jueves, 25 de septiembre de 2008

El amalequita y sus vaticinios


Debería haber sido enchalecado hace tiempo

Mahmud Ahamdineyad pregona constantemente el supremacismo religioso del Islam sobre toda otra religión o ideología. Se siente investido del poder de juez supremo de la humanidad, con la capacidad de decidir que es el bien y que es el mal, quien tiene religión y quien no, y que país tiene derecho a la existencia y cual no.


Cualquier descerebrado y fanático totalitario se cree capaz de predecir el futuro, como los líderes del nacional-socialismo del Tercer Reich que prometían reinar un milenio, y lo que cometieron fueron millones de crímenes. Los líderes comunistas predijeron que la lucha de clases finalizaría con el comunismo, y que este era la etapa última de la humanidad. La realidad ha demostrado el error de estas predicciones, y hasta los mismos comunistas reniegan del nombre, ahora se reciclan en verdes, más del totalitarismo islámico que ecologismo.

Ahmadineyad quiere ser la figura estelar del totalitarismo y terrorismo islámico, disertando contra Israel para galvanizar tras él a las masas musulmanas judeofóbicas. Elabora previsiones sobre el futuro, un futuro islámico que cubrirá con el verde manto de la Sharía todo el orbe, previamente a esta conquista y victoria final, Israel será destruido y todos los que se basan en la Biblia, libro falsificado por los judíos y cristianos –según los islamistas- serán derrotados por la Espada del Islam.

Ahmadineyad se percibe a si mismo como el precursor del Mahdi y sus seguidores cabalgando sobre corceles negros alzando las blancas banderas victoriosas de la Yihad. Este misticismo totalitario del presidente iraní, es compartido por todos los islamistas.

Como era de esperar, Ahmadineyad ha utilizado la tribuna en su intervención en la 63ava Asamblea General de las Naciones Unidas para vaticinar el próximo fin de Israel y EEUU. Ha predicho que "el imperio americano está llegando al final de su carrera" y ha atacado las intervenciones de EEUU y las fuerzas de la OTAN –entre las cuales se encuentran soldados españoles- en países como Afganistán.

Sobre Israel, dijo que está "en la pendiente definitiva hacia su desplome y no hay manera de que salga del pozo negro creado por sí mismo y sus partidarios". Innumerables veces Ahmadineyad ha pedido la destrucción de Israel, que contrasta con el hecho de que Israel nunca ha pedido la eliminación de Irán ni de ningún otro país.

Shimón Peres, el presidente de Israel, dijo el 23 de septiembre en los pasillos de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que “[los israelíes] nunca llamamos a la eliminación de ningún país. No consideramos al pueblo iraní como nuestro enemigo. Tenemos una larga relación con él. El rey Ciro fue uno de los primeros sionistas".

Unos días antes, el 18, Ahmadineyad declaró sobre “el régimen corrupto sionista cuyos integrantes, los sionistas, no sólo no son judíos sino que ni siquiera tienen religión”.

Mahmud Ahamdineyad pregona constantemente el supremacismo religioso del Islam sobre toda otra religión o ideología. Se siente investido del poder de juez supremo de la humanidad, con la capacidad de decidir que es el bien y que es el mal, quien tiene religión y quien no, y que país tiene derecho a la existencia y cual no.

Es una vergüenza para la misma ONU que un iluminado energúmeno fanático totalitario pueda amenazar la existencia de otro país en su propia sede. Permitir a un violador y asesino alardear sobre su violencia y crueldad, y que apologice el terrorismo, no es libertad, es debilidad y falta de contenido ético. Las Naciones Unidas adolecen del músculo moral y valentía de frenar, no sólo el discurso, sino los hechos, de un incitador al genocidio.

Los nazis redactaron las virulentas leyes judeofóbicas de Nüremberg, basándose en el principio de que “hasta el mejor de los judíos no merece más que la muerte”, hoy Ahmadineyad quiere redactar una ley refrendada por las Naciones Unidas basándose en el principio de que “hasta el mejor de los estados posible de los judíos no merece la existencia, sólo merece su aniquilación”.

Ahmadineyad el amalequita reformula la nueva judeofobia, en su versión moderna, el anti-israelismo.

¿Cómo se entiende el fenómeno histórico de la 2ª Guerra Mundial que abarcó el mundo entero haya surgido de la voluntad nihilista de destruir al judaísmo y al pueblo judío, cuando éste tiene un porcentaje numérico insignificante dentro de la población mundial? ¿Cómo se entiende esta judeofóbia contra un estado, Israel, cuya superficie es 500 veces más pequeña que las tierras del mundo árabe? ¿Por qué, una y otra vez, y en contra de su voluntad, esta nación judía fue, y sigue siendo el centro focal de los asuntos internacionales?

¿Cómo se entiende que con el desarrollo técnico, científico y cultural de la humanidad de principios del siglo XXI pueda un megalómano, iluminado y místico totalitario llevar la agenda de las naciones?

¿Cómo se entiende que la nación alemana haya respaldado la teoría racista ilógica, repugnante, absurda, incoherente que engendró la guerra de Hamalek contra Israel, del mal contra el bien, de la perversidad, la falsedad y la depravación contra la verdad y la rectitud, valores que siempre ha defendido y simbolizado el pueblo judío?

¿Cómo se entiende que las naciones ocluyan sus ojos ante la nueva barbarie que se cierne sobre el pueblo judío y la humanidad?

Hitler no odiaba únicamente a los judíos sino, aún más, a lo que ellos representan: el judaísmo en si. Su intención no sólo fue asesinar a todos los judíos, por el mero hecho de ser judíos, sino también erradicar y eliminar totalmente la noción de judaísmo del curso de la historia.

La voluntad de Ahmadineyad es borrar del mapa a Israel y erradicar y eliminar totalmente la noción de judaísmo del curso de la historia. Ahmadineyad tendrá el mismo resultado que sus predecesores, pero está en manos de las naciones frenar sus macabras masacres.

Por Eduard Yitzhak
Diario de América
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