viernes, 27 de marzo de 2009

El asombro presidencial


El Presidente hace ver como bueno lo que en realidad está mal

Cuando el pasado miércoles el presidente Chávez mostraba su asombro por los gastos dispendiosos que se hacen desde el Gobierno, a muchos les deben haber recordado las cuentas que año tras año el ex diputado Carlos Berrizbeitia suele llevar sobre los exagerados gastos que son asignados para el Presidente en Miraflores, cuya "cesta básica diaria" calcula en no menos 50 millones de bolívares. Las indagaciones que ha hecho el dirigente de Proyecto Venezuela suelen ser desestimadas por oficialistas, sumergidos en la opulencia artificial que se vivió hasta mediados de 2008 y cuyo derroche ahora deben pagar todos los venezolanos. Viajes, cadenas indiscriminadas, comidas, trajes de lujo, seguridad personal, publicidad desmedida forman parte de la vida en Palacio.

Dijo el Presidente que "le dio vergüenza cuando un día se enteró de "la cantidad de dinero y cheques firmados a cuenta de esas prendas de vestir, razón por la cual ahora mantiene estricto control sobre ese tipo de gastos".

¿Tuvieron que pasar 10 años para darse cuenta de que gastaba más de lo debido?

El presidente de Hinterlaces, Oscar Schemel ha dicho que el Presidente ha logrado posesionarse en la conciencia colectiva como un líder religioso que le ha permitido deslindarse de cualquier responsabilidad en los males que sufre el ciudadano común. En otras palabras, hace ver como bueno lo que en realidad está mal. Es así que el despilfarro de 800 mil millones de dólares en 10 años, pase por debajo de la mesa y no sean atribuibles a su mala gestión como Presidente.

Frente a la crisis que vive el país, el Presidente ha construido un enemigo que se encuentra en el capitalismo, el imperialismo, la empresa privada y la oposición, que Schemel identifica como "resignificar la realidad".

Sólo una cadena presidencial, que como la de enero de más de siete horas ante la Asamblea Nacional, costó 3,4 millardos de bolívares, más las pérdidas para las empresas privadas de televisión que dejaron de transmitir 225 cuñas comerciales que afectan no sólo a las plantas, sino al empleo que deviene de esas producciones. Ahora imaginemos los costos de más de 700 horas en cadenas de radio y televisión en 10 años. A este pequeño ejemplo agreguemos los costos de las campañas políticas financiadas por todos los venezolanos, la publicidad desmedida a la que asistimos durante las campañas, la verdadera corrupción y ostentación que muestran los altos funcionarios, los viajes innecesarios en primera clase con abultadas comitivas y los miles de millones de dólares en apoyo a los países aliados. Tomemos todo eso y vamos a contrastarlo con los salarios del sector docente o el de salud. ¿Es eso el socialismo?


Francisco Olivares
El Universal