domingo, 28 de octubre de 2007

La violencia de la sinrazón


Hay muchas formas de demostrar el desespero desde el poder. Una es el ejercicio de la violencia a través de los poderes públicos desviados de su obligación de ser freno de los abusos del Gobierno; otra, protagonizada por los cuerpos de seguridad devenidos en guardia pretoriana de un presidente con ansias de poder imperial; y una tercera ejercida por quienes, bajo su falsa condición de “estudiantes” o “pueblo” de franela roja, agreden a los que disienten razonada y pacíficamente de la imposición de un “pensamiento” único, primitivo e irracional.

A medida que las encuestas registran cifras cada vez más crecientes del rechazo a la “reforma” constitucional (RC) propuesta por Chávez -cambios extralimitados por una AN autoerigida en “poder constituyente” al servicio del Ejecutivo- la violencia oficial se desboca. Así vemos a una histérica Cilia Flores llamando “golpistas” a quienes disentimos de la monstruosa inconstitucionalidad que intenta legitimar como “democrática” la dictadura del verdadero golpista que cobardemente se entregó en el Museo Militar el 4F.

Con tan torpe artimaña tratan de ocultar la violación de varios convenios internacionales al eliminar el derecho a la información y el debido proceso en los estados de excepción que Chávez dictará cuando le plazca, con el fin de aniquilar la protesta. Olvidan estos pobres ujieres del poder que la indignación popular por el desabastecimiento creciente no podrán aplacarla con las promesas mil veces repetidas y con las sobadas amenazas de que su “revolución está armada”. A la carencia de leche y azúcar se unirá en pocos días la desaparición del pan y de las pastas por la paralización de las importaciones a causa de la congelación insostenible de los precios.

Chávez no quiere ver que cuando invoca al pueblo, éste hace rato que critica el abandono de que ha sido víctima, porque el hampa asesina a cientos de los suyos cada día, sin que aparezcan los cuerpos de seguridad en su defensa, mientras observan con asombro cómo cientos de policías y GN son movilizados para impedir que los estudiantes lleguen hasta a la AN. Los mismos policías y GN que no hicieron el menor intento para impedir que malandros “rojos-rojitos” siguieran arrojando piedras y botellas contra la pacífica marcha estudiantil. Chávez tiene miedo al pueblo en la calle. Por eso, la GN cuyo honor no se divisa, impidió el paso a la gente de “Podemos” que venía a la capital para protestar la servidumbre del CNE ante la prisa del teniente coronel por legitimar su dictadura . La GN también obstruyó el paso a los estudiantes que desde Aragua y Carabobo se desplazaban para asistir a la marcha de Caracas.

Con la misma cobardía y violencia expresadas por el oficialismo contra Yon Goicoechea, Estalin González y otros dirigentes estudiantiles que entraron al Teresa Carreño para mostrar pacíficamente su disenso a los numerosos artículos inconstitucionales presentes en la propuesta de cambio, así 3 o 4 “estudiantes” violentos de franela roja agredieron brutalmente a Yon Goicoechea en el Pedagógico de Caracas, cuando abría su intervención ante una concurrencia estudiantil y profesoral sobre el urgente tema de la mal llamada RC. Las imágenes de TV hablan por sí solas. Los asalariados del Gobierno se abalanzaron salvajemente sobre el pacífico y valiente Goicoechea y le rompieron el tabique nasal, además de numerosas hematomas en su cara que obligaron su hospitalización. Estos salvajes habían insultado antes a Pompeyo Márquez, político de trayectoria valiente e impoluta. Los oficialistas reclamaban a Goicoechea que portase una franela con la efigie del Che y el logo de Globovisión. Consideraban estos pobres seres que el dineral dado por Chávez a Fidel incluía la compra de la patente del Che. Estos desadaptados aún respiran por la herida causada por la paliza electoral que la pasada semana les dio la oposición. El oficialismo no sacó ni un solo puesto en las elecciones del Pedagógico en Caracas, así que como perdieron, pretenden arrebatar por la violencia, como hicieron en Barquisimeto, donde quemaron las urnas para impedir la votación.

Chávez sigue blandiendo la chequera que parece no alcanzarle para seguir comprando conciencias, practicar sobornos y convencer a la gente de que la nueva constitución es la llave de la felicidad. Tarea harto difícil cuando el soberano tiene que hacer colas de 6 horas bajo la lluvia y el sol para conseguir un kilo de leche y pronto tendrá que hacer colas peores, para que con el numerito entregado por el gendarme de Mercal, le vendan un kilo de espagueti. Con esta antesala de la inminente cartilla de racionamiento, la garganta del soberano ya no traga las ruedas de molino de que “con Chávez manda el pueblo”. A muchos ya ni siquiera les asusta la violencia oficial, “argumento” último de la sinrazón revolucionaria.

Marta Colomina
El Universal