lunes, 23 de marzo de 2009

¿Necesitamos realmente a "estos" militares?

Esta es la pregunta que luego de estos diez años de desastre administrativo, de corrupción y mal gobierno se hace la sociedad venezolana sobre una de las instituciones que, supuestamente, es fundamental para el sostén de la integridad de la nación. Una pregunta plenamente justificada en tiempos de revolución, cuando todo bajo el sol ha sido cuestionado, desde la familia, la Iglesia, pasando por el sector empresarial, los partidos políticos… ¿Por qué no los militares, de cuyas filas han salido los responsables de los cambios que vivimos y que han quebrado los valores, principios y tradiciones de nuestra patria? Para nadie es un secreto que nuestros hombres y mujeres en armas han asumido, y cada vez más, un papel protagónico en los acontecimientos políticos del país, al punto que, hay oficiales activos ejerciendo altos cargos públicos e incluso, han tenido actuaciones en el extranjero donde han sido señaladas como injerencia en los asuntos internos de países vecinos, convirtiéndose de esta manera en figuras sujetas al escrutinio y al análisis de los motivos, consecuencias y responsabilidades de sus actuaciones por parte de la prensa y otras instancias civiles.

Estos cambios no son solo en su ámbito de acción sino que, puertas adentro, se ha manifestado un cambio profundo en la naturaleza, composición, estructura e ideología del cuerpo castrense, y en opinión de quien suscribe este artículo, ya no pertenece a la nación toda, sino a una facción política, desvirtuando los principios constitucionales que la sustentan, esto se hace evidente cuando la mitad de la población políticamente activa de la nación no concurre ni comulga con la revolución socialista bolivariana que, desde el Poder Ejecutivo, quiere imponer contra viento y marea y de manera inconsulta. Esta decisión de las Fuerzas Armadas (lo digo porque no hubo oposición expresa y hasta el lema revolucionario de Patria, Socialismo o Muerte, fue adoptado por la institución en actos públicos y oficiales, con lo que se refrenda la voluntad de la organización militar a ser parte de una parcialidad política representada por el sector socialista-comunista) de convertirse en parte de una organización política, de renunciar a su profesionalismo y ser parcial, de desobedecer su mandato de defensa a la Constitución Nacional, creando una serie de problemas profundos que deberían dilucidarse lo más pronto posible para asegurar, no solo la paz social, sino la continuación de un régimen democrático, participativo y plural.

A medida que avanza la polarización política del país estas contradicciones se ponen en evidencia en cuanto a la represión y violencia de un bando político sobre el otro, es pública y notoria la participación de efectivos militares en actividades políticas que acompañan al partido de gobierno, participación esta que se hace necesaria para poder acceder a ascensos en la carrera, es notorio la actuación de sus efectivos en manifestaciones públicas, mitines, actos de campaña y otras expresiones de apoyo, muchos de los candidatos a puestos públicos clave de elección popular, como son las gobernaciones y alcaldías, son militares, al contrario, cada vez más los partidos opositores a la revolución y personas son víctimas de la represión, control y vigilancia por parte de las Fuerzas Armadas que ya actúan tan sesgadamente en el interés de los comunistas y socialistas bolivarianos, como en el caso de las invasiones y robos de fincas productivas que no cabe la menor duda en donde radican sus lealtades.

Vista esta situación, lo primero es sincerar la situación, las armas de la República fueron negociadas para un partido político, la institución castrense ha sido privatizada a espaldas y en contra de la mitad del país, esta situación crea un peligroso precedente tanto para Venezuela como para el ámbito internacional. Se están concretando, en expedientes internacionales, graves acusaciones en contra de la institución militar y algunos altos oficiales que se encuentran involucrados en tratos con la guerrilla, el narcotráfico, el lavado de dinero, su participación en secuestros y otros delicados asuntos de índole criminal. Sintiendo una buena parte de los venezolanos que las Fuerzas Armadas consumen una enorme partida del presupuesto nacional y que no obtenemos nada bueno a cambio, al contrario, la percepción general es que la anexión política y la injerencia desmedida de los militares en asuntos que no le son propios ha desmejorado considerablemente la eficiencia, el apresto y la idoneidad de la institución, por estas razones y otras que no menciono, es que convoco a una discusión pública y muy seria sobre el presente y el futuro de las Fuerzas Armadas. Ya hay una discusión internacional sobre nuestras FFAA, es posible que sean desconocidas como organización militar, ya no es un componente del Estado sino un instrumento del gobierno, ninguna milicia puede equiparase y sentarse de igual a igual con otras fuerzas profesionales e institucionales del continente, sus actuaciones irregulares en contra de los DDHH y la libertad desprestigia la profesión militar, sus organizaciones de estudios superiores ya son seriamente cuestionadas, y la participación de Venezuela en tratados de cooperación militar probablemente sean rechazados o revocados debido a la oscura situación planteada con la institución, lo cual tendría un perturbador efecto en el Estado de Derecho que reclama el país y su posición en el concierto de naciones. Es un problema real y cuya atención no se debe ni se puede posponer, mientras esta situación continúe hay una violación flagrante de la Constitución Nacional y por ende de la seguridad de la nación.


Saúl Godoy Gómez
El Universal