lunes, 23 de marzo de 2009

Fin del gobierno falsario


El régimen usa la mayor parte de su tiempo en fabricar información y engendrar subproductos informativos alejados de los requerimientos urgentes que están arrinconando a la sociedad en su conjunto. Desde el inmenso aparato comunicacional del Estado, constituido por más del 50% de las estaciones televisivas y radiales del país, se emite una asombrosa cantidad y variedad de información sobre personas, producción, recursos naturales, política internacional, confiscaciones, expropiaciones, educación, agricultura y ganadería, y un sinnúmero de testimonios cualitativos en los que se deforman los hechos. Nada puede ser verificado. Pero, ¿qué se busca con ello?

La gama de los términos abordados y la abundancia de detalles inútiles que el Presidente emite en cada presentación son tan abrumadores que es imposible asimilarlos y mucho menos conceptuarlos. No obstante la magnitud del aparato administrativo del Estado, el factor relevante para calificar el contenido y la utilidad de esta práctica comunicacional es la eficiencia productiva gubernativa la cual, hasta ahora, no se advierte. Sus mensajes ocultan más de lo que revelan. Hay que meditar no sobre lo que el Presidente dice sino en lo que calla.

La cantidad de mensajes que Chávez emite en sus alocuciones no se corresponde con la eficacia del inmenso aparato administrativo que maneja. Todo lo contrario. El delirio presidencial, glorificado por los lisonjeros que aplauden sus despropósitos, sustituye la esencia republicana y copa un escenario mediático predispuesto para mentir. No se habla de prioridades como la interrelación de los procesos económicos y sociales, la conservación del ingreso, subvención de la educación, protección de la salud, ayuda a los ancianos, seguridad. Tampoco cuando se trata del entorno que implica planificación urbana, transporte, desarrollo de las telecomunicaciones ni de la ventaja de los inmensos recursos del país. Las fábulas presidenciales copan todo el espacio para seguir embaucando a la gente.

Ahora, más que en ningún tiempo, en atención a la crisis mundial, las sociedades deben asentarse sobre un sistema industrial de propiedad privada organizado en forma de empresas jurídicamente protegidas por el Estado y con base internacional. Por el contrario, el Presidente nos dice que éstas ganarían en eficiencia al convertirse en modelo de producción socialista. Esta peligrosa quimera, que ha arruinado a otros países como Cuba, pretende imponérsenos a la brava. Basta dar un vistazo a las apropiadas azucareras, cementeras, Sidor, fincas productivas, para corroborar el fracaso de esta práctica perversa.

Venezuela depende ahora, como nunca antes, ni siquiera como sucedía en el siglo XIX, exclusivamente de la venta de materias primas; sobre todo del petróleo. De allí que el aparato comunicacional del Estado esté dedicado en pleno a propagandear las "virtudes" de una política no productiva sino expoliadora de nuestras riquezas naturales. La merma de los ingresos petroleros está develando la careta de un sistema que pende de una mente primitiva que aún cree que el truque puede sustituir a la complejidad de los sistemas comerciales y monetarios.

Una afirmación falsa crea la idea de una imagen también falsa. Como dice el refrán: "la mentira tiene patas cortas porque los mentirosos deben tener ante todo buena memoria para no ser descubiertos". Hasta ahora el Presidente ha tenido la memoria "necesaria" para promover su proyecto catastrófico. El que miente necesita falsear la verdad para dar una imagen diferente de la que realmente tiene. No está conforme consigo mismo y en lugar de mejorar se oculta tras una máscara o disfraz inconsistente.

El deslucido socialismo del siglo XXI es el disfraz perfecto para ocultar el fracaso de un gobierno incompetente e ineficiente. Hay algo en lo que no ha podido mentir Chávez, ni por omisión, es que nunca ha dicho que es un verdadero demócrata. No lo puede decir porque su complexión militar se lo impide.

Entonces ¿qué significado tienen los 6 millones de votos obtenidos por el oficialismo en el último referéndum? Quizás el Presidente no lo haya interpretado bien. Esos sufragios no son más que la última señal de confidencia para que cese la época de las mentiras y se comiencen a percibir los frutos de promesas incumplidas a lo largo de una década. Llegó el fin de las retóricas inútiles. La pretensión de borrar las líneas divisorias que separan la esfera pública de la privada y la elucidación mutua entre la empresa y el gobierno fracasó.

En razón del fiasco de estas alineaciones ilusas, el Presidente no podrá seguir mintiendo. No son Bush, Obama, Fedecámaras, la IV república, Wall Street, los escuálidos, los sindicatos, el capitalismo salvaje, ni las industrias privadas los culpables del fracaso gubernamental. Es la mentira repetida a lo largo de una década que, en determinado momento, pudo empapar a determinados sectores que sintieron el bienestar de las dádivas de un gobierno opulento. Ahora, cuando hay que confrontar la dura realidad del país, la mentira se derrumba sola.


Miguel Bahachille
El Universal

2 comentarios:

O Jornalista dijo...

Muy importante su trabajo para mostrar la realidad de Venezuela. Continúe la lucha.

Daniel Barreto
papodepolitica@ymail.com
http://papodepolitica.blogspot.com

Clausewitz dijo...

Querida amiga, tem um prêmio para você lá no Clausewitz. Caso tenha interesse em recebê-lo fique a vontade e passe lá que será um prazer receber sua visita... grande abraço