jueves, 26 de febrero de 2009

Venezuela: Se consolida la dictadura


La llamada República Bolivariana no es ni lo uno ni lo otro.



La llamada República Bolivariana no es ni lo uno ni lo otro. Desde Cicerón, lo primero, entre otras cosas, implica renovación de los cargos públicos y no reelección infinita solo digna de un sátrapa moderno. Respecto a lo segundo conviene recordar dos pensamientos de Simón Bolívar: “Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes, es un país de esclavos” (2 de enero de 1814) y “La propiedad es el derecho de gozar y disponer libremente de sus bienes y del fruto de sus talentos, industria o trabajo” (15 de febrero de 1819), lo cual ha sido destruido por el autoritarismo socialista del coronel Chávez quien respalda a todos los terrorismos del globo, es antisemita y, naturalmente, está íntimamente vinculado al tirano de la isla-cárcel cubana.

Este peligroso personaje de opereta acaba de repetir el referéndum al efecto de insistir en su perpetuación en el poder luego del fracaso de 2007 y ahora obtuvo más de la mitad de los sufragios en apoyo de su capricho. Quedan así reformados los artículos 160, 162, 174, 192 y 230 de la ley fundamental por lo que todos los cargos electivos pueden renovarse eternamente para establecer el “socialismo del siglo xxi”. Esto contradice la noción más elemental de constitución desde la Carta Magna de 1215 a la fecha por la que se establecen límites al poder.

Lo ocurrido en Venezuela con este ejemplar del Orinoco pone al descubierto la afrenta más brutal a la democracia. Ha escrito el decimonónico Benjamin Constant que “los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política y toda autoridad que vulnere estos derechos se hace ilegítima [...] La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto”. Lo mismo dice el contemporáneo Giovanni Sartori y el antes citado Cicerón resumió la idea de este modo: “El imperio de la multitud no es menos tiránica que la de un hombre solo, y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre de pueblo”. ¿Podría sostenerse sin caer en el ridículo y en la apología del crimen que Hitler era un demócrata porque asumió el poder con una holgada primera minoría?.

Preocupados por los desbordes de las mayorías ilimitadas, los constitucionalistas de todos los tiempos han puesto énfasis en la división horizontal de poderes, en la renovación periódica de cargos, en contralores varios y, sobre todo, en el fraccionamiento del poder a través del federalismo. Esto último al efecto de evitar los riesgos de las mayorías compactas características de los regímenes unitarios y, por el contrario, dispersarlas en intereses más directos y personales de quienes componen esas mayorías divididas.

Como apuntan los periodistas Parra y Bottme, lo grupos de choque, los arrestos, amenazas y golpizas a colegas y a estudiantes se suceden diariamente en Venezuela. Los índices de corrupción que muestran organizaciones e instituciones internacionales independientes son alarmantes, no solo en reparto de los dineros públicos a medios locales y a activistas de otros países tal como revela en detalle Mary O´Grady en el “Wall Sreet Journal”, sino que, el el ex director de “El Diario” de Caracas, Carlos Ball, señala que los miembros del poder judicial se designan por la afiliación política y según el número de votos obtenidos por el partido que les da el cargo a los jueces y “The Economist” exhibe los grados de inseguridad que reina en todo el territorio venezolano tanto a nivel personal como a nivel institucional. Por su parte, debido principalmente a las confiscaciones masivas, Cato Institute de Washington DC y Frazer Institute de Vancouver en Canadá en su índice de libertad anual colocan a Venezuela en el lugar 124 de 127 países.

Venezuela tiene ahora un ingreso per capita más bajo de Trinidad- Tobago, la inflación más alta de América latina y 600 mil desempleados. Hasta hace muy poco se podía hablar de un país pobre con un gobierno rico pero ahora, con la baja del petróleo que el gobernante megalómano de marras usa como bien personal, ni eso se puede decir.

Los sátrapas modernos a que nos referíamos al comienzo de esta nota, han encontrado un camino fértil para sus ambiciones totalitarias a través de los comicios (con o sin fraude) lo cual piensan los cubre con un áurea de ligitimidad para atropellar impunemente a las minorías en sus derechos. Debe reaccionarse a tiempo al efecto de poner las cosas en su lugar para no permitir que la democracia se transforme en su antónimo. Por otra parte, tal como puede comprobarse en cualquier texto introductorio en la materia, los principios republicanos más elementales bajo ningún concepto admiten reelecciones indefinidas de las mismas personas en los mismos cargos como un reaseguro adicional al abuso del poder. En su conocida antiutopía, Huxley admite que el cretinismo moral pueda reclamar un amo pero esto, en ningún caso, debe afectar la dignidad y el autorespeto de quienes desean vivir como seres humanos y no como vasallos. En este contexto hay que reiterar lo dicho por Robin Williams en una producción cinematográfica: “los políticos en funciones son como los pañales, hay que cambiarlos permanentemente y por los mismos pañales".


Por Alberto Benegas Lynch (h)
Diario de América