lunes, 23 de febrero de 2009

El proyecto revolucionario de Chávez no tiene viabilidad porque la sociedad venezolana no se lo cala. Eso no es socialismo: es comunismo.


Entrevista al Gral. (r) Francisco Usón



"La sociedad no se cala el plan revolucionario de Chávez" El general señala que hay que ser irreductibles en la defensa de la propiedad privada y de la libertad educativa. Sostiene que las máquinas electorales son una caja negra y advierte que Chávez ha convertido su gobierno en un circo electoral. Usón añora a un Betancourt: "Hace rato que Chávez hubiera pegado la carrera"


L a última parte del currículum de Francisco Usón reza: "Cumple condena de cinco años y seis meses. Estuvo recluido en el Centro Nacional de Procesados Militares, Ramo Verde, estado Miranda, desde el 24 de mayo de 2004 al 24 de diciembre de 2007. Actualmente se encuentra en libertad condicional". No dice allí --pero es público-- que el general rechazó un eventual indulto presidencial, mediante carta dirigida al jefe del Estado, basado en un alegato: "Yo soy inocente y como inocente no necesito perdón alguno".

En algo se parece este militar a Sócrates: prefiere tomar la cicuta antes que ir en contra de sí mismo. Usón, nacido en Caracas en 1955, formado en el Colegio La Salle La Colina, hijo de un español que vio con horror el franquismo, se desempeñó como jefe de la Oficina Central de Presupuesto en 2002 y, ese mismo año, como ministro de Finanzas.

Llega a la entrevista "armado" con un libro de Sun Tzu.

Piensa que al adversario hay que conocerlo muy bien para vencerlo.

­El 2-D la mayoría le dijo No a la reforma constitucional y el 15-F ese resultado se revirtió. ¿Qué análisis hace de la jornada celebrada el domingo pasado? ­Para hacer esa evaluación, tenemos que remontarnos al referendo revocatorio presidencial del 15 de agosto de 2004. En aquella oportunidad, había una percepción general de que la revocación iba a triunfar. La evaluación que tenía la gente de la gestión del gobierno no era nada buena, pero Chávez intentó remontar esa empinada cuesta con las misiones. ¿Quién es el responsable de eso? La oposición, que aceptó que se fuese a un proceso de corrección de firmas a pesar de que había una sentencia del TSJ que les daba plena validez. Esa actitud cándida le permitió a Chávez disponer de tres o cuatro meses. El segundo error ocurre el propio 15 de agosto: las encuestas a boca de urna y los quick count (conteo rápido que se hace cerrado el proceso de votación) indicaban que el Sí, que era la opción revocatoria, ganaba. Pero, en la madrugada, el CNE da un boletín que resultó lapidario. Quedó una sensación de fraude.

­¿Cuáles son los otros errores? ­El tercer error consiste en haber aceptado que una Asamblea Nacional ilegítima, electa con 10% de los votos, haya nombrado un nuevo CNE con la anuencia de esa oposición que antes había retirado sus candidaturas para el Parlamento. Ese CNE abre un proceso electoral presidencial. Y en la fatídica noche de 2006, Rosales reconoce su derrota. Y dice que fue por una "pequeña" diferencia, pero, ¡oh, sorpresa!, al día siguiente esa diferencia "mínima" se transforma en 3,5 millones de votos. Luego vamos al 2-D. Todo indicaba que la diferencia era de 7 u 8 puntos a favor del No, es decir, unos 900.000 votos. ¡Oh, sorpresa!, esta es la fecha en que no sabemos los resultados reales de ese proceso. Vamos al 15-F.

Las encuestas a boca de urna dicen que hay una ventaja de 7 puntos a favor del No, los quick count arrojan una tendencia similar, y ¡oh, sorpresa!, resulta que hay 9% ciento de diferencia a favor del Sí.

­¿El 15-F hubo fraude? ­Yo no voy a decirlo: eso saldrá con el tiempo. Los técnicos comenzarán a verlo. Se dice que las máquinas electorales no pueden transmitir mientras los cables están desconectados. Pero olvidamos que existe algo que se llama wi-fi: un sistema capaz de transmitir datos por vía inalámbrica. Y unas máquinas electorales que no han sido verificadas --porque esas máquinas son unas cajas negras-- despiertan incertidumbre. La tinta no es indeleble: se puede borrar con cloro. El Registro Electoral no ha sido escrutado. Ese tipo de cosas, además del uso grosero que se hizo de los recursos y bienes del Estado durante la campaña, hablan de un CNE que no es imparcial. La oposición carece de estrategas.

Lo que tenemos son tácticas electorales. Y esto es como un juego de ajedrez.

­¿Se le ha dado jaque mate al camino electoral? ­No quisiera pensar eso. Pero tengo mis temores. Aquellos dirigentes que sostienen la tesis de que hablarle a la gente de la oscuridad que reina en el CNE incentiva la abstención menosprecian la inteligencia de los venezolanos. El venezolano está plenamente consciente de eso. ¿Con políticos que aceptan que las firmas sean llevadas a rechequeo y que aceptan que una diferencia pequeña se transforme en 3,5 millones de votos, se puede enfrentar al adversario que representa Hugo Chávez? Con esos políticos no se va a ningún lado. Yo añoro conseguir a medio Rómulo Betancourt. Hace rato que Chávez hubiera pegado la carrera. Tenemos que obligar a Chávez a gobernar. ¿Qué ha hecho Chávez? Muy hábilmente ha convertido su gobierno en un circo electoral.

¿Qué pasó con el Chávez del 15 de febrero para acá? Volvió a recuperar legitimidad de origen, pero sigue perdiendo legitimidad de desempeño.

­Ahora que el Presidente ha sido ungido nuevamente con la mayoría electoral, ¿cabría esperar una radicalización del proceso? ­Chávez es un candidato ideal, pero un pésimo gobernante. Y tantos son los problemas que aquejan a los venezolanos que él no va a poder dar resultados. El proyecto revolucionario de Chávez no tiene viabilidad porque la sociedad venezolana no se lo cala. Eso no es socialismo: es comunismo.

¿Por qué los jóvenes no se lo calan? Porque nadie los puede obligar a que piensen como Chávez quiere que piensen. Chávez, además, no tiene ninguna autoridad moral para ello: basta ver los trajes, las camisas, las corbatas y los relojes que usa para darse cuenta de que él no exhibe la humildad y la austeridad que un promotor del socialismo debe tener. Nosotros vamos a ver una radicalización por gotas. Cuán acelerada o no vaya a ser esa radicalización dependerá de la actitud que adoptemos como ciudadanos. Cuando la gente me ha hablado en estos días de su frustración, yo les digo: ¡arréchense! Arréchense. Generen ira, porque fuimos vendidos como ciudadanos.

­¿Por qué vendidos? ­Fuimos vendidos porque no hubo suficiente contundencia para enfrentar a Chávez en el momento en que él hizo la propuesta ilegítima. Automáticamente, los dirigentes políticos establecieron una línea de defensa en el voto y se plantearon muy pocas acciones para hacer ver las consecuencias de lo que podía pasar si el 15 de febrero ganaba el Sí. "No, esto no es meterse con Chávez". ¿Cómo que no es meterse con Chávez? ¡Claro, pero si ese es el núcleo, si esa es la columna vertebral de las aspiraciones de Chávez: mantenerse en el poder! ¿Cómo vamos a pretender, por aquello de la polarización, que esto no es un enfrentamiento con Chávez? Yo tengo que tener un líder que lo contrarreste. "Eso es hablar primitivamente", dirán. Es que ese es el problema: el comportamiento de Chávez en materia política es primitivo.

­¿Primitivo? ­Sí. Y la oposición no entiende lo que eso significa. Sun Tzu dice: "Aquel que tiene un sólido conocimiento de sí mismo y del enemigo está destinado a triunfar en todas las batallas. Aquel que se conoce a sí mismo pero que no conoce al enemigo solamente tendrá chance probable de triunfar. Pero aquel que no conoce de sí mismo y desconoce al enemigo estará condenado a perder en todas las batallas". Esto es algo que un estratega político tiene como un dogma: conócete a ti mismo y conoce a tu adversario para que puedas actuar. Pero cuando todo se maneja en términos de táctica electoral, estamos mal. La sociedad debe fijarle a Hugo Chávez una línea amarilla. No creo que los venezolanos vayan a ceder en derechos como la propiedad privada o la educación de los hijos. En eso hay que ser irreductibles.

Y la línea amarilla debe significar que cualquier cosa que Chávez intente hacer más allá de ella
puede ser motivo de consecuencias políticas no predecibles.


El Nacional

2 comentarios:

Justin T. Bailey dijo...

Es una lástima que el Gral Usón esté tan desinformado.

Pero el Socialismo es lo mismo que el comunismo.

Así como la mierda es lo mismo que la caca.

Lo único que diferencia al socialismo del comunismo, aparte del nombre, es lo mismo que diferencia a un edificio en construcción y el mismo edificio terminado.

Padre Carlos dijo...

Concuerdo con Justin Bailey, con todo el dolor de mi alma porque le tengo respeto y admiración al Gral. Usón, pero decir que la sociedad no se cala el plan revolucionario de chavez, o que los jóvenes tampoco se lo calan es estar desinformado y querer obviar o menospreciar ese 54%.

Siguen siendo mayoría, y una mayoría compuesta también por jóvenes, no lo podemos negar.

Estamos cerca y nuestra misión es ir disminuyendo la brecha hasta pasarlos. Lo podemos hacer, claro que sí, pero con los ojos abiertos y sin caernos a mentiras, porque la mejor manera de que nos sigan barriendo es seguir subestimándolos.