sábado, 20 de octubre de 2007

El idiota latinoamericano


La primera de varias entregas sacadas del libro Manual del perfecto idiota latinoamericano, un libro que refleja como pocos el porque estamos como estamos.


Entre todos los síntomas externos del idiota la­tinoamericano, probablemente ninguno sea tan defi­nitorio como el del antiyanquismo. Es difícil llegar a ser un idiota perfecto, redondo, sin fisuras, a menos de que en la ideología del sujeto en cuestión exista un sustantivo componente antinorteamericano. Incluso, hasta puede formularse una regla de oro en el terre­no de la idiotología política latinoamericana que es­tablezca el siguiente axioma: «Todo idiota latinoame­ricano tiene que ser antiyanqui, o —de la contrario— será clasificado como un falso idiota o un idiota im­perfecto.»

Pero el asunto no es tan sencillo. Tampoco basta con ser antiyanqui para ser calificado como un idio­ta latinoamericano convencional. Odiar o despreciar a Estados Unidos ni siquiera es un rasgo privativo de los cabezacalientes latinoamericanos. Cierta de­recha, aunque por otras razones, suele compartir el lenguaje antiyanqui de la izquierda termo cefálica. ¿Cómo es posible esa confusión? Elemental. El anti­yanquismo latinoamericano fluye de cuatro orígenes distintos: el cultural, anclado en la vieja tradición hispano católica; el económico, consecuencia de una visión nacionalista o marxista de las relaciones co­merciales y financieras entre «el imperio» y las «co­lonias»; el histórico, derivado de los conflictos arma­dos entre Washington y sus vecinos del sur, y el sicológico, producto de una malsana mezcla de admi­ración y rencor que hunde sus raíces en uno de los peores componentes de la naturaleza humana: la en­vidia.

A este tipo de idiota latinoamericano —el más atrasado en la escala zoológica de la especie— le mo­lestan las ciudades limpias y cuidadas de Estados Unidos, su espléndido nivel de vida, sus triunfos tec­nológicos, y para todo eso tiene una explicación casi siempre rotunda y absurda: no es una sociedad orde­nada, sino neurótica, no son prósperos sino explotado­res, no son creativos, sino ladrones de cerebros aje­nos. En la prensa panameña —por ejemplo— se ha llegado a publicar que los jardines cuidados de la zona del Canal y las casas pintadas —y luego entregadas a los panameños— no formaban parte de la cultura na­cional, lo que justificaba su transformación en otro modo de vida gloriosamente cochambroso y caótico, pero nuestro.Los yanquis, para el idiota latinoamericano, de­sempeñan, además, un rol ceremonial extraído de un guión nítidamente freudiano: son el padre al que hay que matar para lograr la felicidad. Son el chivo ex­piatorio al que se le transfieren todas las culpas: por ellos no somos ricos, sabios y prósperos. Por ellos no logramos el maravilloso lugar que merecemos en el concierto de las naciones. Por ellos no conseguimos volvernos una potencia definitiva.¿Cómo no odiar a quien tanto daño nos hace? «No odiamos al pueblo gringo —dicen los idiotas— sino al gobierno.» Falso: los gobiernos cambian y el odio per­manece. Odiaban a los gringos en época de Roosevelt, de Truman, de Eisenhower, de Kennedy, de Johnson, de Nixon, de Carter, de Clinton, de todos. Es un odio que no cede ni se transforma cuando cambian los go­biernos.

¿Es un odio, acaso, al sistema? Falso también. Si el idiota latinoamericano odiara el sistema, también sería anticanadiense, antisuizo o antijaponés, cohe­rencia totalmente ausente de su repertorio de fobias. Más aún: es posible encontrar antiyanquis que son fi­lobritánicos o filogermánicos, con lo cual se desmien­te el mito de la aversión al sistema. Lo que odian es al gringo, como los nazis odiaban a los judíos o los franceses de Le Pen detestan a los argelinos. Es puro racismo, pero con una singularidad que lo distingue: ese odio no surge del desprecio al ser que equivocada­mente suponen inferior, sino al que —también equi­vocadamente— suponen superior. No se trata, pues, de un drama ideológico, sino de una patologia siguifi­cativa: una dolencia de diagnóstico reservado y cura dificil.

El arquetipo del idiota latinoamericano - Maradona: “Odio todo lo que venga de Estados Unidos”


Tomado de:
http://cruzado.wordpress.com/