lunes, 19 de mayo de 2008

EL CAMALEÓN del Caribe

Cada vez que observamos el comportamiento de Chávez dentro y fuera de Venezuela, nos terminamos de convencer de que este personaje no tiene compongo. Chávez cree que lo que dice se evapora sin dejar rastros que permitan a la opinión pública nacional e internacional seguirle la pista a sus afirmaciones.

Lo vimos arribar a tierra peruana desparramándose en halagos dirigidos a su homólogo Alan García, el mismo al que meses atrás convirtió en blanco de las más feroces descalificaciones con las que se pueda atacar despiadadamente a un enemigo. “Ladrón, inmoral, asesino”, fueron algunas de las palabras con las que Chávez descalificó a quien competía con uno de sus pupilos en esas elecciones que terminó ganando el actual jefe de Estado del Perú.

Sin embargo para Chávez ahora “Alan es un tipo simpático y muy amable”. Y es que para Chávez no resulta nada complicado fingir, y es por ello que en eso de la impostura es considerado un verdadero maestro. Si se le conociera como hombre de las tablas, nadie dudaría en pensar que sería un aventajado alumno de la escuela de teatro “Juana Sujo”.

Y la verdad es que cambia de temperamento de un momento a otro con una facilidad pasmosa. Recordemos que meses atrás casi decreta una guerra con Colombia, pero horas después las aguas volvieron a su cauce normal, una vez que Chávez se abrazó en público con su archienemigo Uribe en suelo dominicano.

El fin de semana pasado también lo oímos mandándole saludos a su “amigo” el rey Juan Carlos. Después quiso sorprender a todo el mundo dándole besitos a la canciller alemana.

Lo que pasa es que ya la gente sabe a qué atenerse con este personaje que fue capaz de asegurar que lo habían invitado a territorio teutón, versión que minutos después fue desmentida por la vocería oficial del gobierno berlinés.

O sea, Chávez antes de salir de Venezuela con rumbo a Lima insulta, despotrica y ofende a la canciller de Alemania y luego llega allá, a Lima, tratando de aparentar de que todo está absolutamente normal. Lo cierto es que las pruebas del computador lo tienen desencajado.

Eso es gravísimo y él lo sabe. Trata de defenderse corriendo hacia adelante, pero son muy grandes los obstáculos que debe saltar y ya las fuerzas le escasean. Las mentiras no le pueden ganar la batalla a la verdad.

Por Antonio Ledezma
ND
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