jueves, 13 de marzo de 2008

Sí son terroristas

Saben bien por qué no aceptan que las Farc sean terroristas

Chávez y Correa saben bien por qué no aceptan que las Farc sean terroristas. Teniéndolas como grupos de delincuentes, que a veces cometen atrocidades, y calificándolas como insurgentes pueden conservarlas como aliadas, mantenerlas en contacto para presionar a Colombia y usarlas como punta de lanza en el proyecto socialista del Siglo XXI y en la geopolítica ‘bolivariana’. Como quien dice, toda su política externa depende de ese pequeño detalle.

Colombia no lo entiende o hace como si no lo entendiera. Su embajador en la OEA no puede ser culpado de ese error. Al pobre lo eligieron a sabiendas de que sobre política internacional no sabía eso, ni nada. Pero desconcierta que el presidente Uribe, la Cancillería y sus asesores omitan semejante enormidad. Aceptando que los demás países latinoamericanos se encojan de hombros ante semejante cuestión, la muerte de ‘Raúl Reyes’ queda limitada a un error de Policía o a una brutalidad estatal.

El minuto de silencio que le tributaron en la Asamblea de Venezuela no es apenas una perversión de estimativa, es una declaración de guerra a Colombia, una forma de degradar su tragedia, un camino para humillarla y amenazarla. Correa anda en lo mismo. Si su secuaz Larrea –el Juan del computador de ‘Reyes’- puede entenderse con esos criminales por razones humanitarias, es porque no viola el Derecho Internacional Humanitario cuando lo hace. Discutir con un delincuente común para que libere unos secuestrados puede justificarlo un estado de necesidad. Andar en concilios con terroristas es un crimen de lesa humanidad.

Lástima que ese debate no tuviera lugar. Lástima que el Presidente no hubiera tenido tiempo, el que dedicó a tantos temas subalternos, para recordar que las Farc tenían amenazados de muerte a más de 350 alcaldes, desterrados de su parroquia y muchos efectivamente asesinados; lástima que hubiera omitido el recuerdo de 180 pueblos arrasados con cilindros de gas, que dejaron el interminable cortejo de ciudadanos miserablemente asesinados; lástima que no se refiriera a los miles de soldados, policías y campesinos mutilados por las minas antipersona que ‘Reyes’ y sus compañeros ‘beligerantes’ han sembrado en todo el territorio de Colombia; lástima que no trajera a cuento las tragedias vivas de más de tres mil secuestros por año, apenas mencionados en la frialdad de una estadística; lástima que no recordara los miles de niños y niñas reclutados por las Farc; lástima que se guardara el envenenamiento de los ríos, muchos compartidos con Ecuador y Venezuela; lástima que no le pasara revista a los páramos, las fábricas del agua que no beberán nuestros hijos, destruidos para sembrar amapola; lástima que la tragedia del Club El Nogal apenas se mencionara al paso y se callaran las demás bombas, empezando por aquellas con que quisieron las Farc asesinar a cuantos participaron en el acto de posesión del Presidente y que no estallaron por un defecto técnico en las rampas de lanzamiento; lástima por tantos olvidos, que hubieran derretido corazones de piedra e indignado hasta a Chávez y a Correa.

Las Farc son terroristas. Y con personas que las exculpan, cualquier discusión es imposible. Y con países que las justifican, encubren y protegen, la relación es eminentemente peligrosa, políticamente insostenible y moralmente repulsiva. Lástima no haberlo dicho.

Por Fernando Londoño Hoyos

(El País de Cali)

http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=3528


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