miércoles, 14 de mayo de 2008

Las debilidades de Obama

Barack Obama y Jeremiah Wright



Sergio Muñoz Bata. Columnista de EL TIEMPO.


La noche del 6 de mayo, en su discurso de aceptación del triunfo en Carolina del Norte, Barack Obama se olvidó de Hillary Clinton e hizo un llamado a la unificación de su partido contra el republicano John McCain, a quien definió como la prolongación mecánica de George W. Bush.

Obama está en lo correcto al asumir su triunfo. Tiene ya más delegados, más superdelegados, más primarias ganadas y muy posiblemente más voto popular aun cuando Clinton ganara las primarias restantes y lograra que se contaran los votos de Florida y Michigan.

El llamado a la unidad, loable en más de un sentido, en este contexto resulta lamentable porque lo que sus estrategas están haciendo es pedirle a Hillary que termine gentilmente la contienda y deje de exponer las debilidades de quien será el candidato de todos los demócratas.

Pero el problema de Obama no es Hillary. Lo que complica su elegibilidad son sus flancos débiles, tantos que, para cuando empiece la campaña de los republicanos en su contra, lo más seguro es que Obama termine extrañando la gentileza de Hillary.

Empecemos por lo evidente. La clara falta de conexión entre Obama y los votantes blancos de la clase trabajadora no es una invención de Clinton. Es real. Obama no se parece a Harry Truman ni a Ronald Reagan ni a George W. Bush ni a Bill o, inclusive, a Hillary Clinton y no nada más por el color de su piel. Tampoco ha podido conectarse con las mujeres adultas, ni con los votantes hispanos, judíos y católicos. Por más esfuerzos que ha hecho para presentarse como un ciudadano común y corriente, tomándose una foto con una cerveza Budwiser mientras intenta, con poco éxito, jugar al boliche, todo el mundo sabe que Obama prefiere el vino blanco, la ensalada de arúgula y el latte de Starbucks.

Otro factor que daña enormemente su candidatura es su asombrosa falta de combatividad. Si frente a los ataques de Hillary Clinton se ha visto pusilánime, ¿se imaginan el despiadado retrato que harán los republicanos pintándolo como un hombre incapaz de asumir el puesto que lo coloca como comandante en jefe de las fuerzas armadas?

Obama es un intelectual de izquierda en un país que desconfía de los intelectuales y en el que las mayorías son de derecha. Es, además, un recién llegado a la política, que no ha dejado huella a su paso por la legislatura estatal de Illinois ni por el Congreso y en muchas partes de la nación sigue siendo un desconocido.

Lo que casi todo el mundo conoce es su estrecha relación con el reverendo Jeremiah Wright, a quien consideraba su mentor. Y es por la intensidad de esa relación por lo que, cuando asegura que nunca le oyó maldecir al país o incitar a la división racial, suena poco convincente. Que Oprah Winfrey se separara de la iglesia de Wright al percatarse que la divisiva retórica del reverendo era contraria a sus intereses y convicciones, daña aún más la débil argumentación de Obama.

Es cierto, como algunos votantes han admitido públicamente, que en algunas áreas del país con población abrumadoramente blanca la detestable persistencia del prejuicio racial contra los negros le restará votos. Pero también es importante comprender que su raza no es el único factor que está en juego en esta elección.

Si Obama pierde la elección de noviembre no será porque el país no estaba listo para elegir a un presidente afroamericano, sino por las debilidades reales de Obama. Si la gana, habrá demostrado que las debilidades de su oponente fueron mayores, pero las flaquezas de McCain serán el tema del siguiente artículo.

Sergio Muñoz Bata
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/sergiomuozbata/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4163449.html