martes, 4 de marzo de 2008

“Chávez llegó a creer seriamente en un poderío sobrenatural y saberse tan impune como un semi dios. Exactamente lo mismo creyeron Pinochet, Videla "



Se ha equivocado el presidente Hugo Chávez: creyó que luego de la eventual derrota de su movimiento en las elecciones regionales de noviembre próximo la oposición venezolana iría a por él. Y que la victoria en Miranda, Caracas o Carabobo no sólo descabezaría esos importantes estados y alcaldías de sus liderazgos impuestos a dedo por la majestad presidencial, pasando a manos de los candidatos del frente unitario de los partidos que integran la alianza opositora. Sino que sería, además, la señal de partida de una cacería inclemente contra su persona.

No faltaron quienes creyeron que así sería, pensando que la crisis venezolana se mueve sobre los cómodos y acolchonados rieles del enfrentamiento electoral. Hemos oído reiteradamente a los líderes políticos, columnistas y editores de la oposición democrática de izquierda hablar del 2012 cómo la meta a alcanzar para sacar a Chávez luego de la victoria electoral de las presidenciales. Sin siquiera advertir que el ritmo y la velocidad de la crisis harían saltar por los aires todas esas acomodaticias previsiones. Enfrentar los próximos procesos electorales fuera del contexto de la grave crisis de gobernabilidad que sacude al país y resquebraja las bases de sustentación del régimen supone no sólo ceguera, sino irresponsabilidad y crasa estulticia.

Todos los indicios apuntaban a lo que ahora mismo está sucediendo. Hugo Chávez padece de una enfermedad irremediable, pues los trastornos de personalidad que lo aquejan no tienen cura. Su carácter lo empuja indefectiblemente al abismo y sus pulsiones más profundas a la autodestrucción. Es incontinente, violento e irreflexivo por naturaleza. Carece de los más elementales mecanismos de autocontrol y dejado a su suerte es su peor y más letal enemigo. Particularmente en momentos en que – narcisista sociopático - todos sus sueños e ilusiones chocan contra la realidad y sus aspiraciones de gloria y majestad se ven severamente truncados. Como le está sucediendo precisamente en estos momentos.

Está llegando al llegadero. Acosado por sus gigantescos errores y la absoluta inoperancia suya y la de su entorno. Sumido en una crisis económica, social, política y jurídica sin precedentes. Y acorralado internacionalmente por las más graves acusaciones que recibiera presidente alguno en la historia de América Latina, con la sola excepción de Augusto Pinochet. La justicia internacional irá a por él como lo hiciera con el dictador chileno o con los criminales de guerra de los Balcanes. Su error: creer sinceramente que la escandalosa impunidad de que ha disfrutado en un país desencajado política y moralmente, humillado y escarnecido por su barbarie podía extenderse al mundo entero, convertido en campo de despliegue de sus napoleónicas ambiciones. Tal ha sido la sumisión de la izquierda latinoamericana, tal la rufianesca disposición de peronistas, marxistas, lulistas, frentistas y castristas de toda suerte y condición a estirar la mano y enriquecerse o financiarse a costa de la gigantesca, criminal y monstruosa irresponsabilidad del teniente coronel, que finalmente llegó a creer seriamente en un poderío sobrenatural y saberse tan impune como un semi dios. Exactamente lo mismo creyeron Pinochet, Videla y Fujimori. Siguiendo a Hitler y a Mussolini, sus ancestros.Lo han pagado muy caro.

Ninguna de las acusaciones que deberá enfrentar en la Corte Penal Internacional son novedosas para la oposición venezolana. Todos sus vínculos con las FARC, con el narcotráfico, con los traficantes de armas, con los grupos subversivos e insurgentes de América Latina, con las mafias políticas argentinas o los movimientos de piqueteros, cocaleros e indigenistas han sido reseñados a su tiempo por nuestros medios de comunicación. Ni Rafael Correa ni Evo Morales ni Daniel Ortega, y muy posiblemente ni Lula ni Kirchner, ni Tabaré Vásquez ni la Sra. Cristina Fernández tienen las manos limpias del corruptor dinero puesto a la disposición de sus comandos de campaña por la chequera del teniente coronel. De los maletines que fueron a dar a Ollanta Humala, Evo Morales o la Sra. Fernández hay suficiente testimonio policial. En La Florida se ventilan precisamente ahora. Ya saldrán a la luz pública las relaciones financieras de Chávez con los restantes presidentes de la llamada izquierda democrática.

Y saldrán a la luz pública los tortuosos negociados con el tráfico de estupefacientes, con los peculados de su entorno, con el saqueo a manos llenas de nuestros fondos. El suyo es un régimen que se pudre a ojos vistos. Su poderío se desmorona a pasos agigantados. ¿Aguantará hasta noviembre para vivir su histórica derrota en libertad? Es una pregunta que muchos venezolanos han comenzado a hacerse.

Antonio Sánchez García

http://www.noticias24.com/actualidad/?p=12567