miércoles, 28 de mayo de 2008

McCain y sus propuestas

McCain está entusiasmado y con propuestas nuevas, pero no todo lo que propone es necesariamente bueno


“Solicitaré al Congreso que me confiera el privilegio de presentarme ante ambas cámaras para responder preguntas, y hacer frente a la crítica, de manera parecida a como el primer ministro de Gran Bretaña comparece regularmente ante la Cámara de los Comunes", dijo McCain. Pero los primeros ministros comparecen en la Cámara porque el sistema de gobierno de Gran Bretaña no se basa, como se basa en nuestro, en la separación de poderes.

La mayor parte de las mejoras empeoran las cosas porque la mayor parte de las ideas nuevas son lamentables, incluyendo la nada novedosa del discurso de John McCain ilustrando lo mejorados que saldrán los Estados Unidos después de cuatro años de él: “Solicitaré al Congreso que me confiera el privilegio de presentarme ante ambas cámaras para responder preguntas, y hacer frente a la crítica, de manera parecida a como el primer ministro de Gran Bretaña comparece regularmente ante la Cámara de los Comunes".

Pero los primeros ministros comparecen en la Cámara porque el sistema de gobierno de Gran Bretaña no se basa, como se basa en nuestro, en la separación de poderes. De acuerdo, la separación entre los poderes legislativo y ejecutivo de América se ha vuelto borrosa. Los legisladores obligados por su incontinente implicación en todo y preocupados por la re-reelección, delegan más de lo que legislan: Con frecuencia las “leyes” que aprueban son expresiones de emociones o aspiraciones que la rúbrica de la rama legislativa convierte en leyes reales. La propuesta de McCain reduciría más la dignidad del Congreso al profundizar la percepción de su subordinación.

Nuestra arquitectura institucional de distintos poderes que se controlan entre sí, descrita por el principal arquitecto, James Madison, consiste: “Cada actividad tiene que desarrollarse hasta equilibrar cada actividad. El interés del individuo tiene que estar vinculado a los derechos constitucionales del marco legal." Este diseño iba a cumplir presuntamente diversas funciones gubernamentales - especialmente la protección de los derechos del individuo frente al gobierno que pasa a ser dictatorial a través de la concentración de demasiado poder en una única rama.

Pero los intereses - electorales principalmente - de los legisladores han pasado a estar débilmente vinculados a la defensa de los derechos de su marco legal. Son pasivos a propósito de los tribunales que fijan políticas sociales e indiferentes cuando los presidentes actúan con independencia anticonstitucional, con respecto a la seguridad nacional especialmente. Las comparecencias presidenciales rutinarias ante el Congreso, del tipo que propone McCain, reducirían aún más a esa institución a simplemente otra más de las instancias en las que los presidentes se muestran orgullosos.

Al Presidente McCain no le faltarán formas y cláusulas para conversar con legisladores sin reducir al Congreso a un pasaje de la parodia del presidente-centrismo. Además, el propósito de McCain sería no comunicarse con el Congreso, sino con el público. La audiencia televisiva prestará atención, brevemente, a causa de la novedad de un presidente que juega a ser Daniel en la jaula de los leones. Pero la novedad es un atributo perecedero, y los presidentes hoy en día nunca son Danieles en peligro, y entre legisladores menos, que raramente son leones aparte de cuando se ceban con personajes impopulares (por ejemplo, los ejecutivos de la industria petrolera) que sirven de prueba en posiciones de debilidad. Hastiados de su intimidad con los presidentes modernos, que aparecen incesantemente en las salas de estar de la nación, los americanos pronto votarán con sus mandos a distancia en contra de la pronto banal imagen de McCain agitando Capitol Hill como hizo su héroe Teddy Roosevelt en la colina de San Juan.

Antes de Roosevelt, los presidentes se comunicaban sobre todo con la rama legislativa, no con el público, y en su mayor parte por escrito. Jeffrey Tulis, de la Universidad de Texas, en su clarificador libro “La presidencia retórica,” afirma que la teoría de conformidad constitucional desaprobaba tajantemente el uso de la retórica presidencial para movilizar a la opinión pública, aparte de en fechas ceremoniales. Los hombres de estado habrían de actuar de iluminadores de la opinión pública, no de agitadores.

Durante el último siglo, sin embargo, los americanos han suscrito la presidencia plebiscitaria. Pero la bombástica naturaleza de esa institución puede empeorar, como con la idea de McCain, de lo cual existe una especie de precedente.

En un ensayo de 2003, Tulis decía que bajo George Washington, el requisito constitucional de que el presidente “dará al Congreso información del estado de la nación cada cierto tiempo” era un diálogo ceremonial. Washington comparecía en persona, y a continuación ambas cámaras debatían su mensaje y redactaban respuestas. Cada una le era entregada, en momentos diferentes, en su residencia y él respondía a las respuestas.

Jefferson consideró monárquico que el presidente se dirigiera a la legislatura, de manera que él enviaba un informe escrito, como hizo cada presidente posterior hasta Woodrow Wilson. Él fue el primer presidente en criticar el sistema constitucional de poderes públicos que se controlan entre sí de los Padres como un obstáculo desfasado a la libertad de los presidentes.

El Discurso del Estado de la Nación se pronuncia más allá de los integrantes del Congreso, hasta la audiencia de la televisión. Truman fue el primero en pronunciarlo en televisión, Jonson el primero en situarlo en horario de máxima audiencia, donde se ha convertido en un espectáculo que miniaturiza adicionalmente al Congreso - los partidarios de la presidencia llegan repetidamente a predicar aprobación mediante rebuznos al tiempo que los miembros de la oposición, con su “respuesta” grabada ya, se sientan con gesto de ostentoso enfado.

Esto no pinta bien para los planes de McCain de otra ceremonia de diálogo entre ramas. El Congreso debería recordar a un Presidente McCain que las 16 manzanas que separan el Capitolio de la Casa Blanca expresan cortésmente la geografía constitucional de la nación.

Por George Will
Diario de América
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