domingo, 30 de marzo de 2008

El “juego geopolítico” del presidente Chávez

En las manos de Uribe pudiera estar el futuro de Chávez.



En 2005 el Primer Mandatario venezolano aseguró que contaba con “una fuerte carta petrolera para jugar en el tablero geopolítico” (…) “vamos a jugar duro contra EE UU”. Nadie imaginó que este “juego” costaría miles de millones de dólares, que sus adversarios se multiplicarían y que la “carta geopolítica” no haya pasado de ser otra “misión” fracasada financiada con petrodólares.

El punto de quiebre de la política exterior bolivariana es abril de 2002, fecha que marca el final de una modesta geopolítica que, entre otros objetivos, se orientó a contribuir al fortalecimiento y la unidad en la OPEP y cooperar con el ascenso de los precios del petróleo.

Atemorizado por la supuesta participación directa o indirecta de EE UU en los sucesos del 11-A el presidente Chávez abrió entonces una frenética ofensiva diplomática para lograr una reunión con el presidente Bush. Los esfuerzos conjuntos de Roy Chaderton, Alfredo Toro Hardy, Ignacio Arcaya y Bernardo Álvarez, no sólo no conmovieron a la Casa Blanca sino que encontraron inmensas dificultades para que incluso los recibieran a ellos en el Departamento de Estado.

Chávez es el único jefe de Estado en el mundo, electo por el voto popular, que no ha sido recibido formalmente por el presidente de la potencia más grande del mundo.

Esta expresa decisión de ignorar al presidente del país con la mayor reserva de crudos del mundo después del Medio Oriente, va a ser clave en la nueva “geopolítica bolivariana”.

Cardiografía geopolítica

El prestigioso tratadista y politólogo, Hans Morgenthau, admite que elementos contingentes de la personalidad como los prejuicios, preferencias subjetivas y debilidades del intelecto son los que desvían la política exterior de un curso racional. Venezuela es un buen ejemplo.

Esta “geopolítica bolivariana”, por llamarla de alguna manera, se hace verbo y carne, sístole y diástole, en el presidente Chávez.

Los países que EE UU rechaza porque representan un peligro a sus intereses o porque son adversarios estratégicos, califican como aliados de Venezuela, independientemente si perjudican a los intereses nacionales.

El principio de reciprocidad, por ejemplo, que está en la esencia misma de la práctica diplomática universal, no tiene relevancia en el régimen bolivariano. Reciprocidad significa que cualquier intercambio entre dos países debe ser igual o de semejante valor.

Con algunos países las diferencias son tan grandes como ridículas. La visita que tenía prevista el presidente Chávez a Moscú, suspendida por la crisis fronteriza, habría sido la quinta peregrinación a Moscú con beneficios para este país que excederían .000 millones. No obstante, el presidente Putin no ha reciprocado una sola visita al líder bolivariano que humildemente cumple con la cartilla de la multipolaridad. En el último encuentro, incluso, el partido de Putin no permitió que Chávez interviniera en el Parlamento para no perturbar un encuentro con Bush.

Las diferencias en la relación con Cuba son patéticas.

Desde que Fidel Castro se enfermó, Chávez ha viajado a Cuba 9 veces, para completar un total de 24 visitas. Esta “geopolítica” tiene incluso un costo. Los venezolanos debemos pagar por causa de una hemorragia intestinal.

A cuatro meses del gobierno de Evo Morales ya Chávez lo había visitado tres veces. Desde que Daniel Ortega asumió el poder el año pasado, Chávez ha viajado a Nicaragua cinco veces. Los viajes y las visitas a otros países son tan frecuentes y persistentes que lucen como si el jefe de Estado venezolano impusiera su presencia y sus dádivas. Así es con Argentina, Uruguay, Ecuador, Paraguay y la mayoría de países del Caribe.

Con la visita de esta semana a Brasil, Chávez completará 16 periplos a ese país. En los primeros seis meses de 2003 Chávez viajó a Brasil cinco veces. Lula sólo ha concurrido a dos encuentros en Caracas por algunas horas y los otros dos fueron en lugares cercanos a la frontera con Brasil.

Por sus frutos…

A través de esta particular interpretación de reciprocidad Guatemala le propinó una espectacular derrota a Venezuela en la ONU, después de invertir centenares de millones de dólares en una rocambolesca promoción mundial.

Optar por la minoría chiíta de Irán enajenó a la mayoría sunita árabe que forman parte de la OPEP. Chávez es probablemente el único jefe de Estado en el mundo que tanto árabes como israelitas lo ven con animadversión y desconfianza. Irán, a borde de un conflicto, recibió de Chávez la promesa de ayuda militar.

Sin embargo, durante la peor crisis internacional de Venezuela, el canciller iraní, Manucher Mottaki, a través de EFE, expresó su “preocupación por la presencia en la región de la mafia de los narcóticos y los lazos que el terrorismo tiene con dicha mafia”. Se refería a las FARC que cuenta con el apoyo de Chávez. ¿Quién los entiende?

El único aliado en Europa que extrae los mayores beneficios de Venezuela es el país más aislado de ese continente y la única dictadura: Bielorrusia.

Retirado de la CAN, por un arrebato emocional, el ingreso a MERCOSUR es aún una quimera que obligó a Chávez a retractarse de la amenaza de retirarse a finales de septiembre de 2007 si no la aprobaban.

De las gestiones de Lula, a solicitud de Chávez, dependerá el ingreso a MERCOSUR y que, irónicamente, Uribe suavice el juego con el uso de la “memoria” del difunto Raúl Reyes. ¿Quién lo hubiera creído? En las manos de Uribe pudiera estar el futuro de Chávez.

Por Orlando Ochoa Teran

Diario de América

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