sábado, 21 de febrero de 2009

Petare, un bastión crítico del chavismo



Barrios de Petare



SAN BLAS, Petare, Caracas

Para llegar a esta remota localidad de los suburbios caraqueños, donde se estima que moran más de un millón de personas en apretadas viviendas construidas improvisadamente por generaciones, es necesario un viaje de 40 minutos desde la más cercana estación del metro, y una gran dosis de precaución.

Mientras la buseta serpentea por el laberinto de callejuelas en su ascenso al barrio, no escapa a la mirada del visitante la intensa actividad comercial y cultural que tiene lugar en esta zona populosa de la capital venezolana. Tampoco pasan desapercibidos los signos de la álgida diatriba política que continúa dividiendo a los venezolanos de todas las clases.

Petare es una zona donde la pobreza alcanza niveles críticos y la violencia cobra decenas de vidas cada semana. Pero a diferencia de otros sectores populares como el 23 de Enero y Catia, en el oeste de la capital, donde la popularidad del presidente Chávez domina la escena, este barrio ha venido reconfigurándose consistentemente en un bastión crítico de la labor del gobierno chavista, y en el campo más fértil y decisivo para la oposición.

Por ejemplo, en las elecciones pasadas, el voto en esta gigantesca parroquia resultó decisivo para que la oposición obtuviera el triunfo simultáneo de la gobernación del estado Miranda, de la alcaldía de Sucre, y la alcaldía metropolitan de Caracas, controlada ahora por el dirigente opositor Antonio Ledezma.

A pesar del triunfo de la enmienda para la reelección indefinida, con una cómoda ventaja de más de un millón de votos, el presidente venezolano Hugo Chávez está enfrentando crecientes descontentos en áreas claves para su popularidad como Petare, el barrio más grande de Venezuela, donde el chavismo perdió sonoramente el referéndum del pasado domingo 15.

El descontento aquí, y en otros sectores del área metropolitana de Caracas, podría significar una ventana de oportunidades para la oposición, y representa la amenaza más notable para el régimen, en momentos en que la economía del país petrolero comienza a sentir los duros efectos de la crisis financiera mundial.

"Antes me gustaba como Chávez hablaba y por eso voté por él al principio. Pero ahora lo que Chávez habla no se ve en la realidad, aquí no hemos visto ningún beneficio'', dijo a El Nuevo Herald Cipriana de Carrillo, una residente del barrio de 60 años que es una abierta crítica del mandatario venezolano.

Cipriana es una catequista que enseña la religión católica a niños en el centro comunitario Nuestra Señora de la Coromoto, ubicada en el corazón del barrio San Blas. El centro, regentado por las hermanas carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús, sirve como centro educativo, farmacia popular y sitio de reuniones comunitarias, donde los problemas del sector tienen un eco especial.

"El principal problema que enfrentamos es la inseguridad'', comentó la hermana Candelaria, mejor conocida como Canda, de 46 años, una monja de origen dominicano que reside en el barrio desde el año pasado, pero que lleva una década en Venezuela.

La hermana Canda dijo que a pesar de la amenaza de bandas armadas y asaltantes, los residentes se tratan con respeto, incluso si no tienen las mismas posiciones políticas.

"A pesar de las diferencias políticas, la gente tiene una relación bastante buena. No hay tanta humillación de parte y parte'', comentó la religiosa.

La popularidad de Chávez se mantiene todavía alta en los sectores populares, pero los residentes de las barriadas han pasado ahora a ser más pragmáticos frente a su compromiso político e ideológico con el chavismo.

"Aquí la gente ahora le gusta el ‘dao’: está con el que le dé'', dijo Lerys Coronel, una residente de 55 años que lleva 31 viviendo en el sector de El Encantado, y es una abierta crítica de Chávez. "Como las anteriores autoridades que eran chavistas no le dieron nada, la gente votó en contra'', acotó Coronel.

"Como no recibieron beneficios del gobierno, se voltearon. Si vuelven a recibir, se vuelven a voltear'', explicó.

El triunfo del No en Petare, así como el incremento de votos contra el oficialismo en zonas radicales como el 23 de Enero y Catia, es el "quiebre del mito de que los pobres sólo votan por Chávez'', dijo Angel Oropeza, psicólogo social de la Universidad Simón Bolívar.

Para Oropeza, los resultados del referéndum marcan para el gobierno "una fase menguante'' y un "desenamoramiento progresivo del pueblo''.

El actual alcalde de Sucre, el dirigente opositor Carlos Ocariz, lo expresó de forma similar en una entrevista: ‘‘Antes, Chávez enamoraba a la gente, lo veían como a uno de ellos que combatía a los que los habían olvidado. Pero ahora es distinto. Es una pelea entre la cotidaneidad, la falta de alimentos, por ejemplo, y la ideología. Y con la ideología sola no se come''.

Este pragmatismo es compartido por Erminda Rojas, una activista comunitaria de 41 años que trabaja con consejos comunales de Petare, pero que no se considera chavista.

"A mi Chávez no me ha dado nada, pero si voy al distrito escolar o al ministerio de Educación y me dan para la comunidad, perfecto. Si no me dan, no'', dijo a El Nuevo Herald.

Rojas dijo que ha buscado el apoyo tanto con autoridades chavistas como de la oposición, siempre en beneficio de la comunidad.

Cipriana de Carrillo, una de las residentes más oposicionistas de San Blas, lo expresó de manera significativa: "Si en 4 años Chávez se pone las pilas y arregla mi barrio, podría votar por él''.

Consciente de esta situación, en momentos en que el petróleo apenas supera los $30 el barril, la mitad del precio calculado para sustentar el presupuesto nacional del 2009, el presidente Chávez prometió esta semana dejar intocado los recursos para los programas sociales.

"El precio del petróleo está muy bajo'', dijo Chávez el pasado viernes durante un acto oficial. "Eso para Venezuela es duro y difícil'', reconoció el mandatario, marcando distancia de sus declaraciones previas de que el país iba a resultar inmune a la crisis mundial.

Sin embargo, advirtió Chávez, "lo he dicho y lo voy a cumplir: no le vamos a recortar el presupuesto al gasto social''.

Entretanto, en el barrio San Blas y en todo Petare, la oposición avanza tratando de ganar un espacio vital para su futuro político.

El gobernador Henrique Capriles inició una serie de visitas a los sectores más deprimidos de la zona, y prometió atender personalmente las quejas de las comunidades. "Ya se están viendo las cuadrillas de trabajadores que están comenzando a arreglar las vías'', dijo Lerys Coronel.

Por su parte, el alcalde de Sucre, Carlos Ocariz, visita con frecuencia centros comunales para reunirse con los líderes locales.

"A diferencia del anterior alcalde y gobernador, que eran del oficialismo, los líderes de la oposición sí están viniendo al barrio para reunirse con la comunidad. Y ya están tomando medidas a favor del pueblo'', aseguró Cipriana de Carrillo.

En opinión de la catequista, la gente de los barrios tiene ahora una mayor conciencia política para castigar o premiar con el voto a los líderes que trabajan o no a favor de las comunidades.

"Aquí la gente es política, le encanta el bochinche político. Porque aquí no hay cine, no hay otra distracción'', puntualizó Carrillo.


http://www.elnuevoherald.com/167/story/387749-p2.html