simpatías por sus héroes históricos independientemente de los aciertos o fallas que han tenido en ejercicio de sus luchas y sacrificios.

Hoy, el General del Pueblo Soberano, como gustaba llamarlo el Comandante en Jefe, ha sido colocado a un lado o lanzado a los desperdicios de la historia. Ya no le sirve a sus planes personalistas, centralistas y autoritarios, como tampoco le son útiles muchos de sus amigos que lo acompañaron en sus aventuras golpistas de 1992 e incluso durante su carrera electoral hacia la conquista de la Presidencia de la República.

De esta experiencia se desprende que todo de lo que está estampado en la Constitución Bolivariana como principios fundamentales del Estado de Derecho, que la misma encarna y ordena aplicar y defender a todos los venezolanos, podrá ser cuestionado y reformado por órdenes del Presidente para ajustarlo a sus planes e intereses personalistas y cada día más militaristas.

La concentración del poder en la persona del comandante Chávez lo llevará muy pronto a negar en los hechos el pensamiento de Simón Bolívar en materia de alternabilidad en las funciones públicas, sobre todo en el principio de que el poder militar debe estar sometido al poder civil como garantía del pleno ejercicio de la democracia.

Ante esta carrera del Presidente hacia el totalitarismo, la sociedad civil y todos los factores democráticos, sin discriminación alguna, tienen la obligación de unirse para presentarle al país una alternativa democrática.

Juan Páez Avila
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