miércoles, 26 de marzo de 2008

Bandido, el ecuatoriano

Y en esas anda Correa, expresando enojo cuando no debía caberle más pena.


Es hora de reclamarle al Ecuador. No la de agachar la cabeza en plan de penitentes.

La actitud pusilánime de Colombia ante la OEA llenó de bríos al Presidente del Ecuador, que no ha cesado de injuriarnos, amenazarnos y golpearnos, recibiendo por sus agresiones nuevas disculpas, que tornan a envalentonarlo. Tendrá que llegar la hora en que el Presidente Uribe, que se declaró hombre combativo en su discurso de la Cumbre de Río, recuerde que efectivamente es persona de carácter y que lo hará valer por la dignidad de la Patria que ha dejado ofender impunemente.

Ni en aquella reunión de Washington, ni en la comedia bananera de Santo Domingo, Colombia hizo nada por sostener los dos puntos capitales que le interesan. El primero, que dio muerte a un terrorista, de los peores que la humanidad haya padecido. Y el segundo, que lo hizo en acto de legítima defensa, destruyéndolo en un campamento construido en la frontera, del lado ecuatoriano donde gozaba de ayuda desde hacía varios años.

Nada de eso se dijo, nada de eso se probó. Y el público, compuesto en buena parte por socios de las Farc y del Eln en el Foro de Sao Paulo, aprovechó esa debilidad para hacer fiestas del honor de Colombia y de su derecho "inmanente", como lo llama la Carta de las Naciones Unidas, a defenderse de cualquier agresión injusta.

Faltaba lo peor. Que vino en la Reunión de Cancilleres, en la que Colombia suscribió una nueva declaración, si se quiere más deplorable que la de República Dominicana, aceptando que la condenaran, dándole en todo razón al Ecuador y permitiéndole a la Asamblea que soslayara, otra vez, el tema del terrorismo y el de la legítima defensa.

Después del sainete de Santo Domingo, el Ecuador no quiso restablecer relaciones diplomáticas con Colombia. Y hasta tuvo la desvergüenza de proponer que lo haría si de nuestra parte nos olvidáramos del computador de Raúl Reyes, lo que vale decir de las pruebas incontestables de su complicidad con el terrorismo de las Farc.

Ahora surge un nuevo elemento para nuestra indignación, que el presidente Correa quiere blandir como arma letal en contra nuestra. Y ella consiste en que el bandido que murió al lado de Reyes, era ecuatoriano. Lo que prueba, una vez más, que las Farc tienen vínculos claros con ese país, incurso en el delito internacional de darle apoyo y albergue a una organización terrorista. Tras de ladrón bufón, dice el viejo refrán.

Y en esas anda Correa, expresando enojo cuando no debía caberle más pena. Lo acompañan, cómo iban a faltar, los mamertos internacionales, y los criollos, ahora con la historia de que antes de atacar el campamento terrorista, el Ejército y la Fuerza Aérea de Colombia debieron cerciorarse de que no hubiera en sus entrañas elementos civiles. ¡Brillante idea!

Queda porque nos expliquen, para empezar, qué son "civiles" en un campamento terrorista. Lo primero, porque ello indicaría que los otros, los no civiles, serían militares, conclusión obvia pero inaceptable para los supuestos defensores de los derechos humanos, que nunca convendrían en que se le diera naturaleza militar a un bandido. Porque ello supondría su vinculación a las reglas del Derecho Internacional Humanitario, y su sometimiento a los tribunales militares de justicia.

Los de las Farc son civiles que ejercen terrorismo, sin que importe su nacionalidad. Al contrario, la participación de mexicanos y ecuatorianos en sus filas demuestra, hasta la saciedad, el carácter de terroristas internacionales que les corresponde. Es el terrorismo de la mafia cocalera, el terrorismo contra el pueblo colombiano, el terrorismo que comete todos los delitos llamados de lesa humanidad en los Protocolos de Ginebra. Y del que es cómplice Correa, directamente y a través de su Ministro Larrea, que queda listo para la Corte Penal Internacional.

Ecuatoriano, resultó este bandido. Es hora de reclamarle al Ecuador. No la de agachar la cabeza en plan de penitentes. En lugar de magdalenas llorosas, y si se quiere insistir en la Biblia, valga recordar a Jesús, látigo en mano, sacando mercaderes del Templo.

Por Fernando Londoño Hoyos

(El Colombiano)

http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=3619